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                         LA COSMOGONÍA PICTÓRICA DE JUAN REYES HARO

















Juan Reyes Haro es creador de una obra pictórica asombrosa a través de la cual da a luz,  
con sus filigranas mágicas, universos fantásticos e historias plenas de encantamientos y  
sortilegios.

Desde pequeño le gustaba escuchar las narraciones de su abuelo quien contaba un  
sinnúmero de leyendas sobre aparecidos, brujas, espantos y nahuales.  Relatos donde  
surgían fantasmas, monstruos, seres sobrenaturales e increíbles.  Esos recuerdos siempre  
vivos en él, comenzaron poco a poco a aflorar transformados en ideas nuevas que a su vez  
se convirtieron en imágenes.  Junto al deseo de adentrarse en lo mágico lo acompañó una  
inquietud por descifrar la vastedad y riqueza de la herencia cultural del arte clásico griego  
y romano, del arte céltico y egipcio y de todo ese lenguaje ritual y misterioso de los  
mundos prehispánicos.

Ávido lector, día a día prosigue internándose en los libros que le descubren algo novedoso  
y constantemente se nutre de las expresiones artísticas del Medievo y del Renacimiento.    
Admira las obras de los pintores de la Época Galante y aquellas de los Pre-Rafaelistas.  
Gran huella han dejado en Juan Reyes Haro artistas como Giotto, Durero, Masaccio y  
Andrea de Mantegna entre muchos otros.  Huellas que con el paso del tiempo hicieron  
surgir en su pincel, un concepto integral de ser humano, de su ingeniería y misterio. La  
creación de su cosmogonía pictórica es síntesis de todo esto, del legado de multitud de  
seres humanos que han existido a través de los tiempos.

Entre sueño y vigilia su obra recorre temas bíblicos, mitológicos, mágicos y sobre todo  
simbólicos.  Cada cuadro es una trayectoria interminable de imaginación a través de la  
cual sus figuras visibles, sugeridas e invisibles, son comunicadas al espectador con un  
colorido monocromático, trazos finísimos, y un propósito de naturaleza espiritual, moral,  
religiosa y emotiva.

Su obra posee multitud de alegorías, de atmósferas visionarias y  poesía.

Juan Reyes Haro es egresado de la Facultad de Arquitectura y la Escuela Nacional de  
Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, institución que en 1963  
le otorgó una beca en Florencia, Italia para estudiar las técnicas del fresco. Su vida como  
catedrático es vasta, ya que la docencia lo apasionó durante muchos años.  Fue Maestro  
de Artes Plásticas en diversas secundarias, en la Escuela Superior de  La Esmeralda, los  
talleres infantiles dependientes del Instituto Nacional de Bellas Artes, la Facultad de  
Arquitectura de la UNAM y en la Universidad Pedagógica de Acapulco, Guerrero.   
Asimismo impartió cursos de Expresión Plástica con materiales de desecho en el Museo de  
Arte Moderno y en Colegios de Bachilleres en Iguala y Tlaxcala.  A partir del año de 1986  
renuncia a la enseñanza para dedicarse de tiempo completo a la pintura.

Desde 1964 a la fecha ha participado en multitud de exposiciones donde su obra ha sido  
admirada.  Es acreedor de Menciones Honoríficas otorgadas por la UNAM, el Instituto  
México Norteamericano de Relaciones  y el  INBA.  Por su obra posee también un Primer  
Lugar en la Ciudad de Guatemala y uno más de Nuevos Valores en pintura de la UNAM.   
En 1984, el INBA lo distinguió con un premio de adquisición.   Pinta desde hace más de  
treinta años, sin embargo hace apenas un poco más de una década que dedica todo su  
tiempo a la creación.

En sus épocas preparatorianas ya incursionaba en el dibujo y la pintura.  Elaboró  
entonces proyectos para murales, acerca de los cuales él mismo dice:  estaban muy  
alejados de la magia y eran temas realistas que se enfocaban a nuestro momento  
histórico, aquel de los años de 1958 a 61, tiempo de una fuerte actividad política en el que  
los jóvenes  luchábamos por un ideal, ese tiempo de dificultades constantes sufridas por la  
Universidad, los ferrocarrileros, los maestros, los médicos, el drama en la preparatoria de  
San Ildefonso, los granaderos golpeando a los estudiantes y toda esa juventud rebelde,  
sincera y socialmente ofendida...

Poco a poco el pincel de este artista, dejó a un lado el realismo y dio un viraje total hacia el  
concepto universal de ser humano con todos sus mitos, símbolos y problemáticas. Su  
objetivo fundamental ahora, es realizar obras llenas de imaginación que involucren  
las contradicciones que siempre aquejan al ser humano.

Cuando Juan Reyes Haro se enfrenta a un lienzo vacío necesita que la tela le sugiera algo  
y el interior de su ser transite por un momento maravilloso o crítico.  Después reflexiona y  
comienza la búsqueda de las facetas ilusorias,  las apariencias quiméricas y los matices  
fantasmales que plasmarán el cuadro hasta llenarlo totalmente.  Soledad y silencio son  
indispensables en su quehacer pictórico, a través de ellos entra en contacto consigo mismo  
y con la pasión a flor de piel, pinta de mañana, de noche, sin horarios preestablecidos, sin  
escatimar un solo detalle, incluso si el cuadro no le satisface, es capaz de destruirlo por  
completo y volver a empezar de nuevo.

Al comenzar a trabajar sobre la tela en blanco, primero la mancha, le imprime colores y  
de repente aparecen seres que toman vida, que salen de todas las esquinas, seres  
incipientes que poco a poco se apropian de la luz y conforman una atmósfera a través de  
la cual logra una composición insospechada. Su pincel zurce, teje, borda memorias que se  
adhieren a los cuerpos, a los rostros, manos y cabellos. En sus vestuarios imprime las  
actitudes de almas que con el tiempo se acumulan en otras almas. Gusta de los contrarios,  
los desdoblamientos, las metamorfosis constantes, porque para él, los seres humanos  
tienen otros seres dentro de ellos. Uno mismo es varios seres al mismo tiempo y en el  
mismo espacio.

En el momento de creación, Juan Reyes Haro ama a todos los seres vivos,  pero  
principalmente a la mujer.  De ella le apasionan la sensualidad, capacidad de procreación  
y transformación de su naturaleza.  Ama también a seres fantásticos, doncellas y  
mancebos,  hechiceras y magos, faunos yunicornios, esfinges, ninfas y arcángeles a los  
que viste con exquisitos atuendos, encajes y velos que nos hacen sentir la presencia del  
viento, ese cómplice de todos los contornos de los hombres, viento que con su sola mirada  
está por todas partes.

Sus cuadros son sueños pletóricos de símbolos, aves, máscaras, armaduras y cofres donde  
se guardan múltiples secretos.  Sutiles sueños que nos envuelven con imaginación  
desbordante y a través de los cuales crea una cadena de historias, de espacios habitados  
por moradores etéreos, transparentes, incorpóreos. Espíritus deambulantes donde la  
herencia de siglos se incrusta y sus cuadros se invaden de entes casi imperceptibles.  Se  
invaden de espejos, humo, príncipes encantados y monstruos en encierro, seres-metáforas  
que se transfiguran entre la luz y el color, la perfección y las deformidades.  Rostros con la  
mirada suspendida y diálogos que intentan detener el tiempo que transcurre lento,  
hilvanándolo hasta hacerlo desaparecer. Gritos silenciosos de gárgolas que reencarnan en  
cabezas humanas, cabezas bestia y hombres animales.

Así construye cada cuadro, cada figura que camina con su languidez a cuestas.  Cuadros  
que vislumbra paso a paso entre personajes que se agrupan y toman sitio hasta lograr su  
manifestación total.  Cuadros que tienen un inicio a veces muy distinto de lo que será  
después.  Porque en la pintura de Juan Reyes Haro las figuras se transforman, se mueven,  
eliminan y sustituyen por aquellas que finalmente vivirán con él.

Y ¿cuándo concluye una obra?  En el momento en que todo está en su sitio y nada falta.   
Cuando la tela ya no puede decir más y en su pincel surge el deseo de que el cuadro tome  
su camino y tenga vida propia.  La magia se ha logrado, esa magia del arte que para Juan  
Reyes Haro es su filosofía, su religión, algo por lo que en su vida lucha y siempre luchará.

                                                                                                                      Andrea Montiel

                                                                                          Texto para el libro objeto del pintor
                                                                                                                                agosto 1997
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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