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León Kopeliovich: Espero... no con flores

Ante todo escultor, León Kopeliovich, hombre con la mirada en las manos, presenta su primer libro de versos, escritura espontánea donde el sentimiento aflora en cada página. Espero... no con flores, evoca de manera constante el cuerpo, los dedos, la avidez de las caricias, al igual que se acarician los materiales propios del trabajo escultórico, hasta que surgen los contornos, las siluetas, las formas caprichosas y oquedades y de manera abstracta, el pensamiento, las ideas y una imaginación siempre en vuelo. Su escritura alude reiterativamente al tiempo, como en su texto siguiente, y cito: Tiempo de espera/ de tregua./ Sensación de feria/ apetito voraz/ de carne.

Así, separación y espera nos muestran horas nocturnas de frío en que anhela reencuentros y como él dice la belleza de sentirse amado. La soledad se hace presente en muchas de sus líneas y muerto en vida, loco de amor, canta a quien ama, transita entre los elementos de la naturaleza y siente correr su sangre como ríos de furia. La luna aparece acompañando la ansiedad donde su corazón se abisma, los horizontes se dibujan entre las nubes y el vacío lo llena todo. Alas desearía en lugar de brazos para huir y dejarlo todo. Sin embargo el fuego lo habita y no hay lluvia, ni brisa, ni mares que lo apaguen, su amor vuela por el aire y lo hace sentir paloma, ave-símbolo de las almas, de la espiritualidad y del poder que todo lo sublima. Las palabras son besos, abrazos y miradas, el barro duetos y las olas esculturas de plata. De nuevo el tiempo, ahora convertido en sistemas solares y la pluma que escribe viajera del universo.

La música incorpórea es otra de sus musas, música-imagen que permite el recuerdo de los frutos exóticos, los manjares y el vino que más tarde en sus textos lo remiten a aquellos dulzores infantiles y comienza la : Fiesta de dos golosos amantes/ que se derriten/ al desaparecer la noche. Sin embargo la soledad todo lo invade en el afán de estar acompañado como lo muestra en los versos siguientes: No compartir contigo/ es construir/ una escultura/ en un mundo deshabitado... Y así aparece entre sus líneas la inquietud por ese extraño misterio que llamamos existencia, grito al infinito, como él dice, y se mira ciego tras un llanto que ahoga el pensamiento, sin embargo, y cito: Mi alimento es sólo el gozo de ver/ todo lo que estoy sintiendo. Rutas inciertas lo agobian, la tinta que se desliza sobre el papel lo ilumina de nuevo bajo la luz de la luna. Todo esto no es otro asunto sino la búsqueda interior que emana de sus líneas. Quien más para decirlo sino sus propios versos: Quiero rasgar mis ropas/ quitar las máscaras/ y danzar desnudo. .... Mientras vivo/ paso a paso voy muriendo, / dando ofrendas a la muerte/ con mi vida.

Espero... no con flores
de León Kopeliovich transita por múltiples caminos, sus nombres son: soledad, tiempo, música, llanto, luna y el más importante de todos, la esperanza que espera lo que aún no ha llegado.

                                                                                                                     Andrea Montiel


                                                                                        (Palabras en la presentación del libro
                                                                                                  Casa Lamm, 14 octubre, 1999)
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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