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LEONEL MACIEL   Corazón irreverente/ Pincel sin brida





















Dejar las sombras, dejar el claroscuro a un lado, sólo es posible para un corazón  
irreverente y un pincel sin brida y sin anclajes como el de Leonel Maciel.

Con sus óleos, su técnica mixta, el collage con aluminio y las acuarelas de su obra más  
reciente, Maciel nos transporta a un mundo repleto de soles, lunas, mariposas, flores,  
rehiletes y caramelos; mundo de mares, casas de teja y clorofila, de algarabía donde no  
existen espacios baldíos sobre la tela.

Su laberinto plástico, totalmente al desnudo, atrapa la mirada de los espectadores  
tornándose verdugo que somete la voluntad hasta convertirnos en viajeros de sus  
filigranas sin término, de su barroquismo sin solemnidades que tanto bien hace al tem­
peramento mexicano.

Para palpar y entender estos últimos trabajos de Maciel, han de dejarse a un lado: el  
respiro, las pausas, los puntos, las comas, los puntos y comas y suspenderse en el  
vertiginoso universo de formas y colores que a bocanadas se encarga de devorar nues­tros  
sentidos:

...porque al mirar sus pinturas podemos oír oler y sabo­rear la sal la magia y el jolgorio  
de luz a plena super­ficie luz entresacada de sus lienzos reflectores lienzos altavoces sobre  
los que resuenan y se armonizan las raíces de un pueblo

escándalo de espontaneidades y sorpresas que hacen remembranza desde el colorido de  
los frescos teoti­huacanos y el zarape hasta nuestra música rumbera unifi­cadora de pieles  
de diferentes culturas

están presentes las flechas los plumajes los arco iris las coronaciones las llamas  
encendidas los telescopios que transparentan el amor absoluto y el ambiva1ente aquel  
que al mismo tiempo presencian un dios y un diablo erotismo en la vendimia nocturna  
parejas aparejadas con o sin nombre

porque en sus lienzos escuchamos como se pierden y recu­peran tiempos menguantes  
entre abrazos y brazos portadores de relojes tiempos desgastándonos en medio de una  
realidad irreal frente a la cual es conveniente burlarse hacerse el amor donde la muerte  
y vida caminan simultáneamente en espirales y las cabelleras crecen y ondulan  
aturquesadas como océanos

porque en sus telas se puede paladear esa sed insaciable de humedades que todos tenemos  
o esas atmósferas y sueños donde los vientos marcan rumbo a las velas que navegan y  
encuentran raros habitantes de los mares mediosrostros mediasandías mediasmujeres  
mujeres-pez sirenas negras corazones abo1erados

en fin carnavales playeños...

Así, Macie1 capitanea un navío lleno de maleza, de selváticos atrevimientos donde  
ahogarse y ahogarnos con las contradicciones que muestran, no oposición, sino conti­
nuidad de principios y finales.

Aquí no se sabe cuál es el comienzo, cuál la primera pincelada.

Sin embargo es, si le permitimos, nuestra maravillosa in­tuición, quien puede a través de  
este ruidoso lenguaje plástico, descubrir al silencio que encierra los orígenes, las semillas  
de sangre que han echado raíz en tierra negra, en tierra blanca, en la tierra mulata, y allá  
en el mar. donde todo inicia, "ALLA POR EL MAR PACIFICO", donde Macie1 nos hace  
navegar a vela suelta, mar de latido intermi­nable, de ir y venir obsesionado.

Allá, con ese mar construye y rompe lo mestizo y pre­hispánico, la realidad y el sueño. Allá  
nos lleva  a donde nada falta, adonde lo único que sobra es vida.




                                                                                                                                                               Andrea Montiel

                                                                                                                                     Revista Plural # 187 abril 1987
                                                                                                                                          Revista cultural de Excélsior
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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