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FANNY ANITÚA: un breve homenaje en el centenario de su natalicio 


Hay ocasiones en que hablar de los demás es una intromisión imperdonable. Otras más en que dejar de hacerlo, es omi­sión casi imposible.

Francisca Anitúa Yáñez, nuestra Fanny Anitúa, es un ser que estuvo, está y seguirá estando presente en las vidas, en los recuerdos y en las palabras de muchos quienes la conocimos.

Fanny Anitúa dejó huella con sus ojos llenos de luz, su señorío, su porte legendario plagado de talentos: mujer, artista, diva, maestra, para nombrarla los adjetivos son insuficientes.  Aun así, al preguntarle a los recuerdos contestan:

Fanny la entusiasta, Fanny la de ingeniosos atrevimientos, Fanny la generosa, desprendida, caritativa, justa. Amaba lo espontáneo, amaba la vida y a las personas.  Sus mejores consejos eran sus propias actitudes, el proceder de su corazón sencillo pero exigente. Su autenticidad de ser humano y su inmensa capacidad para hacer latir con su sangre a cada personaje operístico que representó durante el transcurrir de su vida, la reflejan a plenitud como sobre un espejo.

De Durango y de Topia son sus experiencias más tempranas.  De aquí la herencia y su orgullo de pertenencia a la tierra mexicana. Pues fue en Topia donde por primera vez vio el canto en todas partes: el río cantaba, las piedras de las minas cantaban, la naturaleza entera era un canto del que ella, afortunadamente, nunca pudo escaparse. Su voz privilegiada fue lo que dio a Fanny una vida distinta, un quehacer distinto, una manera de ser y estar en el mundo que muy pocos tienen.

Reconocida en su talento por importantes personajes de su época; le fue otorgada una beca para viajar a Europa y allí comenzó su carrera de triunfos: Orfeo, Barbero de Sevilla, Sansón y Dalila, La Gioconda, Aída, Carmen, Erda del Sigfrido, La Cenerentola, El trovador, Semíramis, Safo… Recorriendo los teatros del mundo:  Nacional de Roma, La Scala de Milán, Real de Madrid, Liceo de Barcelona, San Carlos en Lisboa, Sala Pleyel en París, El Colón de Buenos Aires.... Y no es ocioso subrayar sus viajes artísticos por Italia, España, Munich, Colonia, Bruselas, Amberes, París, Berna, Lucerna, Zurich, Londres, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Perú, N.Y., San Francisco, Los Ángeles.... Tampoco sobra mencionar a algunos artistas con los que com­partió su canto: José Iturbi, Rosa Raisa, Caruso, Gigli, Leoncavallo, Toscanini, Tita Rufo, Stokowsky...

Desde muy joven y por sus éxitos, Fanny trató con personalidades muy especiales en la vida de nuestro país: Don Porfirio Díaz, Justo Sierra, Amado Nervo, Luis G. Urbina, Jesús Reyes Ruiz, Vasconcelos, Carlos Pellicer. Conoció a los grandes de la historia revolucionaria: Don Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, y Don Lázaro Cárdenas.

Por todo esto y orgullosa Fanny de su mexicanidad, alguna vez rechazó cantar en el Teatro Metropolitan de N.Y., pues para ello le exigían presentarse como artista nacida en Italia, y ante eso ella dijo, ¡nunca!  Así, después de sinnúmero de triunfos en muchas partes del mundo, regresa a México a heredar conocimientos y musica1idad a sus alumnos.

Quienes tuvieron la oportunidad de recibir su amor y sus ense­ñanzas, testifican su extraordinario sentido del arte y de la vida en el canto:  Cantar no es sólo repetir las notas escritas sobre los pentagramas, es entender, interpretar y latir con el corazón de aquello interpretado. Es ante todo, respetar y estimular la propia personalidad, volcándola con toda naturalidad en los diversos personajes.

Privilegiados con sus enseñanzas han sido muchos de nuestros cantantes de ópera. Por citar algunos:   Eulalia Ruíz, Belén Amparán, Cristina Trevi, Cristina Rojas, Trini de González, Gilda More1li, Dora de la Peña, Paulino Saharrea, Maité Orgaz, Alicia Torres GArza, Rosa Rodríguez, Julio Julián, mi madre Rosita Rimoch... 

Fanny en muchas ocasiones, no se conformó con transmitir sus conocimientos, sino que apoyó con ayuda real y material para sus estudios a: Mtro. Ángel Esquivel, Roberto Silva, La Chacha Aguilar, y a Oralia Domínguez.

Esta era, esta es FANNY ANITUA. Por muchos y por mucho tiempo su nombre seguirá siendo pronunciado.



                                                           Palabras de Andrea Montiel publicadas en
                                                                             la Sección cultural dominical  EL BUHO,
                                                                             del periódico  EXCELSIOR   Mayo 1987.
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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