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EL TIEMPO DE LOS POETAS


Desde que tengo conciencia de mí me maravilla escribir.  Entonces, no sabía lo que era aquella hoja en blanco manchada con grafito, o tinta, o algún bicolor de los que nos pedían en la escuela para subrayar con rojo las informaciones importantes de los libros.  A veces era un cuaderno rayado o cuadriculado en el que escribía, claro, para no irme chueco en las frases y dibujitos que las acompañaban.  Sentía que las palabras que se plasmaban sobre esos papeles me relajaban, me liberaban de algo que habitaba en mí muy adentro, por ahí, dicen que en el corazón, pero en realidad es en el cerebro.  En fin, alojar los sentimientos en alguna parte del cuerpo, es lo de menos. Sentía también que las palabras eran seres vivientes, con vida propia, independientes de mí pero conmigo. Se comportaban como mis cómplices, convirtiéndose en un aliento que me acercaba a mí misma y, en aquel tiempo, a la temprana existencia de todo lo demás. Podía escribir cualquier cosa, ocurrencias, fantasías, pensamientos, algunos sueños y deseos indiscretos, y mis dudas y preguntas sobre lo que no entendía de la vida.  Lo extraño es que desde entonces sigo haciendo lo mismo, y ahora ya adulta (y adulterada), me pregunto y me cuestiono todo, y aún no termino de entender ni encuentro respuestas.
Poco a poco me di cuenta que me gustaba cortar las líneas en lugar de seguirme a todo lo largo del renglón, y después, me enteré que a eso se le llamaban versos, y que un conjunto de ellos era una estrofa y todas las estrofas, hasta el punto final, lo apodaban poema.   Y así fui sumando escritos, poema tras poema, cada uno comportándose de manera autónoma e independiente, una especie de entidad vital tan organizada como cualquier ser orgánico de la naturaleza.  Percibí que si a un poema terminado se le mutilaba un verso, una palabra, una letra, y hasta un signo ortográfico, podía morir.  Sin embargo, había que trabajar los escritos, luchar con las palabras hasta lograr decir exactamente aquello que deseaba expresar. Comprendí que el poema es un ideal perseguido y conseguido como el amor: el primer impulso interior que te lleva a escribir o a enamorarte, pero luego hay que reflexionar y trabajar ese amor o esa creación poética.
Jorge Luis Borges decía:  yo publico mis poemas para dejar de corregirlos.  Si, todo es siempre perfeccionable, sin embargo, es necesario tomar la decisión de dejar en paz a esos seres vivientes que hemos dado a luz y aceptar el momento en que les toca a los lectores iluminarse con ellos, o simplemente leerlos y olvidarlos.
Ahora que tengo uso de razón y de emoción adultos, sé que la poesía es algo indefinible, si se definiera, el definidor sería el dueño de su secreto, el dueño de ella, y el secreto de la poesía no lo ha sabido, no lo sabe, no lo sabrá nunca nadie. A diferencia de la ciencia o de la prosa, parece obedecer sólo ciertas leyes: sus propias leyes.  Y el resultado, para quien aprecia, ama y se apasiona con la poesía, sin duda reconoce que es conocimiento implacable, que es perderse en lo infinito, y un verdadero encuentro después del hallazgo. 
Pero la poesía no es solo eso.  Además de expresar la densidad de un misterio, traducir la profundidad de las emociones-ideas, y decir menos para decir más, es el ritmo en la palabra. Lo sublime para mí, es lograr poemas que sean música hablada, un placer de sonoridad y sentido.  Sé que la música es otra, los sonidos por los sonidos mismos y el más universal de los lenguajes, la expresión que traspasa fronteras sin necesidad de traducciones a otros idiomas.  Aún así, la poesía también es música.  Y esto no sólo a causa del placer sonoro de las palabras que reúne, sino porque posee, además del sentido literal más o menos claro u oscuro, una significación análoga a la del lenguaje musical.  Así como hay música que produce la sensación de un lenguaje, también la poética bien lograda puede producir musicalidad.
Los músicos y los poetas bebemos de esa misma fuente.  Tal vez, en lugar de una hoja blanca, deberíamos usar un papel pautado donde verter el ritmo armonioso, los matices y colores musicales de las palabras, hasta lograr el resplandor de la forma poética.  Sin embargo, estoy convencida de que las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio, por eso entreno mi silencio para aprender a reconocer la voz de una flor entre las flores de la verdadera poesía.
Estoy totalmente de acuerdo con Octavio Paz cuando en su libro El arco y la lira nos dice que la poesía es:  Regreso a la infancia.. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal.
Eso y más ha sido para mí la poesía. Aún no sé para que sirve, pero un día de tantos leí en un libro una lista de razones que me parecen acertadas.  La poesía sirve:  Para reinar sobre la muerte, Para revivir cada día, Para sentir junto con los otros, Para apuntalar el sueño, Para alimento espiritual, Para unir lo posible con lo imposible, Para salvarse del diario morir, Para hacer más vivo el vivir, Para transformar la vida, Para la memoria de los pueblos, Para el asombro antiguo, Para un no sé qué, Para descubrir los secretos del mundo, Para llevar el infinito a cuestas, Para alumbrar la maravilla, Para todos y por todos, Para despertar a latigazos el silencio, Para defender el milagro de la vida, Para amar a los otros…
Y yo amo a la poesía,  y  le canto, con su temporalidad atemporal, pues la poesía a la que pertenezco, y la que me pertenece desde siempre, es resultado de siglos de palabras, de recorridos en el tiempo-espacio-materia ineludibles. Todos, sin excepción, somos resultado del pasado, de las experiencias, descubrimientos y creaciones de los seres que han poblado el planeta, de nuestros antecesores, de sus características biológicas y de sus memorias.  Y digo esto, atreviéndome a pensar que aquello que Carl Jung llamó inconciente colectivo, no es más que esas memorias heredadas de siglo en siglo, y que la energía no se destruye, se transforma…  Entonces me pregunto, ¿quiénes somos en este hoy sino energía-consecuencia de los que fueron ayer?  Desde mi punto de vista, somos, todos, las mismas almas revolcadas a través de los siglos.  
Mi tiempo, EL TIEMPO DE LOS POETAS y el de todos nosotros, es el aquí y ahora: el del siglo XX, y del recién estrenado siglo XXI, pero como jardineros, arquitectos, científicos, licenciados, lingüistas, músicos o poetas, somos todos los jardineros, arquitectos, científicos, licenciados, lingüistas, músicos o poetas que existieron antes, ayer, en el pasado.  ¿Qué o cómo sería la poesía de hoy sin aquella escrita por Sor Juana y muchos otros barrocos, o los movimientos del Romanticismo, Modernismo, la Generación del 27, o todos los otros "ismos" de la vanguardia? 
Somos los mismos pero distintos.  Tal vez la poesía del siglo XXI y los jóvenes que arriban a este quehacer apasionante, habla del lenguaje de la diversidad, ha hecho del pluralismo su bandera, y de la diferencia, una especie de colina para mirar hacia cualquier sitio. Los poetas de ahoritita, si se me permite el mexicanísimo uso de diminutivos, no se parecen ni en forma ni en estilo, pero tampoco quieren parecerse.  Pero para llegar a estas maneras de ser y hacer poesía, fue necesario todo lo que antecedió. En el ayer, los poetas necesitaban alinearse, como en la generación del 27.  Hoy, sobresale la conciencia de la diversidad y la de pertenecer a un panorama múltiple pero sin olvidar el anclaje en la tradición, ese sitio temporal  donde todo nace y nada muere. 
Y ahí están los raperos, la poesía del rap heredera del movimiento del hip hop y el "freestyle", estableciendo conexiones con la poesía de siglos atrás, recuperando las rimas y las peleas líricas de poetas barrocos como Góngora y Quevedo y saltándose las barreras del purismo estético.  Polipoetas, como ellos se llaman (Eduard Escoffet, MCs Rayden y Noult), remarcando que la fuerza expresiva del rap y de la poesía, reside en la fuerza que ambos le otorgan, por un lado a la palabra, y por otro a la estructura y el flow musical del rap.  Afirman además, que la música no tiene edad y que las palabras siempre estarán vigentes, lo importante es expresarse y movilizar a la gente, con rimas, pero rimas con fundamento  y  mensaje, y además, que sirvan para la educación de valores… una inmensa cantidad de encuentros y festivales europeos son ya famosos por sus sesiones de rap y poesía…
En mi caso, reconozco el hip hop, el rap y todas esas expresiones modernísimas que se estilan frente a mi tiempo, las atiendo, las aprecio en sus particularidades y expresiones, pero prosigo inclinándome ante la música de Vivaldi, Mozart, Beethoven, Verdi y Puccini, los Beatles, Jan Garbarek , el blues, y el maravilloso jazz de Gershwin, de Ben Webster o Clifford Brown…. y a mi manera, a la poesía a la que soy capaz de cantar en el único tiempo-espacio que habito, el aquí y ahora: 



POR TU VOZ, HERMANA DE LOS SIGLOS
                                                                                                                                     Eres la compañía con quien hablo
                                                                                                                                                                  de pronto, a solas.
                                                                                                                                                         Te forman las palabras
                                                                                                                                                             que salen del silencio
                                                                                                                           y del tanque de sueño en que me ahogo
                                                                                                                                                             libre hasta despertar.

                                                                                                                                                        Xavier Villaurrutia

A través tuyo converso
puedo mirar al mundo
amarlo y despreciarlo
halagar los insectos que se pudren
y el astro más leve en el vacío. 

A través tuyo me doy cuenta
del baile rabioso de la vida
el hambre de expresión
y todo aquello que aún no he visto. 

Tú delatas mis tenues sepulturas.
Por ti protesto
me diluyo
me embriago
y el aire me excita
como amante invisible de una noche. 

Por ti mi grito en su naufragio
revive entre un oleaje de pétalos
de flores redivivas
sembrándose en mis ojos. 

Contigo y frente
a ti soy capaz de inventar
un firmamento agobiado de galaxias.
Capaz de herir la herida que contengo
y despojarme de vestuarios
que a veces porto sin saberlo.

Si tuvieras la osadía de morirte
ya no habría cabalgatas
ni picaportes y llaves para ver.
Ya no habría una lente de aumento al infinito
para decir que cada hecho
es un hecho
y cada arruga en las palmas de las manos
un enigma. 

Es por ti
que lo diminuto se engrandece
lo triste se hilvana de nostalgias
y las sonrisas se enorgullecen de alegría.

Hermana de los siglos
porque vives contagias
la sequedad con tu aliento humedecida
en los puños que empuñan tu cintura. 

Muleta de tinta y sangre
raigambre mágico de palabras 

poesía 

por ti mi corazón sabe
que el parto y una madre son distintos.


                                         Texto de ANDREA MONTIEL leído en la mesa redonda
                                                      EL TIEMPO DE LOS POETAS  en la Cafebrería
                                                              El Péndulo de Polanco,
24 de febrero, 2009.
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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