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LAURA FERNÁNDEZ-MACGREGOR MAZA: Rompeolas


Rompeolas llegó a mis manos gracias a Eduardo Luis Feher cuando aún no conocía a Laura. Lo primero que me pregunté fue por qué el título:  ¿por qué Rompeolas?

Un rompeolas es una barrera natural o artificial hecho de piedras o cascajo, que se interpone entre el mar o un lago y la costa o la orilla. Su cometido es interrumpir el oleaje para proporcionar aguas tranquilas en un puerto.

Ahora pienso en el libro de Laura: ¿a qué se refiere con su Rompeolas? ¿De qué material está construido? ¿con qué fines? Hojeo sus páginas, recorro sus palabras, descubro el sentir y los pensamientos que fluyen y se detienen en los poemas. Vislumbro presencias en sus versos, las estrofas nos hablan del vuelo, de los recuerdos, del tiempo que fluye y se manifiesta a través de las experiencias de la piel, del cuerpo, de la carne, del amor. Nos hablan también de la razón, los sueños, las imaginerías, las preguntas acerca de la vida, de la muerte y del retorno al origen.

Leo su primer poema. Sin que se dé cuenta, me acerco a Laura y la encuentro asomada a la ventana mirando un rompeolas, escuchando al mar y escribiendo:


Hipnotizada por la magnífica
brutalidad del mar;
por su mágica transformación
a etérea espuma;
imaginé el choque de dos colosos
en nuestro ser:
carne y razón.

En este momento intento comprender su alegoría. Intuyo que el MAR del que nos habla es la existencia, la inmensidad profunda de la vida y sus vaivenes; que el SER es al mismo tiempo materia y pensamiento; que el ROMPEOLAS atenúa la lucha del estar en el mundo hasta encontrar tranquilidad para el desprendimiento, y la ESPUMA ETÉREA, podría ser el alma, el espíritu o aquello intangible que somos y viajará hasta encontrar el llamado paraíso, cielo o eternidad.

Sigo leyendo y confirmo mis palabras al darme cuenta que, páginas más adelante, Laura nos habla del retorno, de la separación del espíritu y el cuerpo, y sin mirar atrás, del regreso a los orígenes, a la nada, al vacío, al hogar cósmico. Sus pensamientos son cataratas, olas que deambulan entre la soledad que a todos nos envuelve. Y entonces huye a los bosques, los de Wisconcin, tras la melancolía y la añoranza de un ser amado y se pregunta: ¿por qué razón nací?   Y siente su ser como una vasija en espera de que el amor la llene. Sin embargo, aunque sabe que el amor es imán, magnetismo, sensación de eternidad, el amor fenece. Sólo quedan las maravillas vividas, las que habitan el cuerpo del recuerdo, los sueños, y el gozo de lo amado en una piel insuficiente para contener la pasión que se desborda.

Trata de conjugar el verbo hubiera, ese verbo inexistente, el que deberíamos haber conjugado antes de que pasara el tiempo que ahora escasea. Se da cuenta que leer más profundo bajo la piel a veces es en contra. La belleza externa que nos seduce, en ocasiones no concuerda con la de adentro. Aún así insiste en cantar a ese misterio que es el amor como en su breve poema:

ENIGMAS

Si lograra descifrar
el enigma del amor
podría definir
el universo.

Y espera que el sueño la aconseje, le revele lo incomprensible, le hable con sus gestos de humo mientras las palabras demoledoras de otros la cimbran.  Toda belleza es cruel, nos enamora, y el amor nos abandona.

Entre sus poemas el tiempo surge a cada momento. El tiempo rítmico, cíclico, ese tiempo que inicia desde el momento en que un ser se gesta, con un alarido nace, después su vida juega, brinca, surgen los apetitos, el hambre de vivir, hasta que la calma se apodera de sus pasos. Y cuando la razón despierta, Laura habla de TIZNES, de cenizas que se decantan en forma de memorias, del amor que quedó vivo en imagen, del amor sin carnes. Tal vez sea necesario derretir el corazón en la furia de los mares antes que someterse. Porque para ella es necesario protestar ante LA MUJER SUBYUGADA, conquistada, dominada, que deja de serlo cuando busca libertad y encuentra su condición de ser, sola, de estar aún entre el amor que con palabras se disfraza como lo muestra en su poema:

DISFRAZ

Las palabras, armas letales,
con suavidad destrozan.
Hipócritas aniquilan
aún cuando destilan miel.

Su disfraz: "vaho y aliento"
es invisible y perfecto.

Volar es imprescindible, y COMO EL PEGASO, Laura en sueños vuela. Pero el cuerpo con su ancla de razón, la mantiene en tierra y sufre y escribe:

CONDENAS

Imagino el sufrimiento terrible
del condenado a muerte.

Nunca pensé superarlo.

Cuando te fuiste sucedió…
Me condenaste
a vida.

Estos versos y el nombre de Laura, me han hecho recordar a Mario Benedetti en su poema titulado ÚLTIMA NOCIÓN DE LAURA del que cito un fragmento:
                                                                   martín
                                                          martín cómo era
                                                     los nombres se me caen
                                                    yo misma estoy cayendo

                                                       usted de todos modos
                                                         no sabe ni imagina
                                                        qué sola va a quedar
                                                                mi muerte
                                                                sin su vida.
El transcurrir es inevitable, y sin advertirnos, el tiempo nos transcurre como ella dice, en:

UN PARPADEO

Cada parpadeo indica
el paso veloz del tiempo.
En un abrir y cerrar de ojos
se fuga la vida.

Sin embargo, la poesía de Laura aún piensa en la lujuria. En el deseo que le tatuó la piel y sobre ella habita, vive, late con su recuerdo necio de querer recuperarle. Acude a la imagen de la CAPILLA SIXTINA con sus palabras:

… la luz inundó mi vacío.
Imaginé una mano extendida
como la de la Capilla Sixtina.
Con esperanza me impulsé
a alcanzarla.
Supe que al tocarla
renacería.

Y renacer es el asunto, con vehemencia la libertad lo impone. Entonces entre sus páginas Laura nos marca que ama las flores y trata de transformase en ellas: magnolias, gardenias, anturios, mas no la orquídea, porque como ella escribe:

Soy libre.
No tengo necesidad
de asirme a un árbol
para florecer.


La vida es como un tren, el camino sus vías. Y Laura hace una analogía con su transcurrir diciendo:

Ambos aguantamos lastres
a través de los años.
El tren en la estación descarga,
mientras yo en cada estación
con la que nos engaña el tiempo
acumulo más cargamento.

…El túnel con su nefasta bocaza
impávido lo aguarda…

Ahí, en la oscuridad del túnel, en su recorrido hacia el final de la vida, sus fantasmas cambian de sitio el sueño. La infancia resurge cuando la ve perdida. Los sentimientos se tornan feroz perro guardián, mundo deshilachado, un corazón que se desmorona ante la muerte de los otros, y que tal vez alcance más tarde en la inmensidad. Sus palabras se tropiezan, ligeras, libres, cautelosas. Intentan aclarar, como ella los llama, los "pensa-sentimientos". Pero las palabras no bastan, son seres incapaces para comprender y expresar el indefinido "ESO" que aguarda y convierte su devenir en un calvario. Aún con todo, dan forma a secretos que callan como lo muestra su poema SOLEDAD con la que Laura expresa:

Derroché mi vida.
Presumí sus bondades permanentes.
Su curso cambió y me dejó
en la soledad corrosiva
que sólo quien la vive,
sabe.


La memoria, esa extraña facultad que olvida, desvanece sus vivencias y, aún con todo, recuerda sueños inexistentes, los distintos amores que la habitaron o tal vez inventó. El aire la conduce al desasosiego, y comprende que lo dulce, tierno y amargo, a veces pasan de largo como nubes que se dispersan sin dejar rastro.

Muchas de sus páginas están llenas de sentencias breves, de su experiencia vital y contacto con el mundo, de ese que parecía perfecto, donde el amor es indefinible. Los sueños la rebasan y piensa… y cito su poema:

MONTAR LUCIÉRNAGAS

¡Qué difícil estar a la altura
de  mis sueños!
Sería como montar luciérnagas
para navegar los cielos.

Y siempre quiere volar para atrapar la vida que se escapa. Pero anda A TIENTAS, como invidente, y trata de adivinarse en el reflejo de otros ojos aunque la engañen. Se sabe cautiva de su propio cuerpo. Y le ruega al amor un retorno para cosechar entre los años yermos.

Ahora de nuevo miro a Laura, la imagino niña, jugando, en esa edad donde los recuerdos apenas existen. Niña en el SUBE Y BAJA de la vida y en el que concluye:

…de un lado la carne
del otro el raciocinio.

… la carne pesa demasiado.
¿Y la razón…?
Sale volando.


Gracias Laura por tus poemas. Por recordarnos que el tiempo vuela como los sueños. Por no olvidar el deseo de renacer al tacto, la caricia y la entrega mientras estemos vivos. Y porque todos, antes de partir, necesitamos un ROMPEOLAS que mitigue la furia del mar ante aquello que aún nos detiene en tierra.

                                                                                                                     Andrea Montiel

                                                                                        (Palabras en la presentación del libro
                                                               en Club de Industriales dentro del hotel JW Marriot,
                                                                                                                               28 abril 2011)
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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