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Becky Rubinstein: De caperuzas cotidianas

Seguramente que muchos, allá en los tiempos de nuestra niñez, escuchamos a la abuela, al tío, hermana grande o mamá, contarnos aquel viejo cuento del escritor francés Charles Perrault: "La Caperucita Roja". Sí, y seguramente más tarde entender que este cuento no fue escrito para niños, como tampoco la plaquette "De Caperuzas Cotidianas" de Becky Rubinstein. El día que Becky me invitó a participar en esta presentación y me dio el título de su poemario-cuento supuse, (mal supuesto), que era una obra para niños. Y, oh sorpresa, la presencia de Caperucita Roja es tomada por Becky como una especie de alegoría o bien de anagnórisis, en términos técnicos, a través de lo cual nos lleva de la mano a compartir un profundo sentimiento de incomodidad, desánimo, miedo y principalmente de un ansia de vivir y de ser libre.
En su condición de mujer, Becky participa entre nosotras, muchas mujeres más no sólo de nuestro país, sino de muchos países del mundo, con la conciencia de ser mujer, de ser humana, asimismo de participar con una realidad cotidiana definitivamente en crisis y transformación constante. Todo cambia, día a día, el papel del hombre, de la mujer, de la familia; hay conflictos por todas partes, y fundamentalmente en la pareja, origen indiscutible de la descendencia y posibilidad de nueva existencia en el planeta. Al comentar con Becky su plaquette, hablamos un poco de una crítica muy interesante que Vicente Leñero hacía en un programa de televisión acerca de una obra de teatro en cartelera. No es casual también, que en la expresión de la dramaturgia de muchos tiempos, los temas giren alrededor de la realidad que viven las parejas jóvenes (y no tan jóvenes), respecto de una desolada pero ansiada libertad y de una falta de identidad con un mundo que ya quedó muy atrás.

Esto se confirma si recordamos las relaciones de los años 60's o 70's e incluso principios de los 80's. Hoy, se rompen cadenas, prejuicios; hoy se busca el gozo, la realización personal pero ya no sólo del hombre sino también de la mujer. Feminismo y varonismo en una especie de pugna. Y regreso al texto de Becky quien manifiesta, con su historia a cuestas, su condición de nieta, hija, hermana, hermanastra, madre, esposa y ser humana.
Así nos dice, y cito:

"Mi acta de nacimiento lo asegura, /soy Caperucita Roja.../hija espuria de Cenicienta.../ me sentía culpable de retozar en el bosque..."
Desde siempre, la ansiada libertad de ser que se recuerda entre flores, las flores del vestido de su abuela, de la casa y la vajilla, las flores plantadas en su corazón y sus salidas en soledad por las noches. Ahí, el primer encuentro y conciencia frente a sí misma. Cito de nuevo:

"Me contemplo en el espejo/ y la caperuza desaparece.../ Observo mis dientes.../ son puñales enfilados en orden.../ Me contemplo/ soy el lobo/ sal del bosque,/ emplea tus garras de mujer/ y no temas al hombre.../sus garras son de utilería.../soy el lobo.../ las caperucitas sólo causan lástima..."

Las transformaciones, o mejor dicho las transmutaciones toman curso, y así se va el poemario-cuento. Nos habla de Eva, la Eva bíblica, la que no tuvo hijas; nos habla de la condición de la mujer a través de la historia de acuerdo a como ella la ve y la siente; critica la cursilería irremediable en la existencia femenina; hace comparecer a la luna para que la Caperucita desaparezca y surja la loba en celo que aúlla por un amor sin estrenar. Con todo, añora las transparencias, la perfección. Sin embargo, acepta que el cambio, no sólo es necesario, es la condición imprescindible para vivir con dignidad hoy día. Y ahí van interrelacionados Caperucita y lobo adentro de ella misma, ahí van las contradicciones de los varones de ahora y los de antes, el impacto generacional a través de la observación de sus hijas que le nacieron lobas y saben cómo ser a la luz de un siglo casi XXI. Y ella, ante la disyuntiva del cambio nos dice, y cito:

"A veces hay que cambiar,/mudar de angustias/ renovar el guardarropa de la piel/ creo que al lobo le encantan las Caperuzas sin caperuza./ Ahora las Caperuzas son peligrosas -dicen-/ sacan las uñas,/ arañan la vida hasta tatuarla." Este poemario es protesta, decisión, punto de vista y vida, lucha encaminada, más que al estar, a la definitiva posibilidad de ser. Con ella comparto la postura de libertad, y recuerdo que, cuando la vida me vive soy infeliz, y cuando vivo la vida he sido definitivamente feliz.

                                                                                                                     Andrea Montiel

                                                                                        (Palabras en la presentación del libro,
                                                                                                                          septiembre 1991)
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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