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FANNY RABEL: medio siglo y más dando vida a su obra

 














Fanny Rabel nace en Polonia y llega a México a la edad de 14 años. Ingresa a la Escuela  
de Pintura y Escultura La Esmeralda del INBA,  y de inmediato se suma como ayudante  
de los equipos muralistas de David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera.  Ser parte del  
movimiento muralista en las primeras décadas de nuestro siglo no fue tarea fácil. Sin  
embargo, Fanny Rabel se desempeñó de manera notable y figuró entre las primeras  
muralistas mexicanas. Tuvo como maestros a Carlos Orozco Romero, José Chávez  
Morado, Frida Kahlo y Francisco Zúñiga entre otros.

Hija de una familia de teatristas judíos, vivió una vasta experiencia trashumante en  
Europa Central, Rusia y Polonia siendo ella la única no dedicada al arte de los escenarios  
sino al arte plástico. Desde que inicia sus trabajos, Diego Rivera apuntaba que la tonalidad  
general de sus pinturas era “un sedimento amargo dejado por la tradición ancestral y el  
pasado reciente, más la emoción del presente que prevé la continuación del dolor de los  
días de ayer para los del mañana”.

Sí, porque a Fanny, desde muy temprana edad, le duele el sufrimiento colectivo de una  
época, le duelen los niños que habitan en las calles, le duele la frivolidad con la que viven  
algunos grupos sociales, y la destrucción paulatina de las urbes. De ahí sus obsesiones al  
pintar las series de cuadros tituladas: Las prisiones del hombre, La soledad,  Niños de  
México, Los sociales, Réquiem por una ciudad, Lejano y cercano teatro, hasta una de sus  
más recientes inquietudes: La Tramitología, esa fastidiosa actividad que todos padecemos  
en las oficinas públicas de todas las ciudades al realizar los trámites ciudadanos para  
existir en relativa paz con los otros.

Sus murales más destacados son Alfabetización, Sobrevivencia de un pueblo, Ronda en el  
tiempo y La familia mexicana.

Fanny ha realizado multitud de exposiciones individuales y participado en más de cien  
exposiciones colectivas tanto en México como en el extranjero. Es miembro fundador de  
organismos culturales como el Taller de Gráfica Popular, Salón de la Plástica Mexicana,  
Sociedad de Impulso para las Artes Plásticas y del Frente Nacional de Artes plásticas.

Sus obras forman parte de las colecciones del Museo de Arte Moderno y Biblioteca  
Nacional de nueva York y del Congreso en Washington, Real Academia de Dinamarca,  
Biblioteca Nacional de París, Museo de Arte Moderno de México y numerosas colecciones  
particulares de América y Europa.

Fanny Rabel pinta como vive, con un enorme valor, inteligencia y sensibilidad agudas,  
decía Frida Kahlo. Y ella afirmaba esto con sus palabras:

Muchos dioses se derrumban en el curso de una vida: los padres que van haciéndose  
pequeñitos mientras uno crece; las convicciones que son de roca primero y que se nos  
hacen de polvo después entre las manos; los amores que se agotan, los odios que se  
apagan, los hijos que se van... Toda nuestra vida luchamos contra la soledad. A veces  
logramos vencerla verdaderamente, cuando nos perdemos a nosotros mismos en el fuego  
de las grandes causas, entre las multitudes poseídas de un mis o impulso, o en la  
solidaridad fraternal frente a los grandes peligros.   En la amistad, en el amor...  existen,  
sí, los momentos de creación cuando de la soledad surge la plenitud.   Y aquellos otros en  
que la comunión con otro ser es tan completa que naufragamos en un mar alucinante  
donde no hay soledad. Y la hora en que creamos una nueva vida y sentimos que nunca,  
jamás volveremos a estar solos. Pero son momentos tan sólo fugaces, en una vida donde  
los seres humanos se buscan a tientas, ansiándose y destruyéndose a un tiempo;   donde  
murallas nos alejan a unos de otros, y en esa lucha queda únicamente, al final del  
camino, una compañera:  la soledad.























                                MURAL DEL CENTRO DEPORTIVO ISRAELITA:
                                    SOBREVIVENCIA DE UN PUEBLO 1957

Y así, en medio de todas las preocupaciones y temores ante los enormes problemas  
técnicos que presenta un muro inmenso, Fanny Rabel tenía la íntima y profunda  
convicción de que podía dar a su gente, a la Colectividad judía de México, aquello que  
esperaba: una emoción, algo que iba a hablar directamente de sus ojos a su corazón.

Entonces, empezó a trazar la composición con base en la distribución, los volúmenes en  
abstracto y los ángulos visuales del Salón de fiestas del Centro Deportivo Israelita.   Su  
idea, que había de ser la clave de todo el mural fue ¡el Ghetto!, sí, las murallas de los  
ghettos a través de los siglos.

Una vez hallada esa solución para unir todos los acontecimientos a lo largo de esos 35  
interminables metros, las imágenes empezaron a brotar como visiones nebulosas,  
desordenadas, pero allí estaban, sólo era cuestión de atraparlas, no dejarlas huir antes de  
darles cuerpo y claridad. Emergió la idea central: la transmisión del afán de cultura de  
generación en generación. La sobrevivencia por el espíritu, a través de los siglos en medio  
de todas las persecuciones. La vida en el Galut, esa vida que conoció desde niña, como  
todos los judíos. De los más oscuros rincones de la memoria surgieron los recuerdos de las  
largas lecturas maternas de Sholem Aleijam, Peretz, Asch. Todo el teatro judío que había  
absorbido durante los años de la infancia y que es un reflejo tan fiel de la vida del ghetto,  
las canciones tantas veces escuchadas y cantadas. Comprendió de repente y por primera  
vez, que sólo como judía podría expresar todo eso. Que como pintora mexicana, formada  
y educada en la escuela mexicana de pintura podía aportar los conocimientos adquiridos  
para dar luz a aquello que tenía en sus profundas raíces.

En toda trayectoria artística hay una constante, la de Fanny Rabel es el interés por el  
hombre como ser social con todas sus implicaciones.  Durante muchos años lo ha pintado  
con amor, en sus expresiones más conmovedoras. Lo retrató con todo su desamparo y  
angustia.  Lo pintó con desesperación, con coraje, con dolor, con rabia, con decepción.    
Pasó por toda la gama de la imprecación para llegar finalmente al sarcasmo.   Sin  
embargo y pese a todo, Fanny Rabel cree en la humanidad, aunque esa esperanza sea un  
hilo que ella misma tiene que tejer diariamente.

Sus temas nunca son manejados con premeditación, son ellos los que la manejan  
adueñándose de su pincel cuando ya su mente y sensibilidad se han saturado de  
determinadas imágenes. Cuando esta sobrecarga se hace conciente los personajes, los  
ambientes, las protestas, los desencantos se suceden cuadro tras cuadro hasta conformar  
una serie y desarrollar por completo un tema central.

Pero nunca lo que expresa llega a la altura de lo imaginado. El sueño será siempre para  
ella mucho más rico que la realidad. Más apasionante la búsqueda que el hallazgo y más  
fértil el camino que la meta.

Así fue Fanny Rabel.

                                                                                                                      Andrea Montiel

                                                                                Texto para el video homenaje presentado
                                                                                               en el Centro Deportivo Israelita
                                                                                                                              octubre 1997
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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