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                                                        EL FUTURO
                                              a la vuelta de la esquina











Durante años he escuchado la frase “los tiempos de antes fueron mejores”.  No sé que tenga esto  
de cierto.  Creo que cada época posee lo suyo, y comparar entre el ayer y el hoy, de poco sirve  
para entender, a carta cabal, la vida.  Sin embargo, así como pienso que todo se ilumina con la luz  
del pasado, “futurear” y jugar a pensar cómo será el mañana, me atrapa el pensamiento con  
frecuencia.

Ni mi abuelo, ni mi padre en sus últimos años, estuvieron familiarizados con palabras como:  
Internet, ciberespacio, espacio virtual, WWW o Web.  Mi abuelo se comunicaba por escrito con  
caligrafías bellísimas que parecían bordados en tinta china, aquellas de los años porfirianos,  
cuando el amor secreto era escondido en los pañuelos y las misivas se enviaban en sobres  
aromáticos. Mi padre, escribía sus cartas y documentos a mano, con la letra que aún se enseña  
en las escuelas, o a través de una máquina de escribir, ni siquiera eléctrica, sino aquellas de la  
marca Remington u Ollivetti.  Y en mi caso, pasé por la escritura a mano, la máquina de escribir  
mecánica, la eléctrica y la computadora que aún me tiene sorprendida, azorada, estupefacta,  
atónita.

En esta época de cambios vertiginosos impulsados por la revolución digital, es frecuente  
encontrar por igual a fascinados y a perplejos, a encantados y a desconcertados, que  
compartimos la misma situación de parálisis ante un universo totalmente distinto, a veces  
inconcebible y difícil de comprender con la lógica de antes. El contexto cibernético nos ha  
sobrepasado y en ocasiones es difícil situarnos en el presente. El fascinado ve inmensas  
posibilidades para el futuro, mientras que el perplejo vive anclado en la confortable seguridad del  
pasado.  Un ejemplo de esto son personas, incluso escritores, que no soportan escribir y plasmar  
sus textos  utilizando una computadora, simple y sencillamente son alérgicos a semejante  
instrumento.

Reflexionar sobre los nuevos escenarios comunicativos provocados por Internet, es aceptar el  
desafío de seguir pensando (de otra forma), de no sucumbir al vértigo, y de intentar dar cuenta  
razonada de lo que está ocurriendo en nuestra época. Todo se mueve rapidísimo, los adultos  
nacidos en el siglo XX, al observar a un niño nacido en el XXI, nos coloca a cien años luz respecto  
a su existencia.  Incluso decimos, los niños de hoy ya traen un “chip” en la cabeza, como es el  
caso de los llamados Niños Índigo. Estos niños muestran una nueva y poco usual serie de  
atributos psicológicos con un patrón de comportamiento totalmente distinto.  Sus conductas y  
actitudes sugieren, a quienes interactúan con ellos, sobre todo los padres, que deben cambiar la  
forma de tratarlos y criarlos para lograr un adecuado equilibrio con sus mentes particularmente  
especiales.

A partir de la década de los 80, comenzaron a aparecer, cada vez más, estos niños espectaculares  
que llegaron para ayudar a la transformación social, educativa, familiar y espiritual de todo el  
planeta, independientemente de fronteras y clases sociales. Son una especie de catalizadores  
desencadenantes de las reacciones necesarias para las transformaciones. Poseen una estructura  
cerebral diferente en lo que se refiere al uso de los potenciales de los hemisferios izquierdo  y  
derecho. Van más allá del plano intelectual, enfocándose de manera brillante en el plano de la  
acción. Exigen del ambiente que los rodea ciertas características que no son comunes en las  
sociedades actuales, y se dice que nos ayudarán a destituir dos paradigmas de la humanidad:

1) Colaborarán a disminuir el distanciamiento entre pensar y actuar, ya que hoy día, en nuestra  
sociedad todos dicen saber lo qué está bien o mal, sin embargo, frecuentemente actuamos  
diferente a cómo pensamos. Estos niños van a inducirnos a disminuir este distanciamiento,  
generando comunidades humanas más auténticas, transparentes, verdaderas y con mayor  
confianza en sus relaciones.

2) Nos ayudarán también a mudar el foco de atención del yo hacia el prójimo, inicialmente a  
partir del restablecimiento de la autenticidad y confianza en la humanidad, requisitos previos  
para que podamos respetar y considerar más a los otros, a los demás, a esos próximos-prójimos  
tanto como a nosotros mismos. La consecuencia será entonces, la disminución del egoísmo, la  
envidia, las exclusiones, el rechazo de grupos minoritarios, y una verídica igualdad y solidaridad  
entre los seres.

Si esto es cierto, y con el inevitable paso del tiempo se comprueba, atendamos con esperanza,  
aquí y ahora, nuestro futuro que siempre está a la vuelta de la esquina.


                                                                                                                                   ANDREA MONTIEL
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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