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FLORA ROVNER:  Grito y silencio




















Flora Rovner, mujer, pintora, escultora, mujer catarata de recorridos múltiples, de  
caminos de ansia y reto donde el color y las formas son un grito enquistado en el silencio.

A través de sus ojos, lectores de la vida, del mundo y las cadenas del mundo, surge la luz  
que ha iluminado sus pin­celes, y con el barro, origen-fin del hombre entre sus manos,  
mantiene vivo el anclaje con la tierra. Sus telas están plasmadas de pigmentos atrevidos y  
de volúmenes inventados. Sus bronces de redondeces silenciosas son la triple dimensi6n  
donde reposa el grito que retrata al mundo que habitamos.

Para Flora crear es concebir vida. Concebir un nuevo mundo que requiere trascendencia;  
es nunca terminar de estar dentro de uno mismo y reafirmar a cada instante aquello que  
se busca. El viaje colorido que edifica, narra partes del teatro de la vida que entre todos  
compartimos. Y conversa a través de sus rostros, de sus bocas abiertas, de sus máscaras  
que al paso del tiempo se desgastan, o de sus almendras oculares que toda­vía se  
sorprenden.

Cercados por nosotros mismos, en la pintura de Flora algunos somos parte de los muros  
que nos separan del cielo. Otros, "vidas que se gastan para ganar la vida"; otros más,  
frutos recién nacidos, o viento que partió a distintos lugares como la nostalgia de una  
tierra que día con día perdemos y se convierte en polvo que al olvidarle, nos olvida. Mas  
en todo y en todos, para Flora Rovner existe un canto que no emerge. Es por esto que en  
las telas y en los bronces ella encierra y refleja su GRITO Y SILENCIO.



En Flora Rovner la vitalidad está por todas partes. En sus manos de las que fluye su  
expresión pictórica. Manos que siempre han tenido disposición al arte, a la crea­tividad, ya  
que de ellas surgían con facilidad inusitada, desde los tra­bajos manuales hasta la obra que  
nos brinda. Su inquietud por pintar se inicia cuando comienzan sus primeras experien­cias  
profesionales. Se dio cuenta que la pintura había dejado de ser un pasatiempo para tomar  
el lugar de la profundidad donde se armonizan colo­res, formas y texturas. Sus ojos, tras la  
pintura de los grandes maestros, de los cuadros famosos en los museos de varias partes del  
mundo, fueron la puerta al reto de la búsqueda de su propio quehacer artístico.



Y así, con Rolando Belfay inicia sus estudios dedicándose durante cuatro años al dibujo.  
Más tarde comienza su experiencia con el óleo, asomándose al mundo de las  
transparencias y las diferentes texturas que esta técnica ofrece. Ya en camino, en la  
primera etapa de su carrera, Flora expresa su arte a través de la corriente surrealista,  
donde ella encuentra un panorama en el que puede fotografiar y plasmar los  
pensamientos y, al mismo tiempo, desprenderse de sus pro­pios recuerdos.

Con el paso del tiempo surge otro momento en sus pinceles, momento en que ingresa a La  
Esmeralda. Aquí descubre el universo, la realidad social que ha de confrontarle con la vida  
misma. Y como en toda confrontación, como en todos los encuentros a los que estamos  
expuestos, Flora siente la necesidad de saber más cada día. Sus inquietudes aumentan y el  
mundo com­partido con los artistas de La Esmeralda comienza a ser y ha seguido siendo  
hoy día, gran parte de la inspiración temática de sus lienzos: las diferen­cias entre los  
estratos sociales; la marginación de una sociedad elitista frente a la clase trabajadora; el  
papel de la mujer y su labor cotidiana... en fin, las cargas sobre los hombros del hombre.

















Así transcurren cinco años de estudio en artes plásticas: el óleo, el gra­bado, los bronces, y  
todo ese intercambio de trabajos entre compañeros y maestros de quienes pueden  
mencionarse a: Arjona, Javier Arévalo, Bajone­ro, Arturo Estrada, Mario Rendón, Aceves  
Navarro, "El Veracruz" y tantos más que plasmaron la huella de sus conocimientos y  
sensibilidades en Flora Rovner.


Debido a su inclinación por la soledad, tan necesaria para los seres crea­tivos, Flora decide  
construir en su bella casa un espacio rodeado de árboles, de luz, de silencio, donde trabaja:  
un estudio donde se han gestado muchas de sus obras actuales, los planes futuros, sus  
inquietudes interminables. Pero Flora no reside únicamente en la Ciudad de México, seis  
meses del año habita en Cadaqués, España, donde también trabaja, pinta, estudia en los  
museos, toma cur­sos de grabado y se relaciona con artistas europeos.

Y así, ratos en México, ratos en España, como caballo alado, Flora asume la libertad de  
crear enfrentándose a las telas blancas, vacías, plasmando sus ideas que día a día  
fructifican a través de su pintura. En su incansable búsqueda, algunos de sus esfuerzos  
van dirigidos a lograr expresión sobre el mural y así decirle a muchos ojos, a un mismo  
tiempo, lo que a ella le inquieta.

Flora trabaja en forma simbólica, con elementos de su propio lenguaje. La presencia de  
animales en los cuadros, hace sentir su necesidad de acerca­miento a la naturaleza, su  
nostalgia por lo provinciano, su melancolía por el paisaje de cielos limpios y por la tierra,  
verdadera raíz del hombre.  Los temas son, en muchas de sus obras, la carga del trabajo  
cotidiano, de las urbes y grandes ciudades que convierten a los individuos en una masa  
anónima de hombres y mujeres incomunicados, sin identidad y sin nombre. También está  
presente el espíritu de lo mexicano, así como muchas de las manifestaciones de nuestro  
pueblo y nuestras gentes, especialmente de la mujer que, a través de la historia y a causa  
de los quehaceres domésticos, tanto ha tenido que someterse.
Su incansable protesta se hace presente frente a todo aquello que la socie­dad fomenta  
contra de sí misma: la explotación del hombre por el hombre; la corrupción; los procesos  
destructivos en la vida de relación de unos con otros y del ser humano con la naturaleza  
que lo rodea.

Es así como Flora Rovner da a luz con su pintura, el grito que muchos llevamos dentro en  
silencio.

                                                                                                                      Andrea Montiel

                                                                                      Texto para la exposición de la pintora
                                                                          Centro Asturiano de México A.C. mayo 1986
                                                                                              y promociones de la artista 1987
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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