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KRZYSZTOF AUGUSTIN  y la sabiduría del instinto















"Más que vivir, me gusta soñar", dice Krzysztof Augustin. Sin embar­go, los sueños  
aunque sueños sean, no dejan de tener referentes con la realidad y con algunos elementos  
del mundo que todos de una manera o de otra compartimos.

Así, los sueños pueden estar anclados al fuego, al aire, al agua o a la tierra firme. A estos  
últimos, a los de tierra firme, pertene­ce la obra más reciente de Augustin: "Sueños sobre  
escenas de caza".

Los 23 cuadros que integran esta serie, realizados con técnica mixta sobre papel, narran  
una historia, el mundo interior de un pintor que se expresa, como él mismo lo subraya, de  
manera lírica e intimista y donde lo importante no es el aspecto anecdótico ni la  
demostración de nada, sino plasmar los propios sentimientos y vivencias, la propia  
historia alrededor del amor, del odio y la soledad.

Proveniente de Polonia, Augustin radica en México desde hace 7 años. En ambas culturas  
encuentra rasgos y características muy semejantes: la nobleza, la tolerancia, la paciencia  
y una especial capacidad pa­ra sobrevivir. Con ellas experimenta dentro de sí mismo, una  
fusión que ha ido mostrándole el camino donde encontrar su integridad. Junto con esta  
fusión, con sus viejos recuerdos que no ha acaban de morir, una infancia en medio de un  
mundo lleno de mentiras y aquello que aún no nace, surge su pintura.

Para Augustin pintar es un oficio que en él nace sin darse cuenta. Un oficio que algún día  
lo llevará al verdadero "arte" concebido como un camino para penetrar los secretos del  
alma humana.  Es a partir de 1976 cuando descubre que el quehacer pictórico es una  
necesidad, una forma única e insustituible para descubrir y entender la agresividad en la  
que está inmerso. Pintar se convierte poco a poco en una especie de narcótico con el cual  
le es posible comunicar su mundo interior con todo lo que le rodea.

Augustin pinta y crea, no para ser entendido, sino para entenderse a sí mismo. Lo que  
siempre ha tratado de encontrar es un lenguaje y tema propios, y la forma de lograrlo ha  
sido durante los momentos en que todo emana y fluye a través de su inconciente, en  
medio de esa frontera entre la lucidez y la ceguera. De aquí la importancia de los sueños.

En los sueños de Krzysztof Augustin persisten pesadillas repentinas deseando huir a algún  
lugar distinto de éste en constante lucha. Por eso en su pintura está presente la  
incapacidad de amar, una sensación cada vez más decadente del mundo y las fuerzas  
destructivas que lo ori­llan a un precipicio de melancolías y nostalgias reviviendo el dolor  
del pasado. Acepta sentirse incapaz de vivir a plenitud el presente, sueña con el futuro y  
sólo a través del pasado aprende a ver y curar sus cegueras.

En cada cuadro existe la remembranza del arte rupestre, del hombre primitivo  
combatiendo la naturaleza,. enfrentándose con la especie animal, pero al mismo tiempo  
formando parte de ella, .confundiéndose con ella.













En "Sueños sobre escenas de caza", Augustin pinta, juega y sueña con la muerte. Las  
siluetas danzan en medio de una cacería donde no se sabe quién tiene las armas, ni quien  
destruye a quien. Cazadores y víctimas intercambian su papel en un campo de batalla que  
no es otra cosa sino la vida misma. La tortura y el dolor toman sitio en cual­quiera de las  
partes, al lado de un erotismo extraño, como de bestias fantasmales. Los venados se  
transforman en lobos, los lobos en toros, en perros.  Los mamíferos seducen al hombre,  
un hombre deforme, sin rostro y con largos brazos y piernas que se extienden como  
queriendo alcanzar cielos y soles rojos, o esconderse entre sombras nocturnas. Es un  
combate por la existencia más primitiva en medio de texturas invernales, pri­maveras y  
fuegos de verano.

Ahí, dentro del drama y confusión de esta animalidad humana, está la luz de esta obra, y  
asimismo, en su colorido contrastante de verdes, azules, rosas y naranjas, color surgido  
del arte popular del pueblo polaco y tal vez también, de nuestro pueblo mexicano.

Por sus raíces, Augustin se siente profundamente relacionado con el expresionismo  
centroeuropeo. De aquí que al mirar su pintura recordemos a Henri Matisse con sus líneas  
rítmicas y sinuosas, especial­mente en su cuadro intitulado:
"La danza", tema que también está pre­sente en Kokoshka o en Picasso.

Augustin al afirmar la importancia de la búsqueda y encuentro del mundo propio, admira  
los mundos pictóricos creados por Rembrandt, Caravaggio, Goya, Chagall, Van Gogh y  
Munch. Los mundos literarios de Dostoyewski, Proust, Kaffka y su compatriota Joseph  
Conrad, pudién­dosele incluso relacionar con este último, de cuya narrativa puede co­
mentarse que está dominada por tres figuras: el laberinto, el explo­rador y la meta.  
Laberinto que es la sociedad misma, el explorador que vaga, e interrogando intenta ver el  
rostro de lo secreto, de una meta inexplicable que ha de ser comprendida.

Así, en la pluma de Conrad y en el pincel de AUGUSTIN, hay un parale­lismo de  
contenidos: explorador y cazador, laberinto y batalla, meta y misterios del alma humana.

Lo que importa a este pintor es lograr con su trabajo una verdadera obra de arte, como  
decía Picasso:  "aquella donde se sienta el latir de un coraz6n y el pulsar de una sangre".

Lograr a través de la imperfecci6n de las formas de una mano que co­noce a profundidad  
el dibujo, un espíritu que haga vivir al cuadro aún con el transcurrir del tiempo.

Seguir pintando, aunque le duela mucho, muchísimo, ya que cada obra suya surge de  
una vivencia fuerte, dolorosa pero que al mismo tiempo le invade con el placer de haberla  
hecho y haber1a terminado.

Lo que importa a KRZYSZTOF AUGUSTIN es reencontrarse con los límites propios,  
luchar contra la vanidad y el vacío, llegar a la pureza de los seres sencillos, de aquellos  
cuya intuici6n y sueños están cimen­tados en la sabiduría del instinto.  


                                                                                                                                                                     Andrea Montiel  

                                                                                                                                           Revista La Plaza   Enero 1988.    
                                                                                                              Martín Casillas. Crónicas de la vida cultural.    
                                                                                                                                                                               AÑO III, 29
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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