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GINA RIMOCH: un encuentro con su ser

                                                                                                                                                        Deseo mirar aquel sitio
                                                                                                                                                             donde aparece la luz
                                                                                                                                                     que el ojo creador refleja
                                                                                                                                                                    haz de imágenes
                                                                                                                              mágico mundo de mares y montañas
                                                                                                                                                 mundo invisible del retorno
                                                                                                                                                       astro en que habitamos
                                                                                                                                                                          dame la luz...

                                                                                                                                                                 Andrea Montiel














Gina Rimoch pinta desde pequeña.  Pintar era para ella como recibir un premio que años  
más tarde se convertiría en la principal actividad de su vida, su manera de hablar y de  
expresarse.

Su formación proviene de un Centro de Estudios Tecnológicos en Coyoacán y diversas  
academias y talleres donde tomó clases con infinidad de maestros como Robin Bond,  
Martha Ramírez, Nora Beteta, Evelia Molina, Alba Stein y Eduardo Cohen, el maestro  
más importante en esa formación y quien le imprimió un gran impacto sobre su trabajo.   
A diferencia de los estudios únicamente académicos, con él, aprendió a mirar desde su  
interior y sacar lo que todo ser humano guarda en sus sentimientos.

Muchas son las técnicas que ha abordado a lo largo de su trabajo: desde el carboncillo,  
hasta el óleo, pasando por la acuarela, el gouash, grasas de zapato y todo aquello a su  
alcance, y que le permitirían obtener texturas diversas.  Sin embargo el dibujo y el óleo  
han sido las técnicas más importantes para expresarse.

Cuando dibuja, surge un diálogo con ella misma, las líneas aparecen sobre el papel y  
espontáneamente se plasman los sentimientos. Cuando pinta al óleo, además de dialogar  
con cada instante, medita, se detiene, y paso a paso se explaya hasta que el cuadro queda  
terminado. La música siempre la acompaña, y los sonidos la llevan a esa concentración  
donde encuentra los reflejos internos de su arte.

Vivir y sentir lo que pinta es lo más importante.  Por ello, ante el papel o el lienzo vacíos  
comienza una especie de viaje que la encamina a su interior, de ahí pasa a sus manos y  
pinceles, después al papel o lienzo, y con dolor o alegría, con plena conciencia o todo el  
arrebato del inconciente, ella misma queda plasmada sobre las telas que son preparadas de  
antemano.  Después, prosigue con el trazo al carbón, que se mantiene cuando comienza a  
trabajar con los pinceles.  Siempre existe un diseño previo, un boceto, todo un estudio  
anterior de lo que plasmará en el lienzo.  Lo mismo es su trabajo sobre papel, primero el  
anteproyecto que más tarde se convertirá en dibujo.

En un encuentro con su ser, Gina Rimoch concluye que: la búsqueda no es afuera, sino  
en el interior del ser que uno es.  Que todo se encuentra dentro de ese ser y de ese ser  
emana.  Uno mismo es quien llena todos los espacios de su propia vida.  Por ello, su  
propuesta expresionista es muy personal que, sin embargo, intenta el diálogo y una  
comunicación profunda con el espectador. Así, los ojos que miran su obra, seguramente  
verán más allá de lo pintado, no lo manifiesto, sino todo aquello que se encuentra detrás  
de la pintura.

Y de esta sensación surgen sus formatos, proporcionales a la emoción vivida. Medianos o  
grandes hasta agotar las telas.  Telas repletas de simbolismo, de la exquisita fuente de los  
sueños, y de infinidad de elementos que continuamente narran. Telas donde la objetividad  
que la rodea se viste de la subjetividad con la que esa realidad es vivida por ella.

Y ¿cuándo es que un cuadro o un dibujo está terminado?

Así, como en el círculo de vida-muerte, como la continuidad de la existencia entre morir y  
renacer, la pintora primero cierra su obra y después prosigue trabajándola,  
reconstruyéndola.  El camino es del hoy hacia el ayer, del final hacia el principio, pues al  
pintar, ella inicia donde termina el cuadro, y de esta manera logra contener la mirada de  
los espectadores en una constante espiral, en una especie de infinito conformado de polos  
opuestos, de extremos y escisiones.  Como la luz y las sombras, el día y la noche, lo  
positivo y negativo que la vida contiene.

"Estamos en este mundo para regresar de nuevo" es lo que afirma, por ello pinta y dibuja  
espirales, caracoles, puentes, abismos, todos ellos símbolos de evolución o involución,  
donde se lanzan las dos extremidades del devenir, la emanación y el desarrollo. Donde se  
encuentran el caos tenebroso de los orígenes y las tinieblas infernales de los últimos días,  
la indeterminación de la infancia, y la in diferenciación del final de toda persona. Donde la  
aceptación de ese mundo sombrío es el inicio del encuentro con la luz esperada, con ese  
anclaje en las energías del cosmos y la libertad del espíritu.

En sus dibujos surge un deseo de vuelo ante los abismos, abismos que ve convertidos en  
regreso hacia sus pasos, y una luz traspasa sus sentidos hasta que la conciencia se ordena  
en armonía.  Sus sueños son los poseedores de las llaves, para abrir o cerrar puertas. Sus  
recuerdos de infancia habitan el dolor de haber sido marioneta del mundo, y escindido su  
rostro, se transforma en ave que la aligera y libera de esa pesadez terrenal de la materia.  
Tres mujeres en una misma, una que cae y muere en el pozo de los deseos, una más cuya  
mente fluye, hasta aquella otra que se detiene en pie estable y libre.

Mitades entre luz y sombra, mitades de su sueño, ella en búsqueda del ser amado hasta su  
encuentro.  Y así surgidos de la tierra, ella y el amado unidos por la energía de la creación  
comulgan, se completan. Las amarras se convierten en fusión, y entre las ruedas del  
devenir, esa unidad en espiral de luz le da la iniciación hacia otros mundos.

También la patria está escindida, pero a ella pertenece y aún con el dolor habrá de  
caminarla. Y entre el deseo de la carne y el espíritu, se fracciona, enloquece, ahora  
comprende que sólo en el ascenso ha de salvarse.

El árbol de la vida es la familia, plena de secretos, oscuridades y memorias. Tronco y hojas  
de la misma raíz y de los mismos sueños. Presa en la razón y las costumbres, se  
desintegra. Sin embargo, llega el tiempo de la meditación, hasta que logra penetrar en la  
espiral de otras dimensiones. Paso a paso esculpe su cuerpo, elimina atavíos, máscaras y  
obstáculos. Se petrifica, mira el paisaje del pasado, y su alma entona un canto.

Y es por todas esas bellas artes que ahora apuesta su alma y su plumaje. Ahora respira,  
prosigue cuestionando, se ancla y se comparte en mente y en espíritu, y es ella misma con  
el otro.  De los sueños extrae la luz. Con esa luz y un trapecio suspendido en el aire,  
cambia de sitio y ahora su mundo es distinto. Se ha encendido un pulmón de fuego, y un  
infinito deseo de transitar liberada en esta vida que, no es otra cosa, sino un laberinto de  
senderos inciertos, hasta que sus pasos los hayan caminado. Pues tierra somos y en tierra  
nos veremos convertidos. Mientras tanto, hemos de alimentar la vida, hasta alcanzar la  
fuerza en cada uno de los pasos y la luz en los caminos, que para ella son la creatividad, y  
la libertad de ser y de sentir

De esta forma Gina Rimoch vive, dibuja, pinta, y lleva su pintura dentro de ella a todas  
partes.  Lleva este regalo de Dios en las manos que teje en el papel y funde en los lienzos.  
El regalo de la creatividad, la libertad de expresión, y esa luz que siempre alumbrará su  
alma.


                                                                                                                                                             Andrea Montiel

                                                                                                                      Texto para el video de la artista
                                                                                                                                                                     febrero 1996
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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