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                           FRANCISCO KOCHEN:   Tiempos en femenino













La mujer, principio pasivo de la naturaleza que simbólicamente representa no sólo el  
tiempo histórico, sino la generación o el transcurso de las generaciones, ha sido  
representada como sirena que encanta, divierte y aleja de la evolución;  como madre  
que significa tierra, patria, o ciudad y como doncella desconocida, amada o ánima, y  
suma de intuiciones cósmicas.   Mujer que antes de ser poseída por su cámara  
fotográfica, es para Francisco Kochen fascinación, poema y juego vital en el que se  
conjugan las reglas de la seducción: dos elementos aparentemente opuestos que se  
balancean entre honestidad y picardía, ternura y carácter;  seducción que es  
búsqueda de la sensualidad y preámbulo excitante que enriquece todo tipo de  
impresiones.   

Rostros, pies, manos, sonrisas, miradas, gran diversidad de Tiempos en femenino,  
son capturados con una lente y el deambular libre y creativo de Francisco Kochen por  
la India, país que para él, de no ser nombre propio significaría intensidad y saturación  
de los sentidos.  Porque desde que se arriba a estas tierras, una suma de sensaciones  
transcurren: aquí el aire huele a especias y antes de mirar, el olfato se impregna de  
aromas desde el curry hasta el incienso;  aquí el sonido no da cabida a los silencios;   
aquí la fuerza y la cercanía de los cuerpos todo lo invade con esa intimidad oriental  
que procede de lo más profundo de estos seres.  Hileras de sonrisas y gestos que  
sirven, a falta de un idioma en común, como llave maestra para el diálogo.  Miradas y  
ojos que hablan en complicidad con la cámara.   Mujeres campesinas en sus  
quehaceres cotidianos, mujeres de la zona del Rajasthan que viven en Jaipur, el Lago  
Pushkar o Jaisalmer, mujeres pertenecientes a paisajes desérticos rodeados de  
dunas, arenas y escasos arbustos y que para conseguir una poca de agua es necesario  
caminar varios kilómetros.  Mujeres sin edad porque desde niñas a viejas en ese  
sonreír han conservado la infancia y la ternura, la ingenuidad y el hechizo.

Y así en ópticas cortas, con retratos frontales y cara a cara, Francisco Kochen nos  
brinda un seductor y sutil intercambio de sentires humanos, de imágenes femeninas,  
a través de las cuales el mundo es transformado por la fuerza aunada a la ternura y el  
intenso gozo que se experimenta en la mirada.


                                                                                                 Texto de Andrea Montiel  
                                                                                  para la exposición del artista en  
                                                           Casa de la Cultura Reyes Heroles, Coyoacán  
                                                                                                                             agosto 1994
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
Taller Tinta Libre
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