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BORIS VISKIN:    y los caminos siempre "En revolución"
















Para algunos artistas plásticos la inquietud por pintar a veces se inicia en etapas  
tempranas de la vida.  En otros, transcurre cierto tiempo hasta que se manifiesta su  
expresión pictórica.  Boris Viskin, que ya ha recorrido parte de su trayectoria en el  
mundo de la pintura, comenzó desde muy pequeño, pero más que como hacedor de la  
misma, como amante espectador de la obra de los grandes pintores, primero a través  
de los libros y después visitando los museos alrededor del mundo.

   Boris inicia su trabajo poco a poco, concierto temor frente a los lienzos y los  
pinceles, pero gracias a un viaje por Europa durante sus años adolescentes, se  
convenció que lo que deseaba hacer en su vida era pintar.  Considera que para el  
artista es muy importante que exista todo un proceso de observación previo a la  
decisión de comenzar a expresar lo propio.  Mucho del aprendizaje del arte y  
especialmente de la pintura, se obtiene mirando y mirando lo que se ha hecho a  
través de los siglos por multitud de artistas.
 
   Fue en Florencia, Italia, donde comenzó sus estudios, sin duda uno de los sitios más  
representativos del arte, no solo pictórico, sino escultórico, arquitectónico y muchas  
otras formas expresivas que ha tenido el ser humano en la historia. Ayudado por este  
ambiente, ingresa al "Studio Art Center International" en Florencia, en el cual cursa  
tres años de estudio y al regresar a México, se incorpora dos años más a la Escuela  
Nacional De Artes Plásticas de la UNAM.  En 1988 obtuvo varios premios y  
menciones que lo motivaron a seguir su camino pictórico sin descanso. De igual  
forma, para Boris Viskin, la pintura tiene múltiples caminos, es como una especie de  
selva de opciones donde el artista, a medida que realiza su trabajo, va escogiendo el  
sendero que desea continuar en el futuro.  Es el trabajo y el acto de observar el  
propio trabajo, lo que hace posible la selección de este camino.

   Sin embargo, para Boris nunca ha sido suficiente pintar, sino reflexionar  
constantemente sobre aquello que pinta. Su proceso empieza con el dibujo, a través  
de la utilización de modelos y referencias reales, por ello, el acto de dibujar es la  
disciplina que se debe conservar siempre para lograr la buena pintura. Su siguiente  
paso fue tomar los pinceles y pintar.  Al principio con un estilo totalmente figurativo,  
aunque actualmente los elementos figurativos siguen siendo relevantes pero aunados  
a nuevas búsquedas que han transformado su pintura en algo diferente de aquella  
que hacía en las etapas iniciales de su trabajo. Ahora lo importante es encontrar  
formas que a él le digan algo, manchas aparentemente irreconocibles pero que a fin  
de cuentas prosiguen siendo figuras pero de otra naturaleza, por decirlo en términos  
técnicos, del arte abstracto.

   Entre los temas que ha manejado siempre ha estado presente la figura humana, los  
rostros, las mujeres y entre ellas, las majas, muy a su manera. Está también la  
presencia de la naturaleza, los campos vistos en el horizonte, campos ralos de escasa  
vegetación y troncos resecos de árboles. Hay ventanas y enrejados, arcos y  
alambrados, que en algunas ocasiones pueden estar significando encierro y otras,  
simplemente rejas donde algo se resguarda.
 
   La composición de sus cuadros anteriormente estaba cargada de elementos  
diversos, en este momento su deseo es concentrarse en lo mínimo, llegar a expresar  
lo más posible hasta con un solo elemento. La figura humana sigue apareciendo  
porque el cuadro se lo pide, pues para él es importante que el propio cuadro tome  
vida y de él vayan naciendo los elementos que se van plasmando. Es el cuadro que  
por sí mismo cobra su balance en ocasiones requiere incluso de grafismos que logran  
completarlo.

   Boris ha utilizado técnicas diversas, empezando por el óleo, los acrílicos, las técnicas  
mixtas, los papeles, pero lo más importante no son en sí los materiales utilizados, sino  
la fluidez que estos adquieren mientras se trabaja con ellos, aun así, su mayor  
inclinación es por el trabajo de óleo sobre tela, ya que con esta técnica se logran  
brillos y profundidades que difícilmente se pueden trabajar con otras.  Además por  
las características propias en los tiempos de secado de este material es posible hacer  
modificaciones sobre el cuadro que de otra manera no se podrían realizar. Boris  
afirma que la  pintura es la manera directa de crear imágenes y de expresarse sobre  
una superficie plana, a diferencia de la fotografía que requiere de otros elementos  
para lograr el producto final.

¿Y qué siente antes de comenzar a pintar un cuadro cuando esta frente  al lienzo
vacío?...

   Casi siempre cuenta con ideas preestablecidas, pero en el momento de comenzar el  
cuadro, deja que las cosas fluyan libremente y de manera espontánea, es en el  
proceso que todo toma forma. El cuadro mismo pide el paso siguiente y el siguiente  
hasta lograr finalizarlo. El uso de la diversidad en el color y los contrastes no son  
característicos de la pintura de Boris, él más bien explota las gamas de un mismo  
color. Así por ejemplo, los grises, los azules o los marrones, pero más que el color, en  
su criterio es más importante lograr que en el cuadro todo encaje, que todo esté en su  
lugar, balanceado.

   Cuando pinta, lo importante es la creación y expresión de su mundo interior, el  
lograr una ambientación y lo que él considera una buena obra, y una buena obra para  
él es aquella que logra rebasar los materiales con los cuales fue realizada y los  
elementos que la integran, un cuadro que contenga la veracidad de lo que quiere  
comunicar y que a la vez perdure en el recuerdo de aquellos ojos que la miren.

   Sus pintores preferidos y quienes le han dejado una huella perdurable han sido:  
Matisse, Orozco, Giacometti, el Giotto, y muchos escultores africanos anónimos. Pero  
indudables son las etapas de cambios y movimientos internos que se ven reflejados  
en el trabajo artístico. Así lo demuestra el conjunto de cuadros de su exposición “En  
Revolución”, donde hay una obsesión por crear imágenes nuevas, transformando las  
trayectorias del camino y ampliar el mundo visual y la experiencia perceptiva de los  
espectadores.  Los formatos utilizados son de diversos tamaños, desde el pequeño y  
más íntimo, hasta el de mayor tamaño y expansivos que conquistan la mirada de  
inmediato.
 
    Muchas perspectivas por venir. Sus planes:  seguir pintando con el pensamiento de  
que el siguiente cuadro sea mejor que el anterior, y lo más importante, seguir  
perfeccionándose y buscando estilos y caminos diversos y así evitar caer en fórmulas  
establecidas o repeticiones que aniquilen la creatividad.
 


                                                                                                                   Andrea Montiel

                                                                           Revista Foro de la vida judía en el mundo
                                                                                                                                          1989
Andrea Montiel Rimoch
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