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PABLO AMOR: Una pintura donde el color y las formas tienen vida propia

                                                                                                                                                    Sustraes la luz mortecina
                                                                                                                                                       de la tarde que termina.
                                                                                                                                                     Haces abstracto de todo
                                                                                                                                                 del cielo, el fango y el lodo.

                                                                                                                                                             Guadalupe Amor
               















                                           
Hablar de la pintura de Pablo Amor, es hablar de su amor a los colores, de ese maravilloso  
mundo simbólico universal que todo lo rodea.   Porque el color forma parte de los  
elementos de la vida, fuego, aire, agua y tierra y también simboliza el tiempo y lo  
intemporal, luz y oscuridad, fuerza y debilidad, sueño y despertar.

En sus cuadros el color surge de su estado, no de ánimo, sino de ánima, a través de la cual  
las manos expresan su sentir y al mismo tiempo formas distintas para representar la  
realidad.  Y así toma elementos del mundo real y los transforma a través del sentimiento  
en grafismos, taches, aguadas o veladuras, insinúa flores, peces, jarrones, botellas, sillas,  
medialunas o soles, una gama infinita de formas donde lo importante es caminar tras la  
esencia de las cosas y recrearlas.

Su mundo pictórico es el mundo que muchos llaman abstracto o no figurativo, mundo de  
formas y colores que abren nuevas posibilidades de armonía y con las que sus lienzos se  
ven cubiertos por delimitaciones a veces geométricas, otras orgánicas, otras tantas por el  
trazo de un dibujo semioculto con los que arranca expresiones y composiciones que  
ocupan todo el espacio del cuadro.

Siempre estuve en contacto con la pintura, desde muy niño, pues mi tía Inés Amor fue  
quien fundó la primera Galería de Arte Mexicano.  De modo que aunque no había  
pintores en la familia, salvo mi tío abuelo Roberto Montenegro, mi niñez estuvo rodeada  
de obras.   Y también de pintores quienes lo impactaban, pues Pablo Amor desde pequeño  
conoció los trabajos de Carlos Mérida, Tamayo, Cuevas, Gerzo, Pedro Coronel, desde  
pequeño nació su impulso hacia el dibujo y su inclinación por el mundo mágico del arte  
plástico.

Cumplidos los estudios de rigor y después de un viaje a San Francisco donde realizó cursos  
diversos, llegó su convencimiento de que él deseaba ser pintor.  Ingresa a la Academia de  
San Carlos donde recibe las enseñanzas de los maestros Moreno Capdevilla, Gilberto  
Aceves Navarro, Manuel Felguérez, Nishizawa, de quienes aprendió a amar los materiales  
y el oficio de pintar.  Por ello Pablo Amor pinta diariamente, porque para él pintar no es  
un trabajo, es una forma de vida, es la manera de expresar su propia poesía, esa música de  
las palabras que tanto lo motiva a deslizar sus pinceles de manera distinta.  Admira los  
versos de Sabines, José Carlos Becerra, Pellicer, Paz y Villaurrutia.  Admira también a  
Jorge Cuesta, Lezama Lima y a Cernuda, poeta cuyos versos también pintan con  
palabras:

                                                      Si un marinero es mar
                                                      Rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
                                                      No quiero la ciudad hecha de sueños grises;
                                                      Quiero sólo ir al mar donde me anegue,
                                                      Barca sin norte,
                                                      Cuerpo sin norte hundirme es su luz rubia.



Y Pablo Amor se hunde en un lenguaje urbano donde la ciudad oprime, pesa,  
desconsuela, se vuelve inhabitable.  No sé si el caos comience en uno mismo o en esta  
circunstancia que nos rodea.  El hecho es que soy, irremediablemente, un animal de  
asfalto y por aquí transito con mi vida y mi pintura.  Y con su pintura la ciudad es  
transformada en ritmo, en grito y en silencios, en policromía y música.  Porque la música  
emana de sus cuadros que a veces suenan a Jazz, a rock o salsa, y otras a Vivaldi o a las  
Bachianas Brasileiras.   Pintura diurna llena de soles de mediodía y también de media  
tarde donde danza la luz a manera de rompecabezas de colores amarillocresmeraldazulila,  
verdorosado, grisañil, y marrónegroblanco. Pintura emparentada con la tierra como en  
sus cuadros: Después del Volcán y Piedra y lava;  emparentada con el aire: De espacio,  
Verde de Noche-A destiempo, Y todo vuela...y no regresa;  con el agua:  Aguas de olvido,  
y con el fuego y el amor: Sol-o en el sur-este, Alorenzado del alma, En ti cuando todo se  
mueve.















Y todo posee movimiento en sus cuadros, todo flota con sus propias atmósferas que a  
veces nos provocan aromas y otras tantas sabor a dulce y a misterio, como en su serie  
Vuelvo a ver cuyo primer tratamiento sobre las telas lo hace con los ojos vendados y pinta  
como lo haría un invidente y después las termina a ojos abiertos: En este trabajo no quise  
ser el primer espectador, el impacto fue muy fuerte pues llegué a pensar que no era yo el  
que pintaba, pues el artista cuando pinta, hace un seguimiento visual complementando  
cada parte del cuadro, pero si el primer manchado de la tela es a ojos cerrados, entonces  
se logra un dibujo sobre otro dibujo y en lugar de encubrir, descubro.   De esta forma,  
Pablo Amor como dice Carlos Zolla:  'pinta sobre el dibujo original, vuelve a dibujar  
valiéndose del pincel, vuelve a pintar...Sin embargo cada nueva fase no disuelve ni  
desvanece a la anterior; las transparencias no resultan un truco óptico, sino una  
revelación sucesiva y en profundidad de las formas y de los valores cromáticos...'

Si observamos a Pablo Amor mientras trabaja sobre el lienzo vacío, sus manos y pinceles  
actúan libremente embarrando, salpicando los materiales como lo haría un niño.  Todo  
un acto lúdico y gozoso con la música de fondo de la que parecen surgir rosas azules,  
manos y corazones, rectángulos, esferas, trazos violentos que de inmediato se suavizan  
hasta que logra una especie de caleidoscopio o de arco iris donde el color y las formas  
tienen vida por sí mismos.  Y, ¿en qué momento finaliza el cuadro?  Cuando ya nada le  
aporto.  Incluso hay ocasiones en que dejo partes inconclusas de la 'imprimattura' y  
comienzo otro cuadro más y otro más, lo importante es vislumbrar nuevas soluciones  
técnicas y lograr una obra, una secuencia del trabajo creativo que aún está en proceso de  
búsqueda, por eso sigo pintando.

Así, para Pablo Amor, hombre y artista esperanzado, amoroso y amigo, la pintura es  
compañera inseparable a quien se entrega por completo, es su forma de esperar, no la  
muerte, sino la sorpresa diaria que nos da la vida.


                                                                                                                        Andrea Montiel

                                                                                                           Revista Casa del Tiempo
                                                                                                 UAM  No 46-47  /agosto 1995
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
Taller Tinta Libre
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