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Retrato de LUZ MARÍA PUENTE



Cuando pequeña, pasaba los fines de semana con su abuela. El domingo era un día especial.  Juntas acudían a misa y muchos novios escogían ese día para contraer matrimonio. Ver a las novias con sus vestidos blancos, vaporosos, etéreos, era algo espectacular, pero lo era aún más, escuchar la música que resonaba en el templo.  Entonces, Luz María Puente tenía 5 años, y al regresar, de inmediato se sentaba al piano de la casa de la abuela tratando de sacar aquellas melodías que seguían resonando en su cabecita.  La melodía no era lo difícil, sino la armonía que no lograba salir a pesar del esfuerzo de su pequeña mano izquierda. Muchos domingos transcurrieron en la batalla de aquella mano que no encontraba el acompañamiento correcto, sin embargo, desde entonces, en esa niña se reconocía un talento nato y el enorme gusto por recrear las melodías que escuchaba.

Este talento fue el motivo por el que su madre, por consejo de su abuela, buscó una profesora que le diera clases de piano, sin embargo, no le enseñó lectura a primera vista ni solfeo.  Posteriormente, Luz María tuvo la suerte de estudiar con el maestro Alberto Montero, gran intérprete y organista de primera línea, así como maestro del Conservatorio Nacional de Música, entonces ubicado en la Calle de Moneda, donde Luz María ingresó a los 14 años y con su mismo querido maestro Montero.  Mientras estudiaba en el Conservatorio, comenzó a dar clases de piano en su casa a los niños de la colonia, y desde su primer alumno, sintió la responsabilidad y el gusto por enseñar. Todo fluía de manera natural, y la enseñanza se volvió parte suya, pues hasta la fecha, es una actividad que nunca la ha abandonado.

Entre aquellas aulas y salas del Conservatorio, conoció a un joven llamado Juan José Osorio que estudiaba el violín y con quien, pasados algunos años, contrajo matrimonio.  De esta unión nacieron cuatro bellos y talentosos hijos, aunque de haber sido por el deseo maternal, habrían sido seis.     

Tiempo después, invitado por la Alianza Francesa, vino a México a dar un recital el magnífico pianista francés Bernard Flavigny, quien por su amistad con la maestra Holda Zepeda se hospedó durante una semana en su casa. De esta primera visita, la maestra Holda le propuso a Flavigny que diera cursos a los pianistas mexicanos, lo cual con gusto aceptó.  La maestra Zepeda habló con el entonces director del Departamento de Bellas Artes, el maestro Celestino Gorostiza, logrando que lo patrocinaran para impartir cursos anuales.

En el segundo año, Luz María participó como alumna del curso, y al mismo tiempo, colaboró con la maestra Holda en la organización. Al ser nombrado como directivo del Departamento de Música de Bellas Artes el maestro Luis Sandi, la invitó a hacerse cargo de la coordinación general de los cursos.  Por muchos años los cursos Flavigny fueron organizados por Luz María Puente, tanto en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, como en la Sala Chopin. 

Bernard Flavigny preparó a un gran número de pianistas mexicanos que se vieron beneficiados con sus enseñanzas, aportó una nueva visión del estudio, la técnica, y la concentración, e hizo ver que la música puede ser mágica y abre la puerta al lenguaje universal.

Fue en la década de los años 60´s cuando Luz María se inicia como Concertista de Bellas Artes. Hoy día son ya 45 años de recorridos por escuelas y teatros de la República Mexicana ofreciendo diversidad de conciertos y recitales, así como de música de cámara.

Tocar para niños en escuelas de nuestro país, la ha llenado de satisfacciones.  Simplemente, el hecho de ver niños felices al escuchar alguna interpretación, pedir explicaciones sobre algo, o comenzar con el deseo de ejecutar algún instrumento es incomparable. Es desarrollarles el oído para reconocer los temas; es tocar en lo más profundo su sensibilidad entre risas y compases;  es, a fin de cuentas, sembrar en los comienzos de la vida el gusto por la música. 

Ser Concertista de Bellas Artes ha permitido y exigido a Luz María el estudio constante e ininterrumpido, y al combinar el trabajo docente con su carrera pianística, ha enriquecido su arte y a la vez a sus alumnos.  Notar los grandes cambios, los progresos en los pianistas que se inician, y cómo la música se vuelve parte de ellos, la sorprende, la emociona, la enorgullece, y el momento de la clase se convierte en un dueto de sentimientos entre ella y sus alumnos, una alegría compartida al observar el avance logrado día con día.  Son muchos los alumnos que han tomado clases con Luz María Puente, algunos durante muchos años y otros algún tiempo. Para ella es un orgullo el haber logrado que algunos de sus discípulos, gracias a sus conocimientos, hayan ingresado a instituciones musicales tan reconocidas como los Conservatorios Superiores de París y de Moscú, La Escuela Normal de París,  la Julliard School of Music de Nueva York, y el Instituto Curtis de Filadelfia entre otras.

Luz María ha sido invitada a dar conciertos en París, Viena, Roma, Madrid, Bruselas y Nuremberg.  Asimismo ha tocado en los Estados Unidos, en Centroamérica, y en México, donde ha realizado un sinnúmero de conciertos con las orquestas más importantes bajo la batuta de distinguidos directores.

Además de su carrera musical, Luz María se siente bendecida por la familia que formó al lado de Juan José Osorio, un maravilloso esposo con quien compartió el lenguaje de los sonidos y la vida, a quien conoció a la edad de 15 años, y junto con quien engrandeció a sus hijos, a sus cuatro tesoros: Juan José, Jorge Federico, Beatriz Consuelo y Luz María del Carmen. En este día y siempre, está profundamente conmovida con ellos, sus hijos, por existir y acompañarla en el trayecto de la vida y de su arte…

Agradecida con Juan José, su compañero ideal, y de quien siempre recibió amor, apoyo, impulso y comprensión…

Agradecida con la vida, que no es otra cosa que amor, al igual que la música, pues Luz María no concibe ni un solo día de su vida sin la música, para ella es como respirar, es el alimento de su alma y alegría de su corazón…

De mi parte, agradezco profundamente a Luz María por su amistad, por su arte y por haber depositado su confianza en mi persona para dirigir a ustedes estas palabras.

La música es la forma más perfecta de la belleza, es eco del mundo invisible, y cuando se convierte en música de las palabras, es poesía.  Y hace tiempo ya, que a ella y a sus manos, dediqué este poema:  


                                           TUS MANOS GOTAS DE AGUA
                                                                                          a Luz María Puente
                                           Tus manos
                                           gotas de agua
                                           lluvia
                                           lirios
                                           sobre un teclado acuático.

                                           Tus manos
                                           vendavales
                                           brisas tejedoras
                                           sobre un teclado de aire.

                                           Tus manos
                                           polvo
                                           arena
                                           tierra que en el espacio se hilvana.

                                           Solares y lunáticas
                                           tus manos planetarias y abismales
                                           un grito sostenido
                                           en la fugaz cárcel del tiempo.

                                           Tus manos
                                           sombra y luz
                                           como tu nombre luminoso
                                           sobre un teclado en llamas.




                                                                                                    Texto de Andrea Montiel
                                               para su homenaje en El Centro Cultural Ollin Yoliztli
                                                                                 Sala Silvestre Revueltas, julio 2008
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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