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Los Horizontes Imaginarios de GILKA WARA LIBERMAN






















Gilka Wara Liberman nació en la Paz, Bolivia a principios de los años sesenta.  Desde  
su niñez se inclina por la pintura, y por azares del destino, llega a México donde  
radicó varios años.
     En nuestro país realizó varios estudios entre los años de 1980 hasta 1985. Ingresó  
a la Escuela Nacional de Artesanías, y cursó la especialidad en cerámica. A través de  
la Secretaría de Educación Pública, tomó cursos sobre estampado en tela. Durante  
tres años asistió a la Escuela de Cerámica y Porcelana de Toluca, Estado de México,  
bajo la dirección de la Fundación Mokichi Okada.

     En 1984 llevó a cabo una investigación para su escuela sobre el "Uso cerámico de  
algunas tierras mexicanas",  y en 1985 otra más sobre "Esmaltes de Colores y  
Transparentes en la Universidad Autónoma Metropolitana, dentro de la carrera de  
Diseño Industrial.   Con los conocimientos adquiridos durante estos años, participó en  
varias exposiciones colectivas, y fue merecedora de diversos premios.

    Gilka ha dibujado desde siempre y en todas partes.
Al principio con sus lápices escolares, después con sus pinceles. Desde niña se  
recuerda a sí misma pintando y sabiendo que iba a ser pintora. Admiraba a los  
clásicos, pero con quienes se sintió más identificada y podría tener influencias están:  
Chagall, Van Gogh, Matisse, Braque y Degas.

     Hasta año de 1987 en que inició sus estudios en la Escuela de San Carlos con el  
pintor Nishizawa, no poseía conocimientos técnicos, sólo pintaba con ese estilo que le  
ha surgido siempre, desde que comenzó a expresarse.

     Gilka ama el detalle, la miniatura, los espacios llenos de un colorido que no deja  
vacíos. Sus temas son cotidianos, inmediatos, relacionados con todo eso que la rodea  
y llena sus ojos: el paisaje, los alrededores de un pueblo, las gentes en las calles, la  
montaña, las cascadas y los patios.


















     También están sus fantasías, donde se pinta a sí misma confundida con todo lo  
demás. Y así aparecen: El Cielo, La Muerte, Las Musas. Todo surge sin  
premeditación, de cualquier cosa que vive e imagina vivir; todo es reflejo de la  
espontaneidad, nunca pensado; en todo está la presencia constante de la ingenuidad,  
de eso niño que todos tenemos y algunos olvidamos, y que en la obra de Gilka brota a  
borbotones.

     Frente a la madera, al lienzo o el papel, utiliza el encausto, la acuarela, el óleo, las  
témperas, y pinta y al pintar se olvida de los problemas, se relaja, se interna en su  
obra y entonces los detalles y los colores vuelan, juegan, ríen con ella.

     De esta forma es como la realidad penetra en los ojos ingenuos, en los ojos  
ingenuos de Gilka Wara Liberman, y ella la devuelve plasmándola en esta pintura  
que, al mirarla, nos hace sonreír como si un trozo de infancia regresara a nosotros.














                                                                                                                   Andrea Montiel

                                                                                                                     Revista del IFAL
                                                                                                                              marzo 1987
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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