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                       Laura Fernández MacGregor:  RETORNO DE EROS

Debido al amor que le tengo a las palabras y el vicio por la lectura, me he empeñado en tener en mi  
biblioteca, además de los mejores diccionarios posibles, muchos libros: libros técnicos, libros de arte,  
libros viejos, libros raros. Entre estos últimos, encontré‚ uno que me llama mucho la atención,  
especialmente por el título: "Enciclopedia de las cosas que nunca existieron" (de Michael Page y Robert  
Ingpen) y dado que me inclino por creer en la realidad de los sueños, quedó perfecto entre los libros  
preferidos de mi biblioteca. Al hojear sus páginas encontré una simpática descripción-definición de  
Eros, la cual consideré‚ de gran utilidad para comenzar a hablar del libro de Laura Fernández  
MacGregor: “Retorno de Eros” y que hoy nos ha reunido. Y cito algunos párrafos acerca de este  
personaje con quien, sin lugar a dudas, todos nos hemos encontrado en nuestras vidas:
     "EROS... El dios del Acercamiento, que inspira atracción entre hombres y mujeres para asegurar  
la continuidad de la vida. Lamentablemente, los Olímpicos encargaron esta importante tarea al más  
joven y travieso de los dioses. Le vendaron los ojos, le armaron con un arco y flechas con punta de  
plomo o de oro, y le enviaron a cumplir con su eterna misión. Las flechas de oro infligen las punzadas  
del amor a parejas compatibles, mientras que las flechas de plomo provocan la repulsión entre  
hombres y mujeres incompatibles. El paso de los siglos debía haber hecho más sabio a Eros, pero se  
convirtió en confidente de Venus Afrodita, que disfruta interfiriendo en los asuntos de amor y se  
recrea en la seducción de hombres y dioses. Incluso permite a Eros sentarse junto a su diván  
mientras ella se entrega al placer con alguno de sus amantes, como Hércules. Este ejemplo  
afrodisíaco pronto hizo de Eros el delincuente juvenil del Olimpo, que lanza sus flechas de oro  
maliciosamente y no con sabia reflexión. A menudo las clava en los corazones de hombres y mujeres  
que no concuerdan, mientras dispara flechas de plomo a parejas que podrían ser felices juntas. Y  
aún peor, es corriente que lance una flecha de oro al corazón de un amante y una flecha de plomo al  
de la persona amada, provocando toda la agonía del amor no correspondido. Probablemente, Eros ha  
causado más trastornos que ningún dios. Con demasiada frecuencia, su risita maliciosa se oye sobre  
las camas de los matrimonios"...      Sin embargo, la traviesa personalidad de Eros ha evolucionado  
de manera rotunda con el paso del tiempo, desde el período arcaico, hasta la época alejandrina y  
romana, pasando por el medioevo, el renacimiento, los movimientos así llamados románticos,  
modernistas, contemporáneos o futuristas. Lo que no ha cambiado es que la expresión erótica es  
una característica humana que desde siempre ha identificado el deseo de amar en el hombre y en la  
mujer. Georges Bataille, filósofo, ensayista, crítico, novelista y poeta francés que se distinguió por  
sus ideas durante los años 20s, fue quien analizó por vez primera el erotismo y fundó una  
clasificación de acuerdo con los grados de continuidad que se establecen entre aquellos que contraen  
el compromiso erótico. Tres fueron las formas fundamentales de erotismo que propuso: el erotismo  
de los cuerpos, el erotismo del corazón y el erotismo místico.

     Al recorrer las páginas del libro de Laura Fernández MacGregor, nos encontramos con un  
conjunto de sentidos poemas del amor carnal, el amor del corazón y aquel que busca al amado en los  
recuerdos. Y entre lunas, playas y mareas, el deseo de la poeta gotea y se adelanta a la idea de un  
“MÁS ALLÁ DEL PARAÍSO”. Su ser se suspende, flota, levita entre los secretos del amor carnal que  
la funde como un cirio, ella la enamorada que se convierte en una hembra bravía y retadora, y que  
en complicidad con el embriagante vino, su cuerpo brama, sueña…

y cito su poema “GARBANZOS DE A KILO”:

Hay quienes sueñan en blanco y negro.
Otros en technicolor.
Mis sueños son coloridos,
ocasionalmente extraordinarios.
Cuando suceden contigo…
son en cuarta dimensión.

     Para Laura, el amor carnal es un banquete, una muerte divina, como aquella petite morte de los  
que se aparean. Un embrujo seductor que se contonea al ritmo del placer y de la hipnosis, del  
abandono ante la magia de la compañía, de los rituales del amor, de los influjos de los aromas que  
emanan en la entrega interminable. El amor sueña y ama en sueños, en los “entresueños” como les  
llama Laura. Amor que fue, estuvo y sigue estando en forma de recuerdo, así, como ella bien lo  
escribe en sus versos siguientes:

Hoy tu recuerdo,
acuarela borrosa con aroma de pino,
me regresa a ese bosque encantado
en donde templamos
con amor ardiente
nuestra cama silvestre.

     … y con ese recuerdo revive, repasa la vida, como diría el escritor uruguayo Eduardo Galeano:  
Recordar:…es volver a pasar por el corazón. Y surge la invasión del abrazo, el encuentro de los  
amantes que se pertenecen siendo ajenos, siendo extraños, siendo uno del otro en lejanía.

     En el mundo caótico de los sueños a Laura nada le es prohibido, ahí es libre para ponerle un  
rostro a cada sueño, para suplir el vacío. Y en el juego que el incomprensible amor dicta, la poeta  
quiere ser tahúr, máscara, atrevimiento, maestra en el arte de amar con sus gestos y armonía… mas  
a veces el fluir entre los cuerpos falla, se detiene y el sentimiento enmudece. La furia quemante de  
las llamas extintas la asfixia, la ensombra, pero el corazón cabalga como un potro que desea con  
urgencia anidar en el otro… y cito las estrofas finales de su poema “¿EXISTIRÁ EL ALMA?”:

Mas la esencia, aquello que no podemos ver:
lo puro, bello, lo sublime, el pensamiento,
la intuición, la fe…
los misterios que vivimos diariamente,
sólo el alma los revela.

Por eso deja atrás tu incredulidad.
¡Acepta que el alma existe!
Porque la mía deambula desolada
y con desesperación
te pide asilo.

Y regresa el silencio. En el recinto del amor desaparece todo hasta que arriba la indiferencia. El  
cuerpo queda solo en espera de que llegue un nuevo misterio. Otro sendero donde encontrarse y  
aniquilar la ausencia que habitan las presencias. Recuperar alientos, sueños, escudriñar una señal  
entre la muerte, pues los recuerdos la destrozan y busca una respuesta en la nostalgia. El tiempo  
transcurre insípido, nebuloso, transita alterando sendas, rutas, direcciones hasta que el ser regresa  
a sí mismo como lo muestra Laura en su poema: “REGRESO A SER YO” del que cito algunos versos:

No puedo precisar en que momento regresó mi alma
a mi cuerpo inerme que yacía sin sentido.
Fue electrizante:
un momento merodeaba perdida en el espacio
y al siguiente retomaba el rumbo olvidado
en algún sueño inconciente.

     Y la poeta concluye que mientras se vive hay que soportar tormentas, recordar la infancia, y  
como ella escribe sabiamente, añorar pasiones “en la calma impuesta por los años”. Robarle al sol la  
luz, los rayos, robarle vida a la palabra, proseguir camino aunque sea el de la demencia. Protegerse  
de la estación del frío y esquivarla para cumplir más sueños, vivir lo que se desconoce y se ha dado  
en llamar futuro.

     La vida fluye. Hemos de alcanzarla, aun en  medio de las realidades reprobables. Pero como  
Laura apunta, siempre buscando razones, escribiendo poesía o correteando esperanzas que se nos  
escaparon algún día. Acertadamente lo escribe en la última estrofa de su poema “LO QUE SE ME  
ESCAPÓ”:

Imito a Marcel Proust y deambulo
“en busca del tiempo perdido”.
Intento fútil por recobrar
lo que hubiera sido.

     Así, casi llegando a las páginas finales de este libro, Laura concluye que ella no es quien posee a  
las cosas, sino que ella es poseída por las cosas. Al igual que el hombre al apropiarse de la tierra en  
que todos habitamos, la ha destruido alejándonos, como diría Carl Sagan, del único hogar que  
siempre hemos conocido.

     Y con el hogar de su propio cuerpo, Laura mira como sus pasos transitan sobre el blanco  
profundo de las páginas en las que escribe.  Sí, en el blanco que contiene todos los colores por donde  
se ha pisado la vida.

Muchas gracias Laura por este libro y los versos que nos brindas en sus páginas. Felicidades una vez  
más por tus poemas.


                                                                                                         Palabras de ANDREA MONTIEL
                                                                                                       para la presentación del libro en
                                                                                                                                     el Museo Soumaya
                                                                                                                                               abril 17, 2012
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
Taller Tinta Libre
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