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                            La piñata en la plástica mexicana





















                              El "Diablo Ocumichu"  de Janitzio Escalera

Todos sin excepción alguna vez fuimos niños.  Afortunadamente hay adultos que lo  
seguimos siendo y por ello todavía gozamos de esas interesantes, extrañas o típicas  
ceremonias que hemos heredado de nuestros antepasados.      En todas partes del  
mundo los pueblos inventan ritos, juegos y festejos para sobrellevar, superar y  
alimentar su historia. Muchos de estos tienen su origen en pensamientos mágicos  
maravillosos, otros en las religiones y otros más en las supersticiones. Cualquiera que  
sea el caso, ahí están como resultado, costumbres y tradiciones que el tiempo no ha  
logrado borrar ni aún con su transcurrir ineludible.      Así, muchos siglos atrás, para  
festejar el inicio de la primavera, en el lejano oriente, los chinos llevaban a cabo una  
ceremonia en la cual cubrían con papeles de colores una figura de vaca, de buey o de  
búfalo que ellos mismos confeccionaban y a la cual le colgaban utensilios agrícolas. Al  
coincidir el comienzo de la primavera con el año nuevo chino, los colores  
representaban las condiciones en que la agricultura se desarrollaría durante el año.   
Las figuras repletas de semillas de diferentes clases, eran rotas por los mandarines, y  
después de vaciarlas, el papel era quemado y las cenizas que la gente recogía eran  
consideradas como buena suerte para el cultivo anual.      Se le atribuye a Marco Polo  
el haber conocido estos festejos de Oriente y llevarlos a Italia alrededor del siglo XII.   
De los italianos pasaron a manos de los españoles, y por medio de los colonizadores,  
las piñatas llegaron a México. Cuando la costumbre pasó de Oriente a Europa, la  
figura china se convirtió en una olla de barro con papeles de colores  y llena de dulces,  
la cual se rompía con un palo y los ojos vendados.  Ya en América se le utilizó para  
atraer gente a las ceremonias de tipo religioso y poco a poco el pueblo se apropió de  
ella para sus celebraciones populares. En México muchas son las interpretaciones y  
mitos alrededor de las piñatas. La creencia más difundida es que simbolizan la lucha  
del hombre tratando de destruir el maleficio de las pasiones, representando además,  
con su típica forma de estrella de siete picos, los siete pecados capitales de la religión  
cristiana. Las piñatas tomaron formas de animales, frutas, flores, estrellas y muchas  
veces personajes de la época que servían como sátira política; se convirtieron en un  
elemento indispensable en el festejo de nuestras típicas posadas decembrinas; con  
ellas también se festejan cumpleaños, fiestas infantiles o populares y así, muchos  
pueblos de alfareros a lo largo de nuestro país, se dedican a hacer "ollas piñateras"  
que actualmente, para la fiesta, son llenadas con frutas de la estación, cacahuates y  
dulces o regalos. Sin embargo, esta tradición se ha ido diluyendo y tomando formas  
extranjerizantes.  Las piñatas ya no se hacen con ollas de barro, tampoco tienen las  
formas de antes, ahora son diseñadas con personajes de historietas cómicas que no  
provienen de nuestra cultura y entre muchos sectores de la población ya ni siquiera  
son utilizadas para celebrar las fiestas.  Por ello, entre los programas institucionales  
en defensa de nuestra cultura, se ha hecho costumbre, desde hace aproximadamente  
seis años, festejar las "Tradiciones y Alegría Decembrina", realizando una muestra  
del trabajo de artistas mexicanos y una exhibición de "La Piñata en la Plástica  
Mexicana", la cual el fin de año 1987 se llevó a cabo en el Museo de la Ciudad de  
México. En esa ocasión participaron veinticuatro artistas plásticos, entre los cuales es  
digno de mencionar el trabajo realizado por Janitzio Escalera.

     Nacido en Morelia Michoacán, Janitzio se inclinó por el estudio de las artes  
plásticas.  Ingresó en la Escuela Popular de Bellas Artes en Michoacán; después en la  
Academia de San Carlos y más tarde en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La  
Esmeralda del INBA.  Ha impartido cursos de batik y ha realizado varias  
exposiciones colectivas e individuales. Es sobresaliente su trabajo de murales de  
cerámica policromada con temáticas de la mitología tarasca y estilos michoacanos.  De  
ahí que la piñata que Janitzio presentó en el Museo de la Ciudad de México, también  
guardó la tradición de este extraordinario rincón de México.      Una figura llena de  
colorido y forma como de diablo, pendía de su cuerda en uno de los costados del patio  
del museo. ¿Por qué un diablo? Porque significa el origen del conocimiento, la  
sabiduría y el afán de acercarse al mundo, de ahí que el demonio, en forma de  
serpiente, otorgó este conocimiento al hombre y a la mujer, a Adán y a Eva a través  
de la manzana. Además, el diablo es un personaje plástico muy rico y por medio del  
cual el pueblo tarasco ha vertido toda su imaginación.      Janitzio desde niño vio  
piñatas, lamenta que la tradición se está perdiendo o tenga influencias extranjeras,  
por eso participó en este evento con su "Diablo Ocumichu", pues de Ocumichu vienen  
los diablitos, con todas sus formas y coloridos, actualmente hasta piloteando aviones,  
pues estos diablos tarascos tampoco se han salvado de las influencias de otras partes.       
Y, ¿cómo se hace una piñata así?  El artista realiza un diseño, un proyecto en el cual  
especifica las medidas, las características de acuerdo al tipo de papel, colorido,  
detalles etc. etc. y lo entrega al artesano para que le dé forma, para que lo plasme  
hasta volverlo realidad. Sin embargo, Janitzio Escalera prefirió realizar su piñata él  
mismo: a falta de carrizo, que escasea mucho en la ciudad de México, prescindió de la  
tradicional olla de barro utilizando tubos de cartón, engrudo y papel periódico.  
Imitando la técnica del "papier maché" le dio la forma y volúmenes hasta lograr el  
esqueleto, estructura que después cubrió con papeles de colores.  De igual manera, a  
falta del típico papel de china, su baja calidad y consistencia, forró el cuerpo de su  
diablito con papeles crepé, lustre y metálico. Después coloreó a mano algunas de sus  
partes y en medio le colocó un corazón rojo.      México, antes de ser nación, ha sido  
un sitio privilegiado por su creación artística, sus expresiones artesanales y las manos  
creadoras de sus gentes.  De igual manera, nuestras tradiciones son únicas en el  
mundo y con ellas hemos llegado a rincones insospechados.  En muchos lados nos  
recuerdan por nuestras fiestas y nuestras piñatas, ¿por qué perder entonces ese gozo  
un poco niño que tenemos todos, o que al menos todos deberíamos de tener, y  
admirar una piñata nuestra hecha con lo nuestro y cantar, por qué no...? "No quiero  
oro/ ni quiero plata,/yo lo que quiero,/es romper la piñata."


                                                                                                                   Andrea Montiel

                                                                                                          México en el Arte  # 19
                                                                                                                           invierno 1987
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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