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LA ARQUITECTURA Y SUS SIMBOLOS


                                                                                                                                            HOMBRE...
                                                                                                                                                    Piedra,
                                                                                                                                  Figura de sueños
                                                                                                                                   y esquinas rotas
                                                                                                                                      cincelas partes
                                                                                                                                             te cincelan
                                                                                                                                siempre esculpida
                                                                                                                                      con recovecos
                                                                                                                                      sin terminar...

                                                                                                                                                       A.M.
                                                                                                                                Monólogo Coral

HOMBRE, roca sobre la cual se apoya el tiempo, en cuanto tiene conciencia de ser, se  
convierte en símbolo para sí mismo, en un modelo reducido del universo, en un microcosmos  
que habita el mundo... Y el mundo, esa esfera viva y abierta en la que el hombre desenvuelve  
su existencia, se ubica y conforma por el espacio, la región intermedia entre el cosmos y el  
caos...
Mas el hombre desde sus orígenes, se ha encargado de organizar sus espacios. A estos  
sistemas de ordenación corresponde el surgimiento de la construcción arquitectónica, de la  
cual se derivan formas, estructuras, colores, materiales y funciones, distribución en las alturas  
y jerarquización de elementos. Todos ellos, simbolismos geométricos complejos que engloban  
desde las cavernas primitivas, las pirámides y escalinatas de la antigüedad, los centros  
ceremoniales, los teocallis, los templos y catedrales góticas, hasta las simples casas o los  
rascacielos de las grandes ciudades de nuestra modernidad. Todo espacio realmente habitado,  
lleva como esencia la noción de casa y ésta, como el hombre, simboliza el centro del mundo e  
imagen del universo.
Tradicionalmente la casa ha sido considerada por los místicos como el arca, el jardín cerrado, el  
elemento femenino con un sentido de refugio, protección o seno materno.  
En su carácter de vivienda, la casa posee una fuerte identificación                                             .  
con el cuerpo y los pensamientos humanos: Su exterior es la                                             .  
máscara o apariencia, el techo su cabeza y espíritu, los pisos el                                                 .  
nivel del inconcien te, y cada una de sus estancias,                                                .  
correspondencias con los diversos aspectos del hombre.

La casa en su carácter de hogar, simbolizó desde siempre un centro espiritual interior y a su  
alrededor reunía a toda la familia para compartir la comida y el calor del fuego, o bien solía ser  
el lugar de honor reservado para algún visitante ocasional.
En la arquitectura moderna, se ha perdido este simbolismo esencial, por eso la gran mayoría  
de las construcciones en la actualidad son cáscaras vacías, cuerpos sin alma, espacios  
difícilmente habitables. De la misma manera, los enormes bloques de departamentos de  
nuestra época, producen efectos adversos cuando estos carecen del llamado centro-hogar, ya  
que sus moradores parecen estar sus pendidos en el espacio sin contacto alguno con la tierra y  
sin una apertura hacia el cielo.  Hay en muchas de estas construcciones, una separación total  
respecto del medio natural del hombre.

Sin embargo hay construcciones que guardan las proporciones humanas y la magia de  
verdaderos hogares que al mismo tiempo cumplen con los requisitos de un “hábitat  
protectivo” y realmente habitable. Y de la misma forma que se elevan estas construcciones, así  
elevó su canto el poeta Pablo Neruda cuando escribió esta
Sin embargo hay construcciones que guardan las  
proporciones humanas y la magia de verdaderos hogares  
que al mismo tiempo cumplen con los requisitos de un  
“hábitat protectivo” y realmente habitable. Y de la  
misma forma que se elevan estas construcciones, así  
elevó su canto el poeta Pablo Neruda cuando escribió esta
Oda al Edificio:
Socavando
en un sitio,
golpeando
en una punta,
extendiendo y puliendo
sube la llamarada construida,
la edificada altura
que creció para el hombre.

Oh alegría
del equilibrio y de las proporciones.
Oh peso utilizado
de huraños materiales,
desarrollo del lodo
a las columnas,
esplendor de abanico
en las escalas.
De cuántos sitios
diseminados en la geografía
aquí abajo la luz vino a elevarse
la unidad vencedora.


La roca fragmentó su poderío,
se adelgazó el acero, el cobre vino
a mezclar su salud con la madera
y ésta, recién llegada de los bosques,
endureció su grávida fragancia.
Cemento, hermano oscuro,
tu pasta los reúne,
tu arena derramada
aprieta, enrolla, sube
venciendo piso a piso.
El hombre pequeñito
taladra,
sube y baja.
Dónde está el individuo?
Es un martillo, un golpe
de acero en el acero,
un punto del sistema
y su razón se suma
al ámbito que crece.
Debió dejar caídos
sus pequeños orgullos
y elevar con los hombres una cúpula,
erigir entre todos
el orden
y compartir la sencillez metálica
de las inexorables estructuras.
Pero
todo sale del hombre.
A su llamado
acuden piedras y se elevan muros,
entra la luz a las salas,
el espacio se corta y se reparte.

El hombre
separará la luz de las tinieblas
y así
como venció su orgullo vano
e implantó su sistema
para que se elevara el edificio
seguirá construyendo
la rosa colectiva,
reunirá en la tierra
el material huraño de la dicha
y con razón y acero
irá creciendo
el edificio de todos los hombres."
La casa, cualquiera que sea la calidad de sus materiales o su tamaño, es  nuestro rincón del mundo  
y el primer universo al que arribamos. La casa misma encierra un cosmos, desde la más humilde,  
hasta la más ostentosa. Cualquier morada es refugio, albergue, sitio para gozar de bienestares y  
protección, es un cuerpo repleto de imágenes que proporciona al hombre parte de su estabilidad.  
Ya sea en construcciones verticales que se elevan, o en aquellas concentradas que aluden a una  
conciencia de centralidad, es preciso cruzar el umbral, el cual representa el paso del mundo  
exterior al espacio interno, aquel que vive en y con nosotros, y al que nadie puede entrar si no es  
invitado.
La puerta ha sido un símbolo asociado al paso de un estado a otro, a la búsqueda de un amparo  
bajo la sombra del poder femenino, de la Gran Madre Nutricia, la Madre Tierra. Asociada a las  
puertas están las ventanas las cuales no sólo simbolizan apertura y oportunidad, sino expansión y  
posibilidades de concientización. Están también las escaleras, equivalentes a la ascensión las cuales  
implican el paso de un estado de conciencia a otro de trascendencia.  Subir una escalera denota el  
ascenso a los cielos.  La escalera en espiral simboliza, por un lado, el movimiento del sol y, por el  
otro, lo misterioso, lo desconocido, el futuro. Subir y bajar escaleras entonces representa el  
tránsito bidireccional entre los poderes terrestre y celestial.
Cualquiera que sea su forma, desde tiempos muy lejanos, toda construcción ha poseído en su  
diseño multitud de símbolos y arquetipos como el círculo, esa redondez que implica perfección,  
homogeneidad, ausencia de distinción y forma primordial de la naturaleza.  Como el centro, el  
círculo ha sido símbolo universal y prehistórico, y además de representar el cielo cósmico en sus  
relaciones con la tierra, es la figura de los ciclos celestes, principalmente de las revoluciones  
planetarias, así como del ciclo anual figurado por el zodíaco.  Es en consecuencia, el signo de la  
armonía y por ello las normas arquitectónicas se establecen con frecuencia sobre la división del  
círculo.
Combinada con la del cuadrado, la forma del círculo evoca una idea de movimiento, de cambio de  
orden o de plano;  e inscrita dentro del cuadrado representa la chispa del fuego divino oculta en la  
materia. El esquema del cuadrado coronado o en prolongación con un arco o fragmento de círculo,  
da la estructura del cubo-cúpula, tan frecuente en el arte arquitectónico mundial.  Estas formas  
evocan la dialéctica de lo terrenal y lo celestial, de lo imperfecto y la perfección.  Así, las cúpulas de  
nuestras construcciones son reflejo evidente del concepto de bóveda celeste, que generalmente  
reposa sobre cuatro pilares o sobre una construcción de base cuadrada.
El cuadrado es una de las figuras geométricas más ampliamente utilizadas, y en el lenguaje de  
los símbolos, es fundamental junto con el centro, el círculo y la cruz.  El cuadrado simboliza la  
tierra, el universo creado, la antítesis de lo trascendente.  Muchos espacios sagrados adoptan  
formas cuadrangulares, altares, templos, iglesias, así como también el diseño de mercados,  
campamentos militares y ciudades enteras.  Incluso la terminología militar conserva el verbo  
"cuadrarse" con la idea de colocar el cuerpo en armonía con su centro y alineado con su eje  
vertical. Tal posición encarna a la vez la solidez y la fijeza del cuadrado.








Inseparablemente conectada con el círculo y el cuadrado está la cruz, uno de los símbolos más  
antiguos y difundidos que se encuentra en todos los países, épocas y culturas.  La cruz representa  
los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones del año y es también símbolo de la humanidad  
arquetípica: el eje vertical es el elemento activo, masculino, positivo, celestial;  el eje horizontal es  
el elemento pasivo, femenino, negativo y terrenal. Juntos forman la totalidad y representan toda  
la potencialidad humana, con sus infinitas posibilidades de expansión en todas las direcciones.
Junto con todas estas formas y su dimensión simbólica, la arquitectura se acompaña de la figura  
del triángulo, clave de la geometría, base de la sección áurea, también llamada proporción  
divina. Correspondiente al número tres, el triángulo, entre los antiguos mayas, está ligado al sol y  
es símbolo de fecundidad.  Su imagen aparece de manera constante en frisos ornamentales de  
multitud de construcciones.
Así, triángulos, rectángulos, círculos, cruces y cuadrados, conforman un conjunto de simbolismos  
que a través de los años han subsistido, traspasando fronteras y se han mantenido vivos en el  
hombre, en sus objetos y en su habitat. Este habitat no es sólo la casa sino el entorno, no es  
únicamente la edificación sino la urbe donde se encuentra.
La ciudad, signo de la sedentarización de los pueblos nómadas y por ello tradicionalmente  
cuadrada y estable, es paisaje, es el espacio mismo donde se reúnen el horizonte y la altura, la  
debilidad y lo poderoso expresado con símbolos en todas y cada una de sus construcciones.
Y como escribe Italo Calvino en alguna de las páginas de su libro "Las Ciudades Invisibles":
Uno ingresa por caminos plagados de insignias que penden de los muros.  El ojo no ve cosas,  
sino figuras de cosas que significan otras cosas: las pinzas indican la casa de un dentista;  el  
tarro, la taberna;  los lanzones, el cuerpo de vigilancia;  una balanza romana, una verdulería.   
Estatuas y escudos representan leones delfines torres estrellas: signos que algo -quién sabe  
qué- tiene por signo un león o delfín o torre o estrella.  Otras señales advierten de aquello que  
está prohibido en un lugar...o lo que es lícito...
Desde las puertas de los templos se ven las estatuas de los dioses, cada uno representado con  
sus atributos: el cuerno de la abundancia, la clepsidra, la medusa, a través de los cuales los  
fieles pueden reconocerlos y dirigirles las oraciones precisas.  Si algún edificio no lleva ninguna  
insignia o figura, bastan su forma misma y el lugar que ocupa dentro de la ciudad para indicar  
su función.






Bajo similares principios están nuestras construcciones cuya fuerza  irradiante refleja la presencia  
del poder, que simbólicamente no es otra cosa sino el dominio abstracto de lo circundante o aquel  
ejercido sobre los demás hombres.  Desde el punto de vista arquitectónico, es la magnificación  
dentro de los espacios, la elevación sobre el nivel normal del suelo, o la colocación central dentro  
de un orden simétrico.
El poder en sí corresponde a ideas relacionadas con la máxima identificación personal, defensa y  
concentración de fuerza, posesión de lo circundante, resplandor.  Por ello los símbolos de poder  
incluyen nombres, sellos, estandartes, espadas, cetros, coronas, águilas, leones, palacios. Las  
torres, inmediatamente nos hacen evocar a Babel, la puerta del cielo, y ese deseo de aproximarnos  
en la ascensión a lo divino. Toda torre ha sido, a través de la historia, una construcción cuya  
función y finalidad era la de vigilancia.






                                                                                                                                 ANDREA MONTIEL
Y ahí están, en nuestra inconmensurable ciudad, los edificios de grandes alturas, representando ascensión y espiritualización. La altura es más que un símbolo: aquel que la busca, o la imagina con todas sus fuerzas, invita a su dinamismo psíquico a conducirle a la armonía, aspirando al mismo tiempo al acercamiento de lo celestial.
Así tenemos a nuestro Ángel de la Independencia sobre una torre, con su  
carga simbólica invisible y sublime, en el papel de un anunciador y  
mensajero de buenas nuevas, y como un h  ito en uno de los nodos más  
importantes de nuestra gran Ciudad de México. Y en medio de todo, nos  
topamos con el silencio, con la apertura a la revelación, grandeza y majestad  
de las cosas.  El silencio es la envoltura mágica de los grandes  
acontecimientos a los cuales todos los seres humanos estamos expuestos  
cuando recorremos cada uno de nuestros espacios.
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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