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Carla Rippey y la poesía visual













Para Carla Rippey, el arte es el camino de acceso más importante hacia el interior del  
ser humano y el artista es quien se encarga de reinventar el lenguaje con el que se  
expresa y renovar constantemente los símbolos y signos de su época. La finalidad es  
encontrar con la obra creada un eco en los demás.

¿Cuáles son entonces los ecos de la poesía en tu pintura?

Desde niña estuve rodeada de imágenes y libros. En la ciudad de Kansas donde  
nací, con un padre fotógrafo y mi madre muy inclinada a la literatura, la  
costumbre de mi familia fue cultivar la lectura de manera especial. Todas las  
noches nuestra convivencia consistía en sentarnos a la mesa a comer palomitas y  
leer. Me encantaba dibujar. Dibujé muchísimo, hasta los 13 años, pero de repente  
me asaltó la ocurrencia de que mis dibujos eran muy estereotipados y que ya no  
me podía expresar a través de lo visual. Comencé a escribir poesía. Quería ser  
poeta. Escribí páginas y páginas durante diez años, hasta que cumplí los 22. Mi  
gusto por la fotografía me llevó a estudiar Artes Plásticas. De los Estados Unidos  
viajé a París, después estudié en Nueva York, y me gradué en la Universidad de Old  
Wetsbury. Comencé a trabajar con técnicas gráficas y me incorporé a los  
movimientos anti bélico y feminista, para los cuales produje carteles caseros. En  
1972 me fui a vivir a Chile, me casé con un mexicano y me di cuenta que toda mi  
vida transcurriría en América Latina. Con las barreras del idioma no quise  
dedicarme a una actividad que fuera difícil compartir con los demás y me decidí  
por la veta expresiva del arte visual.

¿Cómo incorporas la poesía en tu obra plástica?

Ambas expresiones artísticas tienen en mí la misma raíz pues primero fui poeta y  
ahora soy pintora, sin embargo prosigo expresándome a través de metáforas y  
muchas de mis imágenes son yuxtaposiciones o evocan otra cosa distinta de lo que  
mira el espectador. Amo los símbolos y me gusta acompañar mis imágenes con  
textos poéticos. Primero realizo el cuadro, la poesía viene después imprimiéndole  
más fuerza a la obra. Incluso los textos que utilizo me ayudan a organizar mis  
series temáticas. Por ejemplo ESCLAVOS DEL SUEÑO, hace eco perfecto con el  
pensamiento anónimo chino: Si lo real no me es real,/ ¿por qué han de ser sueños  
mis sueños?; o mis aguatintas de 1990 con Rilke cuando dice: Si mis demonios han  
de abandonarme, temo que mis ángeles levanten vuelo también... Con T.S. Elliot los  
ecos son aún más fuertes, varios de sus versos acompañan a mis series ESTADOS  
DE TRANCE, EL REINO DE MEDUSA, EL PLANETA PARALELO y EL ENIGMA.

¿Además de T.S.Elliot, quiénes son tus poetas más amados?

Dylan Thomas, F.H. Bradley, Matthew Arnold, sin traducciones que casi nunca son  
fieles al poeta, aunque en este asunto de los idiomas, me ayudaba mucho Guillermo  
Rousset Banda, con quien trabajé en varias ocasiones. Él orientándome en lo  
poético y yo con mi obra plástica en sus publicaciones. En lengua hispana, amo a  
César Vallejo, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Miguel Hernández y Jaime  
Sabines.

¿ Y por qué estos poetas?

Porque la mayoría de sus versos resuenan en mi corazón y su obra le da más  
importancia a la emoción que a la estructura. Yo también trabajo así. El concepto  
es fundamental pero a mí me gusta que la obra impacte de golpe al espectador.  
Otros pintores piensan distinto, se preocupan más por la parte formal, por las  
estructuras y por lograr un buen cuadro desde el punto de vista técnico. Alguna  
vez por ahí del año de 1983 le escribí una carta a Raquel Tibol desde Xalapa y le  
dije: "Prefiero que la gente se acuerde después de cómo se sintieron viendo mi  
obra, y no de cómo se veía esa obra". Sin embargo actualmente cuando vas a  
hacer una exposición los curadores y museógrafos te exigen que expliques tu obra,  
que digas los por qués de lo que haces. Antes se decía que la obra hablaba por sí  
misma. Yo creo que ambos extremos son equívocos. Por eso afirmo que la parte de  
la obra que se puede expresar con palabras viene mucho después de que la obra  
está concluida. En ese momento es cuando para mí aparece la poesía, el punto  
final, el complemento que le da la fuerza total. Las imágenes son lo primero, lo  
espontáneo. Después analizo lo que hice. Luego trato de entenderlo y por último lo  
verbalizo. Es en ese momento cuando descubro mi situación vivencial, y aún  
negándolo, bloqueándolo, surge y sale a flote. Es por eso que muchos artistas no  
necesitan ir con el analista, el arte y la expresión les permite saber lo que sucede en  
su interior. Y como todo cambia y uno cambia junto con el todo, siempre hay que  
renovarse, encontrar nuevas maneras de decir y expresar lo que ya existe. La  
condición humana siempre será la misma, el contexto distinto, por tanto hay que  
seguir pintando y escribiendo, aunque existan muchos cuadros y muchos poemas  
escritos.



                                                                                      Entrevista de Andrea Montiel
                                                                           para el Periódico de Poesía, UNAM,
                                                                                  Nueva época 17 primavera 1997
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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