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HELLEN SACAL    y su mundo de doncellas y ánimas misteriosas















La mujer, simbólicamente representa el principio pasivo de la naturaleza.  Aparece como  
sirena o ser que encanta, divierte y aleja de la evolución;  como madre, patria o ciudad  
relacionándose también con el aspecto informe de las aguas y del inconciente, y como  
doncella desconocida, amada o ánima en la psicología junguiana. En esta última acepción  
se encuentran las mujeres que Hellen Sacal plasma en sus lienzos.  Mujeres, ánimas,  
doncellas y esfinges rodeadas de misterio que proyectan ese extraño enigma de las  
intuiciones cósmicas.

En su mayoría los cuadros de Hellen Sacal son rostros femeninos sobre los cuales se  
inscriben pensamientos y sentimientos que, a través de un lenguaje silencioso, tratan de  
decir algo que ante los ojos de los espectadores es indescifrable. De esta manera aparecen  
ante nosotros perfiles que dirigen la mirada hacia otros lados, cabezas cubiertas de hojas,  
flores, lunas, espirales y estrellas, semblantes con los ojos cerrados que tal vez están  
mirando el interior de su alma, cuerpos que en medio del vacío sólo muestran su espalda,  
o simplemente un corazón inmenso que habita la tierra y sus destrozos. Así como el  
misterio es una característica en la pintura de Hellen, lo es también la sensualidad de su  
colorido.  Colores fuertes, directos de la paleta al lienzo, azules, rojos y negros, sus  
preferidos, y en menor grado, los rosados y blancos.  En sus cuadros los semblantes y su  
entorno poseen ese rojo color del fuego y de la sangre, color de la vida, del amor y de las  
pasiones vivificadoras.  Su azul es el de la lejanía, del cielo y del agua, color transparente,  
puro, inmaterial y frío.   El negro, color de lo abismal, de lo nocturno y lo secreto.

Hellen pinta desde pequeña, con ese impulso inconciente de los tiempos de infancia y que  
más tarde convierte en una de las facetas más importantes de su vida.  Así comienza a  
tomar clases de pintura y participar en diferentes talleres desde el año de 1989 con la  
maestra Gina Rimoch y posteriormente con Yolande Cherem y Evangelina Elizondo.  En  
1991 colaboró en la elaboración del mural del Centro de Capacitación y Desarrollo  
Integral, A.C. (CADI):  Las Cuatro Estaciones.  Ha participado en varias exposiciones  
colectivas en el Centro Social Monte Sinaí (1990), Galería Pedro Gerson (1995 y 1997),  
Sala de Exposiciones de la Biblioteca Universidad  Anáhuac y Casa de la Cultura Quinta  
Colorada, ambas en 1996 y una exposición individual en el Centro Deportivo Israelita  
(1997).  Muchas son las técnicas que ha abordado durante su trayectoria pictórica:  el  
dibujo, la acuarela, el acrílico, las técnicas mixtas, el yeso y las telas con texturas diversas.   
Sin embargo entre todas estas, su predilección definitiva es el óleo, fundamentalmente  
cuando también añade texturas.  Este es un material que siente a plenitud.  Cada color  
huele distinto, incluso posee un sabor distinto en su paladar:  el rojo se convierte en  
grosella, el azul en tristeza,  el negro en fuerza.  Porque Hellen con sus pinceles traza cada  
rasgo sobre sus lienzos con vigor, con temperamento y logra que sus cuadros nunca sean  
obvios, sino sugeridos y así la mirada de los demás complete el significado a imagen y  
semejanza de sus propios deseos y percepciones. Aunque en sus inicios se inclina por el  
arte abstracto, lo figurativo es ahora lo que plasma en su obra.  Figura y expresión  
exóticas pues en sus cuadros mezcla la temática oriental y el colorido de la paleta  
mexicana.  Con su pincel siempre en una primera intención, espontánea, sin bocetos  
previos aunque sí con una idea original de principio, da a luz obra por obra sobre las telas.

Hellen Sacal admira a los grandes pintores, pero su gusto se inclina por Peter Max, Joan  
Miró y Pablo Picasso.  Cualquier hora del día es momento para trabajar, sin embargo ama  
la noche, la madrugada y el silencio, esos instantes en los que todo duerme y en ella se  
despiertan la creatividad y la imaginación.  La noche la acompaña.  La luz de su negrura  
toma presencia en el negro de sus lienzos llenándolos de misterio y de los enigmas que  
estas horas de sombra nos brindan.  Los colores flotan en sus cuadros que son manchados  
en su totalidad con pinceladas decisivas las cuales une el manejo de la espátula, el rayado  
sobre la pintura ya plasmada, e incluso el óleo directamente impreso con sus manos con  
las que moldea formas y da texturas diversas.

Sentirse libre al pintar es lo importante para ella, además de utilizar una temática que la  
conecte con el cosmos, con esos mitos sobre el origen del universo o el nacimiento del  
mundo.  En sus telas continuamente se observa la presencia del reino vegetal y del  
corazón, órgano vital y central del cuerpo humano cuyo significado se relaciona con la  
emotividad y la sede del amor, aunque también con la intuición y la sabiduría.  Sus  
cabezas donde se ubica el pensamiento, la razón, la voluntad y la memoria, con frecuencia  
están cubiertas, coronadas de flores, velos o túnicas, significado de recogimiento,  
concentración espiritual y reunión del misterioso proceso  de individuación y  por supuesto  
el impulso por comprenderlo.

Así Hellen pinta,  porque ama pintar y con ello desea encontrarse a sí misma entre su  
inmenso colorido que se transforma en múltiples símbolos todos encaminados a la  
búsqueda de lo esencial y de una plenitud definitiva.  Durante este recorrido, ha transitado  
por varias etapas, más que técnicas, temáticas.  Ha pintado imágenes abstractas, niñas  
mexicanas cuyos atuendos hacen alarde de las tradiciones mexicanas tan nuestras;  ha  
pintado paisajes, desnudos, y ese reflejo que somos todos los humanos.  Ahora pinta  
sobretodo mujeres, doncellas que sueñan, que se ocultan, que emanan sensualidad y lucen  
su belleza.  Pinta cuerpos con colores fantásticos, diferentes al color natural de la piel con  
que hemos sido creados, perfiles de blancura absoluta y semblantes que se descomponen  
entre la luz y las sombras, porque para Hellen las personas poseen muchos rostros en uno  
mismo y en su mayoría muestran sólo alguna de sus múltiples facetas.  Somos los demás  
quienes debemos descubrirlas.

Así es como la pintora Hellen Sacal realiza su obra, no mostrándonos la realidad tal como  
es, sino con el filtro de sus ojos y de su concepción del mundo, que al ser convertida en  
pintura se traduce en una mezcla de espontaneidad y fuerza, misterio y colorido,  
sensualidad y ocultamiento.  Una realidad mitad sueño y mitad deseo de satisfacer su  
necesidad de expresión y entender el ser que dentro de ella habita.

                                                                                                                      Andrea Montiel

                                                                                                Texto para el libro de la pintora
                                                                                                                                   junio 1997
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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