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                                                              TONI KUHN
                            Y las fracciones de segundo donde sucede lo invisible

                
















Cuando me he preguntado sobre el transcurrir, muchas veces me he sentido  
devorada, algo así como viva entre el mito de mi propio cadáver, o una especie de  
lodo compacto que despierta las mañanas con la memoria repleta y rezongando.  A  
fin de cuentas, con todo esto me estoy refiriendo a los recuerdos y a esas imágenes  
que desde niños se nos han grabado en la memoria y a causa de las cuales caminamos  
ciertos rumbos.
      
Así, en los recuerdos de los primeros años de Toni Kuhn, en este transcurrir por la  
vida, está el desván de la casa que habitaba con su familia en la ciudad de Biel-
Bienne, en Suiza, están los recuerdos de todos esos objetos abandonados que se  
fueron convirtiendo en viajeros estáticos del tiempo.   Una linterna  mágica por ahí  
encontrada fue para él y su hermano, el juguete principal durante un tiempo.  Con  
ella descubrieron viejos baúles, prendas de ropa antigua, cartas de amor, aquellas, las  
de antes;  con ella jugaron entreluces y sombras a dividir el espacio, a proyectar sus  
propias sombras; con ella, Toni Kuhn descubrió que las imágenes tenían vida.   
Después vino su asombro por los libros, los grabados, la pintura, y por culpa de todo  
esto, un buen pretexto para echar a volar sus sueños.
Ya en los años cincuenta, como él dice -"con el sol sobre la espalda, siguiendo los  
instructivos de AGFA y una cámara fotográfica Ferrania Ibis, hice mis primeros  
intentos, mis primeras fotografías.  Años después, con una cámara de cine entre las  
manos, la Bauer 8 mm, tuve la oportunidad de pegar una escena tras otra y jugar con  
el tiempo".
     
Toni Kuhn comenzó a frecuentar el cine. Admiraba los trabajos de Bresson y al  
descubrir el verdadero lenguaje cinematográfico, las artes visuales se volvieron  
primordiales en su vida.  Terminado el bachillerato, estudia historia del arte en las  
universidades de Berna y Zurich y en 1964 se embarca en Barcelona rumbo a  
México.  Desde entonces Toni vive entre nosotros, recreando la realidad con  sus  
trabajos fotográficos y filmaciones.

A partir de 1968 ha colaborado con multitud de directores cinematográficos, entre  
los cuales están:  Raúl Kamffer, Alfredo Joskowicz, Paul Leduc, Ariel Zúñiga, Luis  
Mandoki, Jaime Humberto Hermosillo, Claudio Isaac, Juan Mora. Algunos títulos de  
películas, tanto largometrajes como documentales donde Toni ha participado son:  
Mictlán, Q.R.R.,  El Cambio, Entre Violetas, Apuntes, Con el sudor en la frente, El  
Secreto, Idilio, Aura, Jaime Sabines y El Retorno a Aztlán.
Los trabajos de Toni Kuhn como fotógrafo cinematográfico han merecido múltiples  
reconocimientos por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas.  Además,  
obtuvo la Beca Guggenheim en el año de 1974.   Pero donde se expresa a plenitud y  
muestra todo su mundo interior es en la fotografía fija.  En cada una de sus fotos Toni  
se manifiesta, vierte sobre el papel su visión de la vida, tal vez los rezagos de algunos  
de sus recuerdos, sus deseos, o sus sueños.  Así lo demuestra en su serie de trabajos  
titulados: "Materia detenida para olvidar su desgaste en el tiempo",  y las fotografías  
de su libro "Otros sueños".

Cada obra de Toni Kuhn es un pequeño universo, un instante del suceder en el día,  
un fragmento de vida en el tiempo.  A veces narra una historia, a veces desnuda su  
imaginación y mezcla la realidad con el sueño.  Por momentos nos arranca sonrisas y  
en otros hasta la risa, o nos hace mirar lo que duele.
     
Para Toni ser fotógrafo surge de su deseo de entender el mundo, su deseo de  
comunicarse con un lenguaje visual con el cual es posible parar el tiempo y entonces  
mirarlo todo como si estuviera detenido, como viviendo de manera distinta: - "A  
través de la fotografía me es posible descubrir con otros ojos lo que no puedo mirar  
en el movimiento.  Por ello sus fotos narran, delatan, descubren, demuestran, le dan  
importancia a aquello que no parece tenerla.  En ellas Toni se reconoce y trata de  
reflejarse, con humor, con sencillez, con soledad y silencio, ese silencio que vive  
adentro de las cosas y de uno mismo y también con el escándalo, ese escándalo que  
no requiere de palabras.

     En su libro están contenidas fotografías a través de las cuales recorre un  
despertar de los sueños donde lo real y lo no real están reunidos, visita lugares que  
para muchos de nosotros pasan desapercibidos y llega hasta lo insólito que puede  
tener la cotidianidad en algún sitio.    Con su lente Toni capta muchos rincones que  
podríamos llamar nuestros, nos habla de lo que transcurre, del peso del tiempo  
reflejándose a sí mismo, de los objetos y de los quehaceres diarios, de los días de  
amistad que ya se han ido.  Platos y pocillos vacíos que recuerdan las casas  
sembradas en los campos, aquellas que esperan en soledad la llegada de un nuevo  
visitante.
       
De repente se aleja de esta calidez y nos hace mirar la muerte, la muerte sin dignidad  
en medio de las calles donde la tumba es la banqueta y el asfalto.  También la muerte  
natural, aquella que sobrevive por el juego del viento, o la crueldad de las sequías  
donde las milpas son crucificadas. Después nos lleva por escalinatas que conducen a  
quién sabe que lugares hasta arribar a un cuerpo desfallecido que dona su sangre, tal  
vez por alguna causa.
      
Toni espía detrás de las ventanas, descubre siluetas, pies que huyen, maniquíes  
asesinados en los parques y estatuas maquilladas por el disgusto de un pueblo.  A  
veces parece jugar con un mundo surrealista en medio de lo urbano, o con situaciones  
callejeras que parecerían haber sido preparadas.  Y ahí están en el ojo del fotógrafo,  
haciéndolas vivir en otros ojos que difícilmente las habrían descubierto.

Las fotografías de Toni Kuhn también poseen la virtud del buen humor que se  
encuentra en cualquier sitio y que a veces muchos de nosotros no miramos.  Así nos  
pasea por los mercados;  nos introduce a las alcobas donde contrasta el color de las  
pieles de razas diferentes;  juega con elementos del mobiliario urbano decorados con  
super-hombres que en realidad no existen;  nos pone frente a puertas extrañamente  
entreabiertas, y nos conduce con pasos irreversibles a través del movimiento de lo  
que ya no vuelve.

Entre mosquiteros y cortinajes, están presentes los sueños iluminados como en  
claroscuro, luces y sombras de efectos melancólicos y puertas, extrañas puertas que  
esconden raros misterios.  Después nos transporta con su imaginación a horizontes  
donde se siente el viento y en la mitad de un paisaje de dunas, una huella, un zapato  
que vuela en medio de la nada.  Y más huellas al ras de una ventana, o las noticias del  
día que se esfuman y mueren en el momento mismo que se dieron a luz como  
noticias.

Toni busca algo así como el infinito, o tal vez lo silencioso, en los muros derruidos,  
adentro de la nieve, en un cartel que grita.  Busca la soledad humana con buen  
humor y lo doloroso pero sin quitarnos la sonrisa.
     
La cámara de Toni Kuhn penetra la intimidad que en todos nuestros rincones habita.   
También penetra en los lugares llamados públicos, aquellos compartidos donde  
existen muchas cosas que en la mayoría de las ocasiones no vemos.  Su lente vive  
penetrando el tiempo, viajando entre esas fracciones de segundo donde sucede lo  
invisible.

                                                                                               Texto de Andrea Montiel
                                                                                      Revista La Plaza   Junio 1988.  
                                                      Martín Casillas. Crónicas de la vida cultural.  
                                                                                                                            Año III, 34
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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