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                                                       EL SIMBOLISMO Y LAS IGLESIAS



                                                                                                                                                                  Tierra:

                                                                                                                                                                       sede
                                                                                                                                                                      celda
                                                                                                                                 comienzo y fin del hombre

                                                                                                                                                                hombre:

                                                                                                                                                                  grande
                                                                                                                                            estás hecho de barro

                                                                                                                                                                pequeño
                                                                                                                                                     regresas al aire

                                                                                                                 y solo dejas fragmentos de historia…

                                                                                                                                                                     A.M.
                                                                                                                                                   Monólogo Coral  


Historia que no es otra cosa sino información compartida, a través de la cual se han mantenido vivos  
los recuerdos de acontecimientos memorables de la humanidad;  o aquellos sucesos decisivos para los  
diversos grupos de la sociedad y por los cuales se ha cohesionado y legitimado el funcionamiento de  
sus instituciones políticas, religiosas, así como los valores y símbolos que aún están presentes en la  
actualidad.
Desde siglos atrás, el hombre mantiene vivo su pasado gracias a haber atesorado estatuas, dibujos,  
templos y lenguas que hablan de las creencias de aquellas épocas.  Aún en nuestros días existen  
modelos simbólicos, rituales y mitos que algunos seres humanos practicaban en la antigüedad.
Así encontramos en el libro "El hombre y sus símbolos" de Carl Jung  una de sus principales  
contribuciones para la comprensión y revalorización de estos símbolos eternos.  Jung junto con sus  
colaboradores en su escuela de psicología analítica, señaló que la mente humana tiene su propia  
historia y la psique conserva muchos rastros de las etapas anteriores de su desarrollo, gracias a lo que  
dio en llamar 'inconsciente colectivo', a través del cual se transmite la común herencia psicológica de la  
humanidad. Y son precisamente los contenidos del inconsciente los que ejercen una influencia  
formativa sobre la psique. De manera consciente, podemos desdeñar esos contenidos, pero  
inconscientemente respondemos a ellos y a las formas simbólicas, incluidos los sueños con que se  
expresan. Es por ello que existen frecuentes analogías entre los mitos antiguos y las historias que  
aparecen en los sueños de personas que vivimos en el siglo XX, e incluso ahora en el XXI que acaba de  
iniciar.  Estos sueños no son ni triviales ni accidentales, existen porque la mente inconsciente del  
hombre moderno, conserva la capacidad de crear símbolos que en otro tiempo encontraron expresión  
en las creencias y ritos del hombre primitivo.
Desde que el hombre apareció sobre la tierra fue, entre todos los seres vivos, dotado de una  
sorprendente facultad para pensar y enfrentarse ante la inmensidad y misterio de la naturaleza.  En  
ella advirtió el maravilloso ritmo de las estaciones y pensó que detrás de ese orden ininterrumpido  
debería existir algún designio, un Ser detrás de los demás seres, ante cuyos designios tendría que  
doblegarse. Así surgieron sus primeras ideas sobre el bien y el mal, y los primeros y extraños ritos  
encaminados a vincularse con las grandes acciones de aquel Ser desconocido.
Ante su necesidad y logro de dominio del medio ambiente, el ser humano se sintió más seguro sobre  
la tierra.  Comenzaron sus preocupaciones por el estudio de aquel poder que estaba detrás del  
universo, poco a poco nació la religión, y una profunda meditación acerca de la naturaleza, de Dios el  
Creador, y de sus designios. Junto con estos pensamientos, surgieron un sinnúmero de ritos y  
manifestaciones diversas.  En esencia, todos los ritos simbolizan y reproducen la creación, por ello  
siempre se relacionan con ornamentos variados y toman forma de ceremonias solemnes establecidas  
por una ley o por costumbres que tienen orígenes religiosos o mágicos.  En muchas ocasiones son  
sinónimo de liturgia y se manifiestan a través de oraciones y cultos diversos.
La religión, esa creencia en seres espirituales que abarca desde el politeísmo de la antigüedad, el  
pensamiento hindú o el católico, hasta la experiencia de los místicos y los espiritualistas modernos,  
poco a poco fue transformándose, surgiendo así, conjuntos de doctrinas, prácticas e instituciones a  
través de las cuales el hombre pudo expresar sus emociones fundadas en la convicción, cada vez más  
fuerte, de una armonía entre él y el Universo. Entre las múltiples religiones que aparecieron a partir  
de las primeras creencias del hombre está, una de las más definitivas: el Cristianismo, ya que su  
historia comprende uno de los últimos experimentos civilizadores de la humanidad. La fe cristiana,  
introducida en el mundo por Jesucristo y fundada en Él, tiene sus bases en las Escrituras del Antiguo  
y Nuevo Testamento, que juntos forman la Biblia. Y a pesar de un sinnúmero de divisiones que esta  
religión ha sufrido con el paso del tiempo, reunió a través de la Iglesia al conjunto de sus creyentes.  
Fue en las iglesias, esos edificios de arquitecturas imponentes que surgieron a todo lo largo y ancho  
del mundo, donde se celebraban los cultos que aún viven hasta nuestros días.

   











La fachada simboliza la proa de la nave que flota entre las pasiones y persecuciones del mundo...
El ábside con su forma redondeada, la popa...
Y el cuerpo mismo del templo, la nave, por lo cual toma el nombre.
Según otras interpretaciones simbólicas, el ábside, la cabeza del ser humano,  el crucero, los brazos, la  
nave o naves, el cuerpo, y el altar, el corazón.
En la elección del terreno donde ha de ser construido todo templo cristiano, está la idea de elevación.  
En cuanto a su orientación, su eje debe situarse de Poniente a Oriente, por ser éste el país de los  
milagros, donde el Verbo se hizo carne y de donde procede la Luz increada. La cubierta de todo  
templo es símbolo de caridad que cubre la multitud de los pecados, y del abrigo con que la Iglesia  
preserva a sus hijos.
Estos sentidos simbólicos adquieren aún más fuerza en la torre y los campanarios, no sólo por su  
forma y tamaño, sino por su elevada situación.   La nave o naves de las iglesias, por su forma y su  
nombre, recuerdan al Arca de Noé y la nave de San Pedro.  Mientras que la nave es emblema de la  
Tierra, el santuario lo es del Cielo.   La girola, con sus capillas en torno del ábside, representa la  
Corona de espinas del Salvador. Los pilares que sostienen las bóvedas simbolizan los dogmas divinos,  
como soportes de la fe. Tiene también gran valor simbólico los colores, los motivos vegetales o con  
formas de animales de los capiteles, las representaciones alegóricas del Antiguo y Nuevo Testamento  
y de los pecados y virtudes, las vidrieras, las gárgolas y otros muchos elementos ornamentales.





Desde tiempos muy lejanos toda construcción, ya sea religiosa o secular, ha poseído en su diseño  
multitud de símbolos y arquetipos como el círculo,  que a su vez se relaciona con el mandala hindú,  
que es la determinación, a través de los ritos de orientación, del espacio sagrado central de todo  
templo. Jung recurre precisamente a la imagen del mandala para designar una representación  
simbólica de la psique cuya esencia aún nos es desconocida. Sin embargo, la contemplación de un  
mandala inspira la serenidad y el sentimiento de que la vida ha vuelto a encontrar su sentido y orden.
El símbolo central del arte cristiano no es el mandala, sino la cruz o el crucifijo, uno de los símbolos  
más antiguos y difundidos de la humanidad. La cruz representa los cuatro puntos cardinales, las  
cuatro estaciones del año, y como indica Jung, "simboliza la tendencia a desplazar de la tierra el  
centro del hombre y su fe y a elevarlo a la esfera espiritual.  Esta tendencia surge del deseo de poner  
en acción lo dicho por Cristo: 'Mi reino no es de este mundo'". En la cruz, el eje vertical es el elemento  
activo, masculino, positivo, celestial; el eje horizontal es el elemento pasivo, femenino, negativo y  
terrenal.  Juntos forman la totalidad y representan toda la potencialidad humana, con sus infinitas  
posibilidades de expansión en todas las direcciones.
Y así como el número 4 está asociado a la cruz y simboliza universalidad y plenitud, el 3 lo está a la  
Trinidad Cristiana, un sólo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Número universal, el 3  
expresa un orden intelectual y espiritual en dios, en el cosmos o en el hombre.
El número 12, desde el punto de vista de la simbología cristiana, se refiere a la combinación del 4 del  
mundo espacial y del 3 del tiempo sagrado que mide la creación-recreación resultando en la del  
mundo acabado: las 12 puertas de la Jerusalén celestial;  los 12 apóstoles que acompañaron a Cristo,  
los doce meses del año del ciclo litúrgico y en su expresión cósmica los 12 signos del zodíaco. El doce es  
la consumación de lo creado terreno por asunción en lo increado divino, incluso representa en su  
sentido más amplio el conjunto de la iglesia, sede de multitud de ceremonias y ritos de iniciación.
El bautismo es una forma milenaria y casi universal de iniciación y aceptación en un culto o en una  
religión.  Significa regeneración, muerte y renacimiento a una nueva vida. La forma de bautismo  
adoptada con más frecuencia es por agua, el elemento purificador por excelencia.  En las iglesias  
cristianas se realiza durante la infancia y coincide con la imposición del nombre que le da al niño su  
individualidad.   







El matrimonio, es el símbolo de la unión amorosa del hombre y la mujer.  En sentido místico  
significa la unión de Cristo con su Iglesia, de Dios con su pueblo, del Alma con su Dios.  En el análisis  
Jungiano, el matrimonio simboliza, en el curso del proceso de integración de la personalidad, la  
conciliación de lo inconsciente o principio femenino, con el espíritu o principio masculino.
En todas las culturas, cuando la vida finaliza, se llevan a cabo ritos funerarios, a través de los que el  
cuerpo del muerto pasa a formar parte de una nueva vida.  Ya sea enterrado o incinerado, este  
cuerpo libera su alma, la cual abre el acceso al reino del espíritu y a la verdadera vida.  O tal vez a  
otro sueño, distinto del vivido, a ese mundo de misterio que aún no ha podido descifrarse y que sigue  
persiguiendo a la humanidad con su silencio.

                                                                                                                                ANDREA MONTIEL
Desde el punto de vista simbólico, estos templos se han considerado  
emblemas representativos del Universo, centros místicos o ejes del  
mundo.  Las iglesias son el símbolo más perfecto para la  
congregación de los fieles que adoran a Dios. En la arquitectura  
cristiana, en su acepción más general, las iglesias son la Casa de  
Dios y a su vez representan el cuerpo de Cristo.  A veces reciben el  
nombre de Arca, ya que su fin es la salvación de todos los fieles.  
Comparada a menudo con la Virgen, la Iglesia es llamada también,  
desde el punto de vista simbólico, la Esposa de Cristo y suele  
representarse alegóricamente por medio de una ciudad, la Ciudad  
de Dios, o por una nave, de lo cual surgen significaciones diversas:
Los altares, representan un microcosmos hacia el cual convergen todas  
las líneas de la arquitectura y todos los gestos litúrgicos.  En este sitio es  
donde lo sagrado se condensa en toda su intensidad y donde se cumple  
todo tipo de sacrificio, por ello se eleva de manera significativa en  
relación con lo circundante.
La segunda ceremonia es la de la confirmación, la cual corrobora  
que el iniciado que ha recibido el bautismo, y ha sido admitido como  
miembro en todos los ritos de la iglesia, sobre todo el de la  
comunión, a través del cual se recibe la eucaristía.  En la Iglesia  
católica este Santísimo Sacramento se representa por un cáliz sobre  
el cual aparece una hostia, el pan consagrado, el cuerpo de Cristo.  
Acompañando a la comunión está el acto de la confesión,  
sacramento que implica que el penitente se acuse de sus pecados  
ante un sacerdote con objeto de obtener la absolución.  Para la  
realización de este acto, en las Iglesias Católicas existe una cámara  
especial llamada confesionario dentro de la cual el sacerdote se  
sienta para escuchar las confesiones de los penitentes.
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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