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                                         BELA GOLD:     Una visión artística posible


 























































































                       Análisis de un proceso interdisciplinario entre la vanguardia tecnológica digital,
                                                          el humanismo y las artes visuales

                                                                                                                                    Andrea Montiel
                                                                                                                                                abril 2012

La memoria es una facultad que olvida. El tiempo es su verdugo. Pero en la actualidad ha surgido  
un afán por, no sólo tratar de recordarlo todo, sino dejarlo impreso, audio o video grabado y  
representado en múltiples formas.
El libro Una visión artística posible de Bela Gold es una publicación con este afán; un libro que  
protesta con la palabra del arte; un libro que está contra el silencio y que a la vez se expresa  
dolorosa y silenciosamente por todos aquellos que desaparecieron en el Holocausto; un libro que  
rememora lo inenarrable, lo que tantas veces ha sido negado por muchos, y que en estas páginas  
se traduce como un testimonio real y comprobable del dolor, del horror, de la intolerancia.
No es común que un artista hable o escriba sobre su propia obra. Sin embargo, este es un libro  
que surge a partir de la tesis doctoral de Bela Gold en la cual explica públicamente el cómo hace  
valer su propio quehacer dentro del arte. Para ello, hubo necesidad de transformar las imágenes  
en palabras, explicar “la cocina” detrás de todo lo que realiza, lo qué piensa, cómo piensa, por qué  
toma un tan difícil tema cuya relevancia es indudable tanto para nuestra civilización, como para su  
propio pueblo. Si, de un pueblo pero con una lectura universal, ya que ella no habla únicamente de  
problemas judíos, sino que su lenguaje visual y sus imágenes son aplicables a todos los genocidios,  
a todas las tragedias de aquellos que no han podido llorar lo que había que llorar a sus víctimas,  
que no ha sido posible procesar el luto como había que procesarlo, y en el caso ominoso del  
Holocausto, por todas esas familias que no pudieron sentar shive por sus parientes, y tampoco  
podrán nunca acudir a un cementerio a depositar una piedrita sobre una tumba para decir “no me  
olvido de ti”.
A Bela Gold le importan las raíces, por ello piensa que esto es más que un hecho relevante, y por  
ello también escribió una tesis sobre su trabajo artístico. Dicho trabajo de tesis fue apreciado a tal  
grado por el jurado dictaminador, que le fue dada una recomendación especial de publicación. Fue  
así como, con un lenguaje menos académico y técnico, y más accesible al público en general, surgió  
la edición de este libro por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. No fue  
una tarea fácil, sino hasta que tuvo la oportunidad de contar con amigos gentiles filo semitas,  
quienes la orientaron en la manifestación post-holocáustica del arte. Anselm Kiefer, pintor alemán  
judío, es uno de los principales artistas contemporáneos exponentes de este movimiento, y a Bela  
Gold podemos considerarla pionera de esta expresión en México.
El libro inicia con una profunda y esclarecedora Introducción explicatoria escrita por el Dr. Luis  
Ignacio Sáinz, la primera persona que entendió qué es lo que Bela Gold quería hacer y afirmó que  
su tesis tendría una orientación filosófica adorniana. Le sigue un Prólogo, que más que eso es un  
poema en prosa, del Dr. Manuel Gil, que para Bela fue un director de tesis excepcional, y quien la  
encaminó en un sendero totalmente lógico, prudente y ponderado para que pudiera escribir una  
investigación muy pensada y reorientada hacia la problemática humanista. Fue así como realizó la  
revisión que hizo, y echó mano de eso que es el elemento para poder entenderse a sí misma: ese  
proceso de comprensión de lo que uno hace, desde el punto de vista del discurso, y así poder  
conceptualizar, visualizar y preguntarse las cuestiones inherentes a la investigación. Si no se tiene  
claridad, se hace imposible comunicar un proceso de pensamiento despejado y a la vez sensible.


Con este pensamiento como requisito indispensable, las páginas del libro de Bela Gold recorren los  
conceptos de memoria y olvido; de duelo y luto no resueltos; del humanismo como perspectiva  
analítica y soporte teórico-conceptual para dar solidez a su propuesta de análisis. Y se aproxima  
entre algunos autores humanistas a: Giovanni Pico della Mirandola, a Immanuel Kant con su  
imperativo categórico y a Theodor Adorno con su aportación al pensamiento kantiano. A partir de  
este momento, propone para su libro una reflexión central: ¿Será posible lograr que la  
manifestación artística se transforme en evidencia y testimonio de la muerte?, ¿será que con su  
presencia detenga, a pesar de su fragilidad, la posibilidad siempre abierta del retorno del  
terror? Y entonces da paso a la poesía como expresión sensible y
definitiva  que  incluso  modifica la postura de Adorno respecto de
su famosa afirmación: después de Auschwitz no se puede escribir
poesía.  Y  aborda  al  poeta  Paul  Celan,  quien  con  su  poema
Fuga sobre  la  muerte  transforma  de  manera  definitiva  este
pensamiento. Ahora se tiene que escribir poesía pero no después del horror sino sobre el horror.  
Así es como Celan expresa con sus palabras un reflejo de la masacre en los hornos crematorios, y  
aquí algunos de sus versos de los que Bela ha hecho varias obras como dibujo directo sobre tela,  
bordado electrónico sobre tela e impresiones en plotter de gran formato:
Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un Maestro Alemán
te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro alemán su ojo es azul
él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú…

Bela Gold se detiene también en los andamios analíticos y revisa los aportes del humanismo ateo,  
las propuestas de Erich Fromm y de Emmanuel Lévinas, al igual que el posthumanismo y  
transhumanismo. Y así como el humanismo renacentista pone al hombre al centro, lo que Bela  
afirma es que, lo que hay que hacer con el humanismo radical, es colocar al hombre en relación  
con la naturaleza al centro, ya que la tecnología de nuestro mundo actual, puede conducir a quitar  
al ser humano de en medio y poner a dicha tecnología como lo central.
Para Bela el Holocausto es el tema de su obra,  pero tomado como una metáfora de todo acto que  
niega al otro como fin y le convierte en medio. Donde surge la anulación de unos para poder ser los  
otros. Y ahí está de manera evidente mencionado en el poema Piedra de sol de Octavio Paz  
cuando escribe:
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia…

Y así, ante la atrocidad de anulación de seres aparentemente incógnitos, y la necesidad de su  
recuperación, Bela afirma que no hay víctimas anónimas, todas tienen nombre, apellido, una  
herencia. Venían de alguien o algo e iban hacia alguien o algo más. Todas con su día de nacimiento,  
pero no el de su muerte. Por ello procuró conseguir como materia prima de su obra los registros,  
los nombres, las imágenes, los objetos, las firmas, los mensajes ocultos, cualquier dato para poder  
dar voz a los muertos. Y acude a documentos de archivo  que han sido los que rescata desde hace  
muchos años para su trabajo. Documentos que tienen que ver con una búsqueda de mucha  
dedicación y encaprichamiento al tratar de encontrar eso que está buscando, y que es  
exactamente, desempolvar aquello que se ha escondido de manera ex profesa para encubrir la  
culpa, o no dar un testimonio relevante sobre la culpa.
Esa es su preocupación desde el momento en que decide arremeter contra este entramado  
dramático con el que se perpetuó el mayor de los crímenes de la humanidad. Entramado que  
significó la sistematización burocrática con que los actores del Holocausto diseñaron el plan de:  
“para ser yo, he de desaparecer al otro”. Pero gracias a que estos actores fueron muy sistemáticos  
y organizados, y que no se les escapaba nada, Bela pudo, al igual que muchos de los investigadores  
del Holocausto, ir desempolvando una serie de archivos y pruebas importantes para poder  
mostrarlos a un público mayor. Sí, darlos a conocer, porque no hay peor situación que el  
ocultamiento. La memoria es obligatoria y no es posible dejarla de lado, y mucho menos en  
silencio.
¿Y cómo expresar el silencio para que deje de serlo? Para Bela, el silencio visualmente nunca está  
presente como tal. Su expresión puede ser una hoja en blanco, una hoja negra, o con todos los  
colores. Y cuando hay palabra, también hay silencio, ese que se denota con la pausa, como en la  
música. Por ello el silencio en la literatura como en lo visual, tiene el mismo significado que en la  
música. Y en el caso de sus imágenes, como ella dice, de ninguna manera son silenciosas. El  
silencio es una herramienta para romper la estigmatización y el olvido, para abrir paso a la  
memoria. El silencio como un observador lateral que en momentos se exige porque es una forma  
de incorporar elementos que son inexpresables, que no tienen forma para ser dichos a través de  
la palabra, ese silencio que puede llegar a ser un enemigo en la situación de su arte, porque eso  
que ella expresa hay que gritarlo  y no contenerlo más. Aquí es importante resaltar que de  
acuerdo con Bela el término correcto para nombrar su arte, no es llamarlo “plástico” sino “visual”,  
porque es expresado en un ámbito donde la visualidad es lo más importante y además engloba un  
mayor número de aspectos de lo que podría ser la plasticidad. Así, el lenguaje visual son la  
pintura, escultura, dibujo, grabado, fotografía, video, cine, performance, todas las variantes y  
posibilidades de mezcla de unos con otros, las mixtas, las intervenciones, por ello es más rico el  
concepto cuando se lo aborda por el lado visual que por el lado plástico.
¿Y cómo expresar un arte visual cuyo tema es el Holocausto sin que esto resulte en una postura  
política, un panfleto o con un fin proselitista?  El arte de Bela Gold tiene una identidad muy  
individualizada, un dolor muy refinado a la vez que catártico, pero de ninguna manera invasivo de  
la intimidad como cuando se expresa algo burdo u obvio. A Bela eso no le interesa. Ella trata de  
capturar todo aquello que podría pasar desapercibido, como los manuscritos, las cartas, las  
tarjetas postales censuradas, las etiquetas de viaje adheribles, los sellos, los mensajes ilícitos en  
suelas de zapato, los tatuajes sobre carnaza semejante a la piel humana, las imágenes de los  
objetos olvidados y los recuperados, y donde atrás de todo, de absolutamente todo estaba la vida.  
Por ello, su objetivo artístico es salvaguardar la memoria de la vida a través de la muerte.  
También está la selección de documentos y objetos que ejemplifican el horror, y el tratamiento  
que de ellos hace la artista para extraerles su visión estética. Y entre esta visión y el horror se  
genera un fuerte contrapunto que es el que da pertinencia para ser obra de arte. Es la belleza del  
horror tratada a través del color, la línea, el punto, el plano, el relieve, del formato de los  
materiales y sustratos de la tecnología. Y así, retener el recuerdo y desmoronar el olvido. Porque  
el tiempo actúa en contra nuestra y por ello es imprescindible acelerar la memoria, recuperarla y  
transmitirla a través del lenguaje hablado, escrito o visual. Y es en un juego, en un diálogo de  
materiales, de tecnologías, de improntas, y de reciclados, donde cada fase de su obra tiene una  
reverberación particular, al igual que viéndolas en conjunto adquieren una significación distinta.
Los materiales en la obra de Bela Gold son fundamentales ya que los sustratos son parte de su  
lenguaje visual. Como ella dice, no hay porque quedarse en la ortodoxia respecto al uso de los  
llamados materiales nobles como el papel, los pinceles o telas, el oleo o el lápiz. Afirma que todos  
los materiales son plausibles de recibir una impronta, una huella para dejar un mensaje. Lo vemos  
desde épocas muy remotas cuando se grababa sobre piedra, y además porque estas piedras nos  
dan cuenta del recuerdo de los seres que han partido. Por ello, cuando Bela inició su trabajo, le fue  
de suma importancia hacer una reconsideración de dichos materiales. Inclusive en la gráfica en la  
que siempre trata de que la representación tenga relieve, un grabado profundo con la placa y así  
lograr una obra escultórica sobre el papel. Bela ha buscado esa proximidad también con la piedra,  
porque en realidad lo que ha estado haciendo son lápidas y homenajes para los muertos.
La obra además de tener volumen tiene la sensación matérica de la madera, la piel, la grasa, la  
cantera, los materiales de construcción, las pizarras, los sellos y estos relacionados a su vez con los  
números con los que eran tatuadas las personas, los látigos, los zapatos, los bordados y dibujos de  
los niños. A fin de cuentas, la obra se trata de una relación de objetos, sí, de cosas que la gente  
usaba para poderse comunicar y a lo que Bela llama los mensajes físicos.  Y así recupera y recicla  
todo lo que tiene a la mano. En el caso de la gráfica, cada resultado es interesante y no lo quiere  
desperdiciar. Lo monta en papel y logra una  impronta dibujística que hoy en día se ha dado en  
llamar dibujo expandido, un dibujo fuera de fronteras y que no es exactamente el que marcan los  
límites del dibujo tradicional. En el caso de las maderas recicladas que ya tuvieron una vida, Bela  
consiguió maderas llenas de grasa en una panadería de la zona de Iztapalapa. La grasa para su  
expresión artística, es un elemento que juega un papel relevante. De alguna manera está  
relacionado con la obra de Joseph Beuys, quien también trajo a colación el elemento graso en sus  
trabajos, y así darle significación a la resistencia del cuerpo humano y al momento en que se  
necesita para superar la inanición y evitar la muerte. Las improntas de imágenes sobre papel con  
grasa son precisamente metáforas de la sobrevivencia. Su trabajo en piedra también tiene  
representadas las imágenes con aplicación de nuevas tecnologías para lograr una polisemia  
todavía mayor. Y ahí están sus obras a las que llama Amuletos, impresiones con fotoemulsión  
sobre cantera, otras más son  láser sobre piedra, o sus impresiones sobre
cantera con láser intervenidas con técnica mixta. Mucho de su obra la ha
llevado al concepto de libro: (Libro de la Memoria, Libro de Artista, Libro
de Piedra). Esto se debe a que los libros para Bela son los únicos objetos
que han suplantado al pergamino, aquel  documento antiguo y fidedigno al cual se recurrió para  
guardar la memoria y escribir un relato o una historia contada de boca en boca. Libros ante los  
que se declara una gran protectora, sobre todo con el advenimiento de las nuevas tecnologías y los  
temores que nos atacan con aquello de su desaparición, como el caso de Nadie acabará con los  
libros de Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, uno de los mejores ensayos sobre el porvenir del  
libro. O reminiscencias muy oscuras como la quema de los libros que hicieron los nazis en 1933,  
desapareciendo muchos libros de autores judíos y otros considerados antigermanos. O más  
recientemente la quema de libros durante los primeros días de la dictadura de Pinochet en el  
Estadio Nacional de Santiago de Chile. Actos irracionales imposibles de permitir ser repetidos.
El arte para Bela Gold es una actividad fundamentalmente intelectual, una forma de expresión y  
uso de un lenguaje diferente al escrito o hablado, pero que sin embargo dice a través del color, la  
línea y la expresión de nuevas tecnologías. Es parte de un proceso de producción de conocimiento,  
un bálsamo de justicia y una forma a veces muy sofisticada para transmitir y permitir que la  
humanidad abra los ojos ante hechos innegables, inexcusables, injustificables. Bela ha dedicado su  
vida al arte y se expresa con él desde que tiene noción de existencia. Siempre tuvo inquietudes  
intelectuales, y la faceta que más le atrajo fue la relacionada con el lenguaje que reverbera con  
improntas, y que no son otra cosa sino el reflejo de las inquietudes de su propia vida, de su  
corazón, mente y espíritu. Arte que sirve para educar, mostrar, contar. Arte que es capaz de  
enseñar a guardar, conservar y transmitir la memoria. Arte de obras únicas que no alteran el  
documento original y son reflejo del aura del ser del que estamos viendo su ausencia. Esta es una  
de las principales connotaciones que tiene su trabajo, ya que ella y su arte se ocupan de temas que  
son, históricamente hablando, relevantes para nuestra civilización. Su objetivo es difundir, dejar  
de esconder, y tratar de borrar las atrocidades que el hombre es capaz de cometer y que aun se  
ocultan bajo el polvo. Tal vez, como ella afirma, su trabajo no cambie del todo las cosas. Pero de lo  
que está segura, es que su obra aporta un granito de arena para crear conciencia, y no vuelvan a  
ocurrir con ningún pueblo prejuicios y hostilidades como el antisemitismo, el absurdo irracional  
más grande de la historia social de la humanidad.
                                                                                                                                          Andrea Montiel
                                                                                                                                                      abril 2012
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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