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                                                           SARA ZAIDMAN:  


                     un afán por transformar la fugacidad del tiempo














Espacio y tiempo son inseparables. Y mientras el tiempo transcurre, Sara Zaidman lo  
detiene a través de su trabajo escultórico. Sus manos se deslizan entre el barro,  
moldean la plastilina, tallan la madera, trabajan la cerámica y preparan las piezas  
para ser fundidas al bronce. Los instantes se solidifican y toman sitio en el espacio  
donde aparecen meteoros, yunques, cisnes, toros y tecolotes. Se fusionan parejas en  
diálogo o en baile a manera de preludios al beso. Surgen mujeres caracol, amazonas,  
majas, y ciudades. La geometría comparte con lo figurativo, porque en muchas de sus  
obras la figura y las formas abstractas se conjugan y dan a luz sus piezas llenas de  
imaginación y armonía.

   Desde las épocas escolares en Sara era una sorpresa sentir que con la plastilina y  
otros materiales podía crear una cara o una figura en tercera dimensión. Con los años,  
la sorpresa se convirtió en un inmenso placer y actualmente dedica gran parte de su  
vida al quehacer artístico en el campo de la escultura. A través de sus estudios en la  
escuela de Bellas Artes y diversos cursos de especialización, descubre la magia del  
quehacer  escultórico. Como ella misma lo expresa: cada material y cada técnica que  
confronto me dan caminos distintos para el trabajo? a través de ellos se presenta  
ante mí un mundo de extraordinarias posibilidades y mis ideas fluyen sin cesar.

   La danza fue uno de los temas fundamentales de sus primeras esculturas y a través  
del cual se proyectó a plenitud. Acerca de esto, Helena Jordán escribe: La escultura  
como la d8nza son intensas en contenido. Ambas logran dar forma a un mundo  
viviente de estructuras que se manifiestan instante tras instante en el espacio. La  
danza con su carácter momentáneo y efímero, a través del movimiento y ritmos  
corporales. La escultura, con su carácter definitivo y permanente, capturando esos  
instantes y plasmándolos en el espacio con su solidez y modulaciones tangibles. Así  
las imágenes estéticas de Sara Zaidman se forjan como metáforas que  
constantemente se identifican con una gran capacidad y visión del mundo  
simbólico que la rodea.

   De ese universo simbólico, Sara Zaidman siempre extrae los temas para iniciar sus  
obras. Una idea, un boceto y mucha imaginación la acompañan en el camino. Sin  
embargo al trabajar, las ideas se conducen solas, responden a sus propias demandas,  
incluso en ocasiones el resultado es algo totalmente distinto del punto de partida  
original. Es la escultura la que muchas veces le dicta sus formas. Por ello esculpir es  
una aventura a través de la cual no sabe hacia dónde llegará hasta que la obra queda  
concluida. Lo importante es mantener la frescura y espontaneidad de la pieza, así  
como el equilibrio dentro de su composición.

   Sara busca la belleza y armonía. Sus obras muestran la parte suave de la existencia,  
y cuando sus manos están en contacto con los materiales, los transforma en un  
mensaje, sentimiento o emoción, hasta hacernos sentir que en su interior existe un  
contenido, esa porción de naturaleza que la artista selecciona y recrea con un sentido  
distinto. Que la vida entre sus múltiples vicisitudes y problemas, puede ser  
transfigurada en algo más bello y etéreo, y el tiempo, con su irremediable transcurrir,  
detenerse al vivirlo con toda intensidad.

   Con esta intensidad se manifiesta una artista, una mujer inquieta que no deja que la  
vida la viva, sino que ella se inventa el vivir día a día, momento a momento. Con esta  
pasión nos ofrece su trabajo plástico, esculturas de múltiples temas que involucran al  
ser humano, principalmente a la mujer, quien en su concepto posee múltiples  
capacidades en la tarea de salir adelante pero no sin el hombre, compañero de  
trayectoria, y por ello las obras que dedica a la pareja en sinnúmero de expresiones.  
Por ello también, la presencia de animales mágicos y estructuras cuyo significado  
simbólico se refiere al constante devenir y al cambio. Espirales y caracoles que  
simbolizan la evolución de una fuerza que se prolonga indefinidamente y que no es  
otra cosa, sino los ritmos repetidos de la existencia y del carácter cíclico de la  
evolución. A fin de cuentas, la vida misma y un afán de SARA ZAIDMAN y su obra  
por transformar la fugacidad del tiempo.


                                                    Prólogo de Andrea Montiel  para el catálogo de  
                                                                                Sara Zaidman: Obra escultórica  
                                                                                                  publicado en enero 1990
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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