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LA VIDA EN LA PINTURA DE LUIS FILCER


Luis Filcer, pintor, artista de contrastes en cuya obra toman sitio al mismo tiempo, la luz  
y las sombras, la suavidad y la fuerza.  Donde sus pinceles logran hacer una especie de  
disección de la realidad, de esta mascarada en la cual todos somos viajeros, jueces de  
nosotros mismos, soledad entre las multitudes. Donde cada línea y cada trazo muestran  
la vida con toda su intensidad, dolor y eternos cambios.  En cada cuadro Luis Filcer con  
su maestría, hace habitar ese grito de verdades que es nuestra existencia humana.














Desde su infancia, Luis Filcer muestra una definitiva inclinación por el dibujo, y es  
durante sus años adolescentes cuando comienza la carrera de pintura en la Academia de  
San Carlos en la ciudad de México.  Sus maestros fueron Pastor Velázquez y José  
Bardasano, quienes lo inician en el arte plástico y enseñan la técnica del dibujo y a mirar  
los colores.

Proveniente de una familia dedicada al comercio, Luis es impactado por imágenes  
contrastantes de la vida que transcurría en los mercados de La Merced y La Lagunilla del  
México de los años 40: cargadores, pepenadores, limosneros, viejos que deambulaban por  
las calles y vendedores de lotería eran sus modelos que después se convertirían en los  
personajes de su pintura, todos arrastrando su personalidad, cuerpos y rostros diversos en  
el trayecto de la vida...

Así surge en el corazón de Luis Filcer la crítica social y un ideal por encaminar los valores  
hacia una vida mejor para el ser humano, ideal que además tomó de sus lecturas  
definitivas como aquella de la novela sobre la vida de Van Gogh, "Anhelo de vivir" de  
Irwin Stone, o de esa actitud vital y pictórica que Goya poseía.

El academicismo de las escuelas choca con la libertad que Luis descubre en pintores como  
Siqueiros y Orozco, Kichner y el mismo Van Gogh.   Este afán de libertad lo lleva a  
realizar infinidad de apuntes sobre los mineros de Guanajuato, los estibadores y los  
pescadores de Oaxaca, apuntes que más tarde convirtió en óleos y expone por primera vez  
en forma colectiva.  El impactante manejo de los colores fríos le hace acreedor de las  
medallas de plata y oro del círculo de Bellas Artes.   Estos premios le permiten viajar a  
Filadelfia donde admira la obra de Rembrandt, y más tarde obtiene una beca de  
perfeccionamiento en Francia e Italia.

En Europa pasa un tiempo en las Escuelas de Bellas Artes de París y Roma, frecuenta  
museos y galerías, conoce la obra de Touluse Lautrec, de los maestros holandeses en  
Amsterdam y del Greco en España.  Lee las grandes novelas del alma humana de  
Dostoievsky, y Kafka y viaja pintando escenas y personajes literarios que han cimbrado al  
mundo.

Realiza su primera exposición europea en París, viaja a Bali y al Estado de Israel recién  
formado donde emprende sus ideales expresivos por la paz. Al regresar a Europa, establece  
un constante ir y venir entre Holanda y México, abandona el óleo y adopta como forma  
de expresión el acrílico.  Ahora su lenguaje plástico conversa con las obras de Modigliani,  
Nolde y sobre todo Munch y hace de una frase del diario de Franz Kafka su lema personal:  
"La felicidad no podré encontrarla a menos que logre levantar al mundo para hacerlo  
entrar en lo verdadero, lo puro, lo inmutable."













Luis pinta de día, pinta en su amplio estudio donde habitan sus lienzos de pequeño,  
mediano  y gran formato. Donde dispone los colores que utilizará y aquellos pinceles y  
espátulas que darán luz a sus cuadros. Pinta siempre acompañado de los acordes  
musicales de sus compositores favoritos: Sibelius, Mahler, Beethoven, Bach, Debussy o  
Ravel.  La música lo influye para lograr una mayor concentración y el ritmo que después  
reflejará en su pintura a través del colorido, movimiento, intención y balance de sus  
personajes.  Ritmo constante donde se complementa la suavidad y la fortaleza, rectas y  
curvas con las que obtiene la organicidad y cadencia de su obra.



Lo primero es el dibujo, con lápices, plumones y carboncillos, dibujo que goza  
infinitamente pues con él siente que vierte a plenitud toda su espontaneidad.  Sin pensarlo  
demasiado, deja que las formas aparezcan, que las líneas de los personajes surjan.   
Después las tonalidades, las sombras que otorgan volumen y profundidad a esas líneas. El  
dibujo significa entonces libertad, libertad que después pasa a la tela traducida a una  
composición distinta y en donde plasma la calidez y la frialdad de los colores que en  
general en su pintura son tonos cálidos a la manera de Rembrandt, Munch, Lautrec y Van  
Gogh, porque esa calidez para Luis Filcer es la vida. Sobre el lienzo delinea, embarra,  
mancha y difumina con suavidad, y de esta suavidad obtiene la fuerza y el contraste. Así,  
paso a paso... momento a momento... color a color... el cuadro toma su forma definitiva y  
la luz que desea reflejar en los personajes.
 
Cuando Luis Filcer pinta, le interesa interpretar sus ideas y las emociones que las  
acompañan de manera rápida y espontánea, por ello la técnica que utiliza desde hace más  
de tres décadas es el acrílico que le permite la rapidez en su trabajo. Y ahí están sus  
cuadros, sus escenas frecuentemente no terminadas, como lo hacía Munch o el grandioso  
Miguel Ángel en algunas de sus esculturas.

Y, ¿cuándo es que está terminado un cuadro de Luis Filcer?
En el momento en que el cuadro lo dicta, aquel instante en que su pincel le avisa que se ha  
plasmado todo aquello que deseaba expresar...

Creador de una obra pictórica de suma importancia, Luis Filcer hace en cada uno de sus  
cuadros un inigualable alarde de técnica y expresividad que no sólo impacta los sentidos  
sino que rebasa lo estético y se adentra en nuestro espíritu impactándolo como muchos  
líderes del expresionismo europeo.  Con un lenguaje plástico propio nos ha llevado durante  
años a diferentes mundos temáticos y realidades que lo inquietan.  Como él mismo dice:  
"he aprendido a ver el idealismo como la forma más pura del realismo", y así ha buscado  
plasmar en su obra sus inconformidades, gozos y la filosofía de vida que posee.













Inspirados en la obra literaria de "El Proceso" de Kafka, están sus cuadros representando  
la injusticia y su contraparte la justicia, esa virtud tan poco conocida por los hombres y  
que se inclina a dar a cada uno lo que le pertenece, ya que:

el justo en oposición al injusto otorga su lugar a cada cosa...
el justo cumple en sí mismo la función de la balanza...
el justo está más allá de las oposiciones y contrarios...
y como afirma el Talmud:

con un solo justo sobre la tierra, se sostendría el mundo...

Por su admiración a Van Gogh como hombre y como artista, está una serie de obras en  
las que resalta la actividad creadora exuberante y compulsiva del genio.  En este  
homenaje, el talentoso pincel de Luis Filcer refleja enormes campos de trigo bajo  
angustiosos cielos y la profunda tristeza y soledad que vivió este hombre...

Las ventanas, esas aberturas que permiten la recepción de la luz y el paso del aire, es otro  
de los temas que Luis Filcer pinta.  Ventanas a través de las que alguien siempre espera  
que algo suceda y penetre desde fuera, o esas ventanas que también ocultan lo que sucede  
en el interior y que aun no sabiéndolo, imaginamos. Ventanas y también espejos, láminas  
de cristal azogado sobre los que algo se refleja, ese rostro y ese cuerpo que nos es  
desconocido y donde nos encontramos ante el misterio de ¿un reflejo de la verdad...la  
sinceridad...el contenido del corazón...la muerte...o los sueños...?

Sí, sueños como aquellos del tren que simboliza la imagen de la vida colectiva...de la vida  
social... del destino que nos lleva...  Tren que en la actualidad se ha visto convertido en ese  
transporte llamado metro y donde, como escribiera Alejandro Slucki sobre esta serie de  
pinturas de Luis Filcer: "Cada vagón es inventario de pequeños mundos que  
conviven...donde se concentran todos los colores, blancos y negros...todo oficio...ricos,  
pobres, ateos, creyentes, músicos y comerciantes..." Y es a través de este transporte  
subterráneo que su pintura muestra la soledad e incomunicación que existe entre los seres  
humanos, soledad entre las multitudes, donde cada quien habita solo, con sus propios  
pensamientos y su propio mundo...

Inspirado en esta soledad entre las multitudes, Luis Filcer desliza sus pinceles para captar  
los instantes de los días de carnaval, de esa mascarada donde explotan las almas de  
hombres y mujeres que se atavían o desnudan...que bailan y gritan hasta sentirse  
totalmente libres, dueños de ese ser que desearían ser y de sí mismos...

Y entre el jazz sensual y desgarrado, las pasarelas de los cuerpos y la danza también está  
la soledad contenida en los casinos, mesas de juego donde los solitarios uno al lado del otro  
apuestan porvenires sin mirarse y sin cruzar palabra alguna...  Sin embargo, no toda  
soledad es soledad acompañada.  También existe aquella propia de la creatividad artística.

Para Francisco José Bernal la pintura de Luis Filcer implica el análisis, la invocación  
desesperada, la demanda y advertencia.  "Así en los cuadros que dedica al tema de los  
pecados capitales: lujuria, avaricia, ira, soberbia, envidia, gula y pereza, se plasma un  
impactante reflejo de las bajas pasiones de los hombres, en donde los tonos oscuros  
muestran el fondo de esa pasión y en primer plano los pecados...

Aunque no como un contrario a los pecados capitales, está el concepto de la verdad, ese  
valor humano del que tanto se habla pero pocas veces es ejercido entre las vidas de los  
hombres.  La verdad como cada quien la entiende y representada por Luis Filcer como  
una mujer hermosa que camina desnuda entre a mascarada de seres humanos, mujer-
verdad que es joven y con el tiempo envejece y se deforma. Verdad que nace cuando la  
mentira muere, verdad de cada quien y verdad de todos...

Para el mundo la fiesta brava es eso, una fiesta.  No así para Luis Filcer quien siente y  
pinta de ella una tragedia, un drama donde torero y toro, ser humano y bestia se  
confrontan y alguno muere, así sus cuadros con el tema de la tauromaquia nos recuerdan  
algunos versos del poeta español Blas de Otero:

                                                   Porque vivir se ha puesto al rojo vivo
                                                   (Siempre la sangre, oh Dios fue colorada)
                                                   Digo vivir, vivir como si nada...
                                                   Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
                                                   más inmortal: aquella fiesta brava
                                                   del vivir y el morir.  Lo demás sobra.

Y así como los toros son vistos desde la barrera, también hay poderosos que oprimen y  
miran a los otros desde sus balcones, o tras las rejas o los palcos donde el teatro de la vida  
transcurre.  Los hombres y mujeres en la pintura de Luis Filcer habitan ese teatro donde  
existen todas las representaciones.  Los actores toman vida a través de sus papeles  
cambiantes y los espectadores a su vez están en ese teatro del mundo proyectándose,  
identificándose y recreando toda situación que enferma y a la vez alivia el malestar  
humano.



Lienzo tras lienzo Luis Filcer al pintar, denuncia, censura la injusticia, la violencia, el  
poder político y económico. Descompone su yo y vive en los personajes que inventa, actúa  
a través de ellos y termina por descubrirse a sí mismo y darse cuenta que todo ser humano  
posee multitud de rostros...infinidad de personalidades...

Así Luis Filcer en una de sus más recientes series de dibujos y cuadros pinta naves y sobre  
ellas a esos locos que navegan en pos de la libertad y de un encuentro consigo mismos.












Luis Filcer decidió ejercer la locura del arte, de la creatividad y la expresión.

Si fuera necesario equiparar la obra de Luis Filcer con alguno de los elementos vitales de la  
naturaleza, el elemento de mayor presencia sería el fuego, fuego y fuerza en los rasgos, luz  
y sombra entre las líneas siempre vigorosas, a la vez que espirituales y sobrias.  Fuego en  
cada trazo que muestra sus vivencias, la intensidad del momento y captura del instante,  
pero también la conciencia, el dolor intrínseco y el eterno cambio que implica la  
existencia.

                                                                                                                      Andrea Montiel

                                                                     Texto para el video promocional del pintor 1996
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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