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SULAMITA KONIGSBERG       


Desde muy pequeña los padres de Sulamita Konigsberg, Luisa y Samuel, le inculcaron el amor a la música y la iniciaron en sus primeros pasos como concertista.  Con su interés y facilidad para el arte musical, ingresó al Conservatorio Nacional de Música donde realizó la carrera de pianista en un breve lapso de tiempo. Entre sus primeros maestros figuraron, María García y Joaquín Amparán.  En aquellos años, el Conservatorio contaba con lecciones de conjuntos de cámara encabezados por el maestro Sandor, quien al ver el interés de Sulamita, la invitó a su clase y en poco tiempo dio un concierto junto con Daniel de los Santos, Jaime Cortez, Vicente Suárez y Carlos Mejía, todos componentes de la Orquesta Sinfónica.     

La carrera de Sulamita Konigsberg, como ella misma lo dice, estuvo llena de experiencias maravillosas hasta el día en que recibió sus títulos de pianista, concertista y maestra.  Durante los años en que el Conservatorio se cambió a las calles de Mazarik, sitio que ocupa en la actualidad, comenzó a dar conciertos en la provincia, en el Palacio de las Bellas Artes y con varias orquestas dirigidas por los maestros Blas Galindo y Luis Herrera de la Fuente.  Como actividades complementarias a sus conciertos, dio clases de piano, viajó a Nueva York y le ofrecieron una beca para ir a radicar a Israel.  Más tarde conoció a Marcelo Aroeste, con quien se casó y tuvo 3 hijos: David, Maty y Enrique.     

Sulamita es una mujer muy sensible, no solo para la música sino para muchos detalles de la vida, así nos cuenta que: “uno de los momentos que me han emocionado más fue una experiencia que tuve cuando toqué en el Teatro de la Lotería Nacional.  Recuerdo que contaba solo con una hora para ensayar el mismo día del concierto.  Llegué al teatro y el piano estaba arrinconado y alrededor muchos niños de los trabajadores de la Lotería por ahí jugando.  En ese momento no sabía qué hacer pues era casi imposible ensayar en esas circunstancias y con todo ese ruido.  Trate de concentrarme y mi sorpresa fue que de pronto un niño se acercó al piano, luego otro, otro y otro más, hasta que todos estaban escuchando en silencio.  Esto muestra que la gente en México posee un alma de gran sensibilidad más que en muchos otros países del mundo".     

Durante varios años, Sulamita dedico su vida a la familia.  Fue maestra de su hijo Enrique, quien también tomo el camino de la música y la composición musical.  Sin embargo, como mujer inquieta, sintió que requería de más preparación y decidió proseguir con cursos de perfeccionamiento y después reiniciar sus conciertos.  Así, tocó en la sala Chopin, en Guadalajara, en salas del Departamento del D.F., de quien recibió el ofrecimiento de una serie de recitales que impartió en lugares diversos.  Posteriormente tocó por segunda ocasión el Cuarto Concierto de Beethoven con la Sinfónica de Durango y en la Jornada Cultural Judía que organizó  el Comité Central.   Realizó conciertos en la Escuela de Música de la UNAM, actuando al lado de la bailarina Sonia Amelio y participó en el Festival Ponce.   Y, ¿cuáles son los compositores que más emocionan a Sulamita Konigsberg al interpretarlos?

     "Todos los que me dicen algo bello, profundo, y significativo, aquellos que son como astros y con luz propia. Me gusta todo lo que tiene calidad, pero me es muy difícil tener un favorito.  Aun así, a Debussy lo considero en un lugar aparte, especialmente por su originalidad y su sentido de penetración en la naturaleza".     

Sulamita además de ser ejecutante y maestra de piano, posee otras inquietudes en relación con la investigación de los temas musicales.  Ahí está por ejemplo su inclinación por el estudio de la música judaica, la cual le nace al escuchar a virtuosos extraordinarios, violinistas, cantantes o pianistas judíos. De aquí, se decide por el estudio  de la música durante los tiempos bíblicos.  Al adentrarse en este campo, comenzó a dar clases sobre el tema y de estos conocimientos contamos ya con varios de sus artículos publicados en nuestra revista foro.

Para Sulamita, la música es parte de la vida misma.  Es una de las maneras de dar todo lo que uno posee, así como también al interpretar  a los grandes maestros, ser capaz de transmitir lo que nos quisieron decir con sus composiciones.  Para ella: "la música es una expresión artística que nos habla de los sentimientos que todos como seres humanos compartimos.  Es el lenguaje universal y el más elocuente de los lenguajes”.  Sulamita también admira la pintura y la poesía, por eso escribe y dibuja y así reafirma su postura de que todas las artes se complementan y son en sí, la base de la comunicación espiritual.       

Y ¿qué hay de los planes futuros?

"Después de haber estado delicada de salud, ahora lo que deseo es volver a tocar y dar conciertos.  Seguir estudiando es también algo imprescindible para mí, por eso últimamente he tomado los cursos de perfeccionamiento con maestros de primera línea como los de George Demus, Erik Kurt, Agosti, y George Sandor.  He decidido seguir dando clases de piano e interpretación para alumnos avanzados.

¿Desearías dedicar algunas palabras a los lectores de la revista foro?  

"Foro me ha dado un gran aliciente,  al permitirme exponer en sus páginas las cosas tal y como las siento y así hacer llegar mi pensamiento a los lectores, por ello muchas gracias"   y gracias a Sulamita Konigsberg por su música y su arte.


                                                                                                Texto de Andrea Montiel
                                                                                            Revista Foro 1991-92  vol. 3
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
Taller Tinta Libre
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