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OFELIA STAVANS:   En el cuerpo de la vida

Escribir un libro es parir un hijo de tinta y papel.  Hoy, Ofelia nos presenta su primer hijo poético, cuyas páginas son un árbol en medio del cuerpo de su vida.  Un árbol de múltiples ramas a través de las cuales expresa sus vivencias, memorias, imaginarios,  y refleja, como ella misma lo dice al inicio, "…el hambre de contar de mí".  Acertadísima resulta la ilustración de su portada: un árbol dentro de una botella donde crecen ramas, hasta germinar flores que no son otra cosa sino las experiencias vividas.

A Ofelia, la poesía le ha gustado siempre. En esta ocasión le permitió transmitir lo más profundo de su ser, lo esencial, y con pocas palabras que dicen mucho.
Su libro incluye tres capítulos vivenciales: 
1. Hallazgos y Desencantos 
2. A punto de flor
3. Afables, Silentes

En HALLAZGOS Y DESENCANTOS emprende un viaje entre reencuentros, diferencias, la presencia del deseo, el momento de la muerte, los tiempos entre risa y llanto, los caminos y regalos de la vida, la luz que se encuentra al paso, los nombres amados y los astros que se disponen ante esa magia de existir donde todo sueño parece acomodarse… A.M.

A PUNTO Y EN FLOR, transita por los quehaceres de la adolescencia, los cuidados, las heridas del pasado, el amor que construimos para que después ese amor nos edifique el recorrido por la vida, aquellos días donde la luz se ausenta, las ironías, los valores falsos, las edades que avanzan y la razón de ser ante todo y todos…

En AFABLES Y SILENTES las palabras mismas son las que guían a Ofelia, las palabras impresas, las palabras que hacen nacer a lo que nombran en su recorrido por el tiempo, su protesta por las guerras, el derramar de sangres maltratadas, el afán de libertad, la soledad consecuencia del pensar profundo, el paso al silencio que grita, el dolor de las infancias enfermas y la mentira imperdonable.

Y así, a través de sus poemas, Ofelia nos interna en el cuerpo de su vida, contada, analizada, vista con la lente feroz de la poesía que añora mundos nuevos. Nos impregna con los aromas de su bosque, desde el no encontrar los vocablos justos para expresar lo que desea expresar, hasta ese profundo abismo de no saberse a sí misma. Nos habla de la riqueza de la entrega, y como reverso del espejo recuerda la muerte de su hermano. Aparece el dolor de las familias contrahechas, fracturadas ante la vida, que sin embargo prosigue cuando se entiende el desapego.

Entre sus páginas recorremos historias adolescentes, las de los amores que se esconden por miedo, o los que simplemente parten.  A través de su ojos miramos a otros, desde su vestir, hasta lo que se siente sin decirse. Y con sus poemas Ofelia sale a descubrir el mundo, encuentra el amar verdadero, el regalo de dar a luz otras vidas, hijos que engrandece y suelta para que caminen sus propios pasos.  Recorre la vida, se concibe a sí misma actuando, sintiendo, entre comienzos y reinicios, pero ante todo, su amor que a diario se entreteje y otorga su luz para acortar los trechos con los otros.  Recuerda a sus padres, a personajes inmigrantes que dejaron atrás mucho de su existencia, y cito su poema:

                                         EFECTO PANTEÓN
                                         Ayer fuimos al cementerio,
                                         visitamos las tumbas de nuestros padres,
                                         la de mi hermano.
                                         Leí sus nombres y fechas,
                                         inicio y fin de su vida.
                                         Las toqué,
                                         estaban heladas a pesar del sol.
                                         Las besé.
                                         En casa me quité la ropa y lavé mi cara.
                                         Frente al espejo,
                                         sentí el calor de mi cuerpo, el frío de mi miedo,
                                         y me puse a llorar.

O un fragmento de:
                                         KÓVACS KOPPANY
                                         Llegó a México para quedarse en un país
                                         que imaginaba poblado por indios.
                                         Encontró hogar, familia y empleo,
                                         dejando atrás un pasado de soledad, dolor y miseria.
                                         No cuenta aquí su historia.
                                         Así, no abre las cicatrices de su vida.

Y Ofelia afirma: 

Será porque cada instante es más importante vivirlo que contarlo.
Me declaro completamente de acuerdo con ella, no es el hecho lo que importa, sino como vivimos y sentimos ese hecho.  Y entre ajustes de cuentas se pregunta sobre la vejez, y acertadamente cita a mi querido maestro y amigo Andrés Henestrosa cuando nos decía:  La vejez es un cúmulo de juventudes…  y Ofelia declara la fortuna de estar viva entre sus revoluciones internas, las prisiones de su corazón, la asfixia, las crisis, y ante todo, la posibilidad de avanzar imaginando entre la inconciencia del paso del tiempo hasta la razón de ser.  

Es con las palabras que la penetran cuando renace su existencia, las imágenes se arremolinan  y nos dice en su poema:

                                         DEVENIR…
                                         El tiempo es un tahúr
                                         Que gana sin saciar
                                         Su ley es la verdad
                                         El tiempo es real
                                         Arrastrado por el viento
                                         El mismo
                                         Transparente
                                         Que ahora siento pasar
Y entre el paso del tiempo, sus páginas se plasman de estados de ánimo y como ella dice:
                                         Hablar de uno mismo
                                         acorta la distancia entre la inminencia de la muerte
                                         y el desglose fascinante de la vida…

Y calla, dice, enmudece ante la idea de la muerte, de aquello que añora haber sabido y en su momento no sabía. Entonces el silencio la acompaña, Silencio que decidió hablar y con el que nos presta sus recuerdos de niños enfermos en los hospitales; de las imágenes de una obra teatral donde Un judío y un nazi practican la consigna de: mata al otro y vivirás; de su dolor ante nuestro país invadido y perdido de sí;  de su homenaje a las maravillosas fotografías de Gregory Colbert y de una utopía inexistente, la cual traduzco y me hace afirmar que: los humanos somos la única especie que con conciencia se destruye a sí misma A.M.

Pero la danza también confundió a Ofelia con el viento, haciéndose ella misma parte del viento, y para terminar, cito algunos versos de su poema:

                                       CRONO-IMPEDIMENTO
                                       Mi anafre desprende aroma de copal.
                                       Desciendo entre planetas, alumbro el espacio sideral.
                                       Como Coatlicue, capturo las estrellas para iluminar la tierra…
                                       …por el horizonte me retiro.
                                       Sin más.

Gracias Ofelia por tu amistad, por tu libro, por este camino que inicias con la música de las palabras que es la poesía, y que no sea sino el primero, mas no el último de muchos libros con páginas donde los versos dancen como la danza de tu cuerpo y de tu imaginación. 


                                                                                                                    Andrea Montiel

                                                                                       (Palabras en la presentación del libro
                                                                  en El Fondo de Cultura Económica “Octavio Paz”
                                                                                                                    noviembre 9, 2010)
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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