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Ignacio Solares: La noche de Ángeles














Ignacio Solares, ganador del premio Diana Novedades 1991 con su novela La Noche  
de Ángeles, supone que "la ventaja del novelista es que puede llenar con la  
imaginación los huecos que deja la historia" y que a fin de cuentas, "lo que importa es  
el halo que dejan los hechos, más que los hechos mismos". Y esto es lo que sucede en  
su obra premiada que nos remite a un lapso de la historia revolucionaria de nuestro  
país a través de la vida de un hombre que fue muy poco reconocido por la historia:  
Felipe Ángeles.

Y ¿por qué tu inquietud por escribir y realizar una novela acerca de temas históricos  
y especialmente de este personaje revolucionario?

"Llegué a la historia por casualidad o por azar, que es como creo que hay que llegar  
siempre a las cosas, no programarlas. Lo importante en nuestra vida siempre lo  
cargamos como una sombra más que como un acto lúcido, esclarecido y determinado.  
A ciencia cierta nunca sabemos porque hacemos las cosas. Un escritor no sabe  
porque escribe y mucho menos para qué, sin embargo podría decir que llegué al tema  
histórico por un camino extrañísimo, ya que en general la historia fría de cifras, datos  
y fechas me resulta muy aburrida. Por experiencias anteriores especialmente cuando  
escribí mi libro 'Delirium Tremens' presencié un experimento muy interesante que  
llevó a cabo el Seguro Social relacionado con la transmisión de pensamiento. Llegué a  
interesarme tanto que me decidí a hacer algunos estudios sobre parapsicología, sobre  
todo los relacionados con el espiritismo. Madero, nuestro ex presidente había sido  
espiritista y lo que llamamos un médium escribiente, respecto de él y por una serie  
de investigaciones que hice, surgió en mí la necesidad de trasladar esto a la literatura  
y así lo hice a través de mi libro 'Madero, el otro' Fue al adentrarme en la figura de  
Madero como descubrí a Felipe Ángeles".

"Madero fue un hombre iluminado, más bien místico y no político, quien entró en la  
política casi como una obligación dictada del más allá. Su presencia dejó huella en  
muchos otros muy distintos entre sí como pudieron ser Villa, Zapata o Felipe  
Ángeles, pero fue especialmente Ángeles quien quedó "tocado" por Madero y tuvo así  
una especie de fascinación por este aspecto de la personalidad del hombre a quien  
acompañó hasta el último momento".

Aunque opuesto a Madero en muchos aspectos, nos dice Solares: "Felipe Ángeles lo  
siguió en el extraño sueño de la trascendencia y del ideal. Lo que más profundamente  
me interesó de este personaje es lo que llegué a intuir de él, más que a conocer, ya  
que muy poco hay escrito al respecto. Me declaro un convencido del importante  
papel de la intuición y podría afirmar que casi reconstruí la figura de Ángeles a través  
de la imaginación más que del conocimiento histórico. El Felipe Ángeles de mi novela  
está definitivamente contaminado por mis propias obsesiones. Este hombre es un  
personaje tan importante que casi es el Quijote de nuestra historia y por ello  
necesitamos revivirlo. Hay que pensar que los héroes en los que se apoya nuestra  
identidad nacional son terroríficos, todos con una afán de poder por el poder mismo.  
Los mexicanos vivimos en medio de una identidad nacional absolutamente falsa.  
Rescatar una figura histórica íntegra, humana y justa, como la de Ángeles, es  
imprescindible, así como necesario es bajar de los pedestales a los falsos héroes y  
conocerlos como realmente eran, de carne y hueso, aunque esto sea un costo altísimo  
para la historia y para los regímenes oficiales".

En cuanto a la estructura de la novela, Ignacio Solares utiliza un sinnúmero de  
símbolos y recursos que le dan a la narración un hilo conductor que lleva a los  
lectores de la mano desde las primeras páginas hasta la última de sus líneas. Así  
aparecen una barca (¿un transporte hacia la muerte?) que conduce a Felipe Ángeles  
por el río Bravo hacia algún lugar que no sabemos; un remero (¿la muerte misma  
transportándolo para al fin llevárselo con ella?) que con él dialoga y lo confronta;  
varias voces, una interna (¿la conciencia que demanda, juzga, examina, enfrenta?),  
otra fuera de él que todo lo sabe, una voz omnisciente, muchas voces más que  
pertenecen a los demás que rodean a Ángeles y que en un lapso de tiempo  
indescifrable, le cuentan parte de la historia de su vida antes de su muerte. Hay  
diálogos, descripciones, acción y la presencia constante de caballos que huyen, que  
representan el miedo, o esos caballos arquetípicos portadores a la vez de muerte y  
vida, o esos otros que de acuerdo a la teoría psicoanalítica son símbolo del  
inconciente, de la memoria del mundo, del tiempo o de la impetuosidad de los deseos.  
Y cito de una de las páginas de su libro:

O aquellos caballos de sus sueños, ¿los vuelve a ver? Caballos alazanes, retintos,  
bayos, negros tumbados y varados en la orilla de un río -tan turbio como este-,  
agitando sus largos pescuezos y emitiendo un relincho que era casi un quejido  
humano. Las patas con movimientos convulsivos y los ojos tristes, suplicantes,  
apagándose lentamente y cubriéndose de moho. O caballos que huían a todo  
galope -¿hacia dónde?-, las bridas volando, azotándoles los hocicos. Van como  
rumbo al infierno.

Y es sobre el agua de un río, sobre su negrura y profundidad, donde Ignacio Solares  
nos hace vivir la película de la vida de Felipe Ángeles la cual transcurre en un  
instante, ese en el que está a punto de morir. Felipe Ángeles es dibujado con una  
especie de obsesión onírica que el autor tiene de alguien que huye de sí mismo, de su  
espíritu, el espíritu de un hombre que se entrega a la muerte de una manera casi  
suicida, de un hombre héroe como lo fue Ángeles, comparable, como ya se dijo, a la  
figura del Quijote o del príncipe idiota de Dostoievsky, suicidas que no tienen otro  
camino sino su entrega absoluta a ¿qué? a algo que ellos vieron y que los demás no  
vemos.

"Para mí, -menciona Solares- fue fascinante plasmar un personaje que finalmente  
revivió mis grandes héroes literarios, personajes que están muy cerca de la locura y  
que nada tienen que ver con la cotidianidad en que vivimos. Por sus valores,  
representan la gran esencia del cristianismo. Mucho creo en la transmisión del  
mensaje cristiano a través de la literatura, por ello me considero un autor  
profundamente católico y por ello también traté de revivir a ese Ángeles que intuí y  
al que admiro sin medida".

Por último, ¿cuál es tu opinión acerca de la premiación de tu novela?
"El hecho de que la novela haya sido premiada, permitirá la difusión de una figura  
digna de reconocimiento masivo, además de que el libro sale con cierta bendición y  
hablando de alguien tan importante para nuestra historia. Creo que es de suma  
importancia el conciliarse con la patria a través de hombres como Felipe Ángeles".


                                                                                       Entrevista de Andrea Montiel
                                                                              publicada el periódico Novedades
                                                                                                                6 diciembre, 1991
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
Taller Tinta Libre
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