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Arturo Rivera y la poesía visual















No tomar consejo de la muerte es entender muy poco de la vida, vida que tomamos  
prestada para ser escuchas, discípulos, aprendices o entendedores de nuestro propio  
mundo, de sus paisajes interiores y todo lo que somos y hacemos de nosotros mismos.  
Arturo Rivera ha hecho de sí mismo, un pintor singular, sin duda aconsejado por la  
muerte, con quien ha dado vida a sus obras, indescifrables en la primera lectura y a veces  
inaprensibles aun después de haberlas recorrido largamente. Si es permitido, a Arturo  
Rivera podría hermanársele con los poetas malditos y él, con sus pinceles ser llamado:  
pintor maldito.

¿Qué ha significado la poesía en tu vida y tu pintura?

La poesía tiene muchas connotaciones, la que más conocemos es la escrita, pero también  
existe la pintura poética y en el caso de mi obra puedes dividirla en varias facetas, una de  
las cuales correspondería a esta dimensión poética. Yo he sido desde siempre un fanático  
de la poesía y de la literatura en general, incluso mis exposiciones aluden a los títulos de  
obras de escritores reconocidos. Los poetas tienen varios momentos cuando escriben y  
creo que sus metáforas les llegan algo así como de repente sin saber de dónde vienen y  
después las van afinando. El pintor también posee una especie de inspiración o de  
momento mágico y en sí mismo es como un cordón de cobre por donde pasa la  
electricidad que luego se convierte en materia y aparece la luz. Hay situaciones en las  
que al pintar pasan más de tres horas sin darse cuenta porque estás en un estado de  
trance, pero para lograr eso se necesita dominar la técnica y después viene la expresión a  
plenitud. Técnica y concepto siempre tienen que ir a la par pero mientras más dominio  
hay de la técnica, el pincel fluye mejor.

¿Cuándo empezaste a leer poesía y quiénes son tus poetas más amados?

Desde siempre, cuando muy joven, me gustaba Amado Nervo y Pablo Neruda con sus 20  
Poemas de amor y una canción desesperada que era mi libro de batalla para conquistar a  
las novias, cuya ignorancia era tal que pensaban que los poemas eran míos. Actualmente  
me gusta Hölderlin y los poetas malditos, sobre todo Verlaine y Rimbaud. .Jaime Sabines  
me encanta aunque lo he leído poco pues fui educado al estilo germano, con una forma  
de ver la vida de manera distinta y por ello mi gusto hacia lo nórdico. He leído a  
Bukowski y me parece muy interesante que de su postura escatológica, entresaque lo  
espiritual que posee el ser humano. Cuando leí a Bataille me gustó su obra La historia del  
ojo por ello tomé el título como punto de partida de mi serie de dibujos donde el ojo es el  
protagonista, el hilo conductor de todo y en ese momento me di cuenta de que yo  
necesito un hilo conductor, luego tomé Bodas del cielo y del Infierno de William Blake  
para mi exposición del Museo de Arte Moderno. En mi opinión, la pintura ha llegado a tal  
libertad, más bien libertinaje, que de repente me he preguntado ¿qué hago?...  
Antiguamente se estilaban los encargos en la pintura, la música, incluso el teatro, ahí  
están los retratos que hacía Goya o los réquiems de Mozart, pero cuando llega la  
vanguardia en pintura surge un desastre absoluto, por ello para mí es tan importante ese  
hilo conductor. Por ejemplo, en este momento, preparo una exposición que se llamará  
Paisajes íntimos, título que me inspiró un libro de ensayos que escribió mi padre cuando  
nací, y aunque mi obra nada tiene que ver con sus contenidos, lo tengo como punto de  
partida y resultará en una especie de homenaje a él.

En tu pintura siempre está presente una especie de erotismo mortuorio, ¿por qué es tan  
importante para ti esta poética del círculo vida-muerte?

He tenido mucho miedo a la muerte y por eso mi preocupación constante en ello, además  
es una cuestión de almas. Hay almas que nacen con un sentido más trágico de la  
existencia y otras más terrenales. Por ejemplo la pintura de Toledo que alude a la tierra  
tanto por los colores de su paleta como por sus formas, es definitivamente sensualista,  
aunque no deja en cierto sentido de contener la dimensión de lo trágico. En lo personal  
yo tiendo a ser depresivo, creo en lo etéreo, pero mientras más cargas tienes de la  
muerte, también más cargas sensuales de la vida posees. De pequeño me gustaba ir al  
panteón de Dolores y recoger calaveras, desde entonces tengo una colección de ellas.  
También recuerdo mis clases de disección de animales en el Colegio Alemán cuando  
estudiaba conejos, lagartijas y arañas, especialmente las llamadas capulinas y con los  
compañeros las estudiábamos "científicamente". En aquel tiempo y mi interés por la  
anatomía, yo quería ser médico, estudiar los cuerpos por dentro y descubrir sus  
misterios a la manera occidental, o sea matándolos, a diferencia del punto de vista  
oriental que más bien observa sin destruir. Por todo esto, la muerte y su poder de  
seducción es un hecho poético en mi pintura pero no necesariamente ha requerido que  
yo sea un gran lector de poesía, sino más bien lograr un lenguaje visual poético.

¿Cómo definirías tu pintura poética?

El pintor es su mundo, su existencia que poco a poco va depurando hasta llegar a la  
sencillez que es lo más difícil. Todo artista por lo general inicia la expresión de su arte de  
manera catártica hasta que va sublimando sus obsesiones. En mi caso me encantaría  
llegar a pintar un vaso con una flor y dentro de él toda la tragedia que es el mundo. Es  
un decir esto de la sencillez, pero si comparas mi obra actual con la que pinté hace años  
verás que muchos elementos ya no existen. Todo principio es un poco barroco, lleno de  
cosas puesto que hay mucho que decir. La sabiduría que nos da el tiempo y la trayectoria  
artística llena de crisis de lenguaje nos lleva cada vez a caminos menos sinuosos para  
expresar lo ya expresado. Hoy, si un cuadro no me satisface, simplemente lo borro y ya.  
También hoy tengo otras maneras de decir lo mismo, con una postura más sabia, esa  
que te da el trabajo constante y horas y horas frente al lienzo y tus pinceles. Es como la  
poesía escrita: lograr decir más con unas cuantas palabras.


                                                                                           Entrevista de Andrea Montiel
                                                                                para el Periódico de Poesía, UNAM,
                                                                                             Nueva época 18 verano 1997
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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