Designed by Domingo

…hoy entre mis pasos

Habito el corazón del otoño.
Una especie de epílogo del viaje a cada rincón que he atravesado. Mi tiempo trata de hallar más tiempo y una  
balanza que equilibre los encuentros. Es entonces cuando miro mi ser en la perfecta infancia, sin esa adultez con  
que los años manchan. Miro a la niña que fui y sigo siendo, y entre el sosiego de la brisa, mis memorias fluyen a  
ritmo de sonata.













Corro tras mis huellas para alcanzarme en algún sitio.
Corro hacia la claridad del gozo que tanto me bendijo a costa de vivir a imagen y semejanza de la melancolía.  
Aun con todo, mis pasos supieron qué buscar desde pequeña. Así encontré a mi padre y a mi madre. Bendigo  
sus nombres compañeros, ecos dichosos del camino, y hoy busco sus miradas y sus voces, y pesco luces en el  
aire. Aquella casa que me vio nacer siempre estará en llamas. Brindo por el mar donde surgió mi vida, y ese  
cariño oculto con que escogieron mi nombre Andrea.

























Me abrazo a hermanos que no tuve.
A cada rostro amado que partió adelantándose a mi muerte. Acaricio la imagen de aquel niño que abandonó los  
brazos de su madre antes de tiempo. También visito las ruinas de la historia que habité sin vivirla, y el lugar de  
los ancianos que fueron mis abuelos. Al recordarlos, ruego para que nadie más despierte en medio de  
la guerra.

También observo la colección de locos que encontré por las calles y me evitaron la demencia. Recuerdo como  
fui amada y también lloro por quienes no pude amarles. Ofrezco perdones a esos rostros de sol y sal de mis  
destrozos, y trato de dormir sin respirar para no hacer ruido.



La felicidad es distraída.
Pasa de largo y aprisa. Sólo deja el aroma de sus cuatro sílabas. La he gozado en incontables trozos del camino.  
Agradezco. También ansié libertad y he logrado vivirla a ritmo de tedéum. Costó soledad y largos ratos de  
silencio. Ahora ruego emigrar del mundo por uno de sus árboles hasta parir de nuevo otra esperanza.

A veces he tratado de nombrar el absoluto y arde la tinta.
Quemo presencias - nombres - espectros. Calcino rostros - deseos - utopías. Con las cenizas hilvano vestigios -
pinto paraísos- los penetro. Intento estrenar un corazón con otra sangre. Y restauro en soledad mis alas.  
Consulto augurios y mensajes desconocidos. Recurro a la magia y numerología. Mi espejo bosqueja signos  
ambiguos. Códigos exactos se dibujan. El siete es la cifra de mi dicha. Dígito que me ha enseñado a vivir sin los  
otros pero nunca sin mí.

Solitariamente luminosa deseo morir dando a luz hijos de palabras.

Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
Taller Tinta Libre
Biografías
Eventos
Colaboraciones
Page by Domingo