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TANIA ACOSTA:  ENTRE AURAS Y MUTANTES















El cuerpo humano, hombre- mujer, mujer-hombre y las combinaciones zoomórficas son  
los temas centrales de la obra pictórica de Tania Acosta.  Sobre sus lienzos, maderas y  
papeles aparecen desnudos femeninos voluptuosos, vestidos de rojos, amarillos, verdes,  
azules y negros.  Mujeres de vientres y senos prominentes y sensuales a veces  
distorsionadas, disgregadas y sin rostro.  Otras puras y sin mácula alguna sino los propios  
brillos de sus pieles.  Mujeres marioneta, mujeres atravesadas entre urdimbres, tramas,  
líneas y triángulos, o hembras que se dispersan sobre las telas que lloran lo inevitable:  la  
existencia. Mujeres-hombres pariéndose a sí mismos, seres ángeles y demonios, larvarios,  
animalescos, devorados por especies extrañas como las aves de rapiña.   Cuerpos  
centauros de los que surgen pezuñas, pinzas, rabos, cuernos.  Cuerpos descarnados, de  
brazos esqueléticos que huyen o caminan sobre senderos que van a ningún lado.  Cuerpos  
tras las rejas y manos que escriben una historia de vida sobre la muerte y aluden a ese  
Pedro Páramo de Juan Rulfo entre historias de polvo, o ese encierro dentro de nosotros  
mismos.   

La obra pictórica de Tania Acosta nos recuerda a Goya, Rembrandt, Bacon, Munch, Van  
Gogh, Kokoschka y Orozco. Su discurso plástico puede hermanarse con el expresionismo,  
aquel en el que se alude a la emoción a través de la distorsión y exageración de las formas,  
junto con la simplificación de las líneas y la fuerza del color.  Su pintura y dibujo poseen  
una gran fuerza demoníaca y angelical al mismo tiempo, donde se oculta y descubre la  
forma y lo amorfo.  Zoomorfismo tras el que se conjuga la naturaleza animal y la  
naturaleza espiritual del ser humano.  Porque los seres que pinta, como ella misma lo  
expresa, no son quienes cambian, es la metamorfosis la que los aborda, así beben y se  
alimentan de la complejidad de los mundos reales y oníricos que les rodean.  Tania no  
teme perderse, del caos surge su universo con el color del fuego y de la sangre, del oro y la  
luz del sol, de lo irreal y lo fantástico, del reino vegetal y de las aguas, de lo abismal, el  
caos primitivo y la muerte.  Todos somos uno y uno todos, aún con las formas animales.   
Somos esas fuerzas sobrenaturales, divinas o cósmicas, que irradian los poderes del  
inconciente y del instinto, y nos permiten mutar e irradiar el aura que nos rodea.

                                                                                                                      Andrea Montiel  

                                                                                 Texto de para la exposición de la pintora
                                                                                                                                 enero 2003
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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