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LEONARDO NIERMAN: Quien solo pinta de la realidad lo indispensable
















Entrar en la casa de Leonardo Nierman, es internarse en un sitio donde cada rincón  
emana cultura: montones de libros de arte, pilas de revistas de pintura y fotografía,  
bellísimos objetos, tal vez comprados en algún país visitado, un hermoso piano de cola y  
multitud de discos y cassettes con las obras de los grandes compositores, la música,  
especialmente, invadiendo el espacio, y en medio de todo, su obra pictórica y sus  
esculturas.

Para Leonardo Nierman, a diferencia de muchos pintores, el quehacer artístico comienza  
durante sus años adolescentes y surgido del deseo de compartir su mundo interior.  Para  
él, cualquier ser humano posee este impulso, sin embargo, no todo el mundo logra  
expresarlo por la vía de la creatividad y el arte.  Todo dio inicio con su apasionado interés  
por la música, arte que ama por sobre muchas otras expresiones.  Durante su niñez trató  
de dedicarse a ella, pero las circunstancias le hicieron dar un viraje definitivo hacia el arte  
plástico.  Aun así, nunca la abandonó, si observamos su obra, la música se encuentra  
plasmada en todas sus pinturas.

Junto con el arte de los sonidos, está su profundo interés por incorporar la naturaleza a  
sus cuadros, no a través del paisaje que podemos ver con nuestros ojos, sino por medio de  
los elementos que nos otorgan la vida que todos compartimos:  el fuego, el viento, el agua  
y la tierra, o esas bellas realidades contenidas en el mar y en los minerales.  Leonardo  
Nierman reorganiza el mundo a su antojo creando su propio mundo, nunca ha querido  
sentirse esclavizado por la apariencia visual de la naturaleza que lo rodea, siempre la ha  
traducido con sus pinceles a su particular lenguaje plástico.

     Para Nierman, todo tiene un enfoque abstracto, sólo es cuestión de distancias en  
relación al ojo que mira.  Si nos acercamos a la madera o a las piedras preciosas, aún a la  
piel de nuestro propio cuerpo, entramos en su microcosmos en el cual aparecen en primer  
plano multitud de formas y colores en su estado puro.   Este mundo infinitesimal, y tal vez  
lo que está adentro de él, es lo que pinta.  Cada cuadro suyo surge como una especie de  
ventana a través de la cual penetra en su propio mundo, o en aquel otro que alguna vez  
ha fantaseado.  Cada cuadro que pinta debe ser un objeto mágico que lo haga soñar o  
incrementar alguna de sus emociones sobre la vida, el amor o lo indescifrable.   En cada  
pintura está la ausencia total de la lógica y la presencia definitiva de su libertad para  
percibirlo todo.  Así, es capaz de hacer explotar un asteroide en el fondo del mar, organizar  
una cascada de esmeraldas en medio del fuego, abrir una grieta interminable a través de  
la cual es posible filtrar la luz celestial, o hacernos escuchar con los azules la música de  
Mahler.
     
¿Y qué le sucede a Leonardo Nierman cuando está frente al lienzo o el papel vacíos?    
Con mucha frecuencia se sorprende, sobre todo cuando mira el final del cuadro  
comenzado.  Al iniciarlo, requiere de cierta desconexión de la realidad y la eliminación del  
control intelectual.  En ese momento de creación, no existe el razonamiento con voluntad,  
sino la pasión, el palpitar del cuadro que comienza a vivir por sí mismo.  Y así, poco a  
poco, va surgiendo la mancha mágica a la cual dará fin intuitivamente, pues de seguir  
tocándolo lo lastimaría, le haría perder la espontaneidad.  Este momento es cuando el  
cuadro queda concluido.

Su pintura nos ofrece resplandores, sonidos múltiples y silencio al mismo tiempo;  nos  
ofrece fuego, oscuridades y aves que atraviesan el cosmos.  Sus colores vibran, caen, se  
elevan, en el espacio revientan y en el vacío se suspenden.  Las formas aparecen ante  
nuestros ojos como prismas, espejos, astros, alas y ventiscas; como incendios, eclipses,  
marejadas y tormentas; aparecen dibujando música, siempre música, y un extraño violín  
en medio de los elementos que permiten la vida y con los cuales construye coloridas  
sonatas y poemas sinfónicos sombríos.

La magia, es el escenario de este mundo paralelo que acompaña y que le da un brillo  
especial a las cosas.  Es lo que nos permite distorsionar lo cotidiano para convertirlo en  
algo celestial;  es el yuxtaponer una serie de fantasías por encima de lo concreto e  
inmediato: "al pintar, sólo utilizo lo indispensable de la realidad".

Leonardo Nierman también ha hecho escultura.  Esculpir es un proceso creativo  
totalmente distinto al de pintar.  "Aquí mi búsqueda es fría, es aquella de la espiritualidad  
de formas que asocio en su mayoría con alas de aves, hojas al viento, elevaciones,  
espirales, siempre tratando de ascender al firmamento; aquí la pasión no tiene sitio, más  
bien es la observación la que me permite moldear los materiales y lograr mis esculturas".

Y todo de nuevo lo asocia con la música:  "Así como para la música son importantes tanto  
los sonidos como los silencios, el estruendo o la calma, para mí lo es oscilar entre la  
pintura y la escultura.  Pintar es estar entre el fuego y mis pasiones, y para equilibrarme  
requiero del enfriamiento que la escultura me da".  Con ella Nierman ha moldeado  
elegantes formas donde da paso a flamas, águilas y gaviotas; donde representa al amor, la  
paz y el vuelo de las aves.  Sus piezas han sido construidas de diferentes tamaños, tanto en  
formato pequeño como monumentales, pero en todas se identifica el trabajo de sus manos  
singulares, con ellas aspira a hacer sentir lo que él siente al escuchar una obra musical, ya  
que este arte supremo de los sonidos, es el vehículo que puede llevar al ser humano a  
cualquier momento de la historia, del pasado o del futuro, o a cualquier civilización de  
cualquier parte del planeta.  La música significa para Nierman, una grieta que penetra  
directamente el alma de quien la escucha, y a través de la cual es posible vislumbrar lo  
que es en realidad el difícil arte de vivir.

     Con el transcurrir de los años, su creatividad inspirada en el arte musical, le ha dado un  
concepto más claro del tiempo y de la brevedad de la vida, por ello -nos dice-  "el  
comprender lo que hago, para qué y para quién lo hago, me acerca a búsquedas más  
plenas, hasta entender poco a poco que mi paso por la corteza terrestre llegue a tener  
algún día un sentido".

                                                                                                                      Andrea Montiel

                                                                                                                Revista Foro de la vida judía en el mundo
                                                                                                                                                                               Vol.I 1990
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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