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Eddie Villa Real: Yo, puro cuento

Cuidado con lo que deseamos porque se nos puede cumplir. Eddie quiso publicar y ahora tiene, no uno, sino dos de los hijos de tinta y papel que deseaba. Su vida cambió. Ya no tiene tiempo para coquetear con el sol en la playa, ni ver el mar. Ahora está inmerso entre palabras, propuestas e historias que, como dice al final de su primer cuento Suicidio Mediocre, y cito:

Los sufrimientos, más que cualquier enfermedad, como en el caso de César Vallejo, le produjeron la muerte, sin haberse percatado de que cuando decidió no suicidarse y escogió el sombrío sendero de las letras inéditas, estaba pactando con la muerte un suicidio típico de fumador: lento, muy lento pero inexorable.

Y así, en Yo... puro cuento, el suicida Eddie, que ha planeado, (planeado de sobrevolar) sobre la política y con políticos, nos cuenta de ellos y de muchos burócratas citadinos y pueblerinos que han gobernado durante años, tomando decisiones obviamente desatinadas, desafortunadas, desaforadas. Se mofa y juega contando hechos a manera de historias subterráneas, como las llama Oscar de la Borbolla, para quienes saben, conocieron o conocen y se dan cuenta de que es aquello y este, y no esto y aquello que nos cuenta, en fin, hechos con los que mejor nos hace reír que llorar.

Historias que nos recuerdan los corridos que antologó y analizó Vicente T. Mendoza en su libro El corrido mexicano, cuentos casi épicos-lírico-narrativos aunque sin versificación, pero llenos de dichos, mexicanismos y palabras cuya connotación sólo es clara para nosotros los mexicanos. Mexicanos que nos pintamos solos en la calle; en pláticas de borrachos e intelectuales en pulquerías o cantinas; en medio del fenómeno inconmensurable que el fútbol provoca entre los asistentes o televidentes; o algunos retratos hablados de damas liberadas, sumisas y astutas, a la manera de Lolitas de Nabokov pero a la mexicana. Nos habla de campesinos, curas, personajes infieles, carniceros, negros, blancos y revoltosos, asesinados y suicidas. En las páginas de este libro nadie se salva, ni el mismo autor.

Con una visión patético-hilarante de nuestra cultura y de la vida, Eddie Villa Real está Enfermo de gravedad, (título de otro de sus cuentos), influido por su disciplina dentro la física y sus disertaciones psicológico-místicas, cuando en este cuento nos dice, y cito:

Qué es la vida universal sino un efímero chispazo de orden lumínico entre noches eternas de la nada. Deben ser ciclos organizados por algún bromista celestial.


Enfermo de filosofía, con el recurso de la crítica cáustica entrelíneas, proyecta sus sueños, deseos de un futuro ¿distinto? ¿alucinado? ¿ficticio? ¿alcanzable? ¿mejorable?

Te felicito Eddie por sumar en este libro, tan divertido como tú, tu observación, experiencia, capacidad analítica y crítica, y sobre todo, por ver la cruda y descosida realidad a través del cristal del humor, la irreverencia y la anti-solemnidad que tanta falta nos hace a los mexicanos.

                                                                                                                     Andrea Montiel


                                                                                        (Palabras en la presentación del libro
                                                                    en La Sociedad de Escritores de México SOGEM,
                                                                                                                           5 de julio, 2007
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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