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                                          Algunas leyendas de la Casa de los Azulejos












     Todos hemos escuchado alguna vez una leyenda y nos hemos sentido atraídos por lo que en  
ella se narra, pues en las leyendas existe la imaginación desbordada, las tradiciones más que los  
sucesos históricos en sí mismos, y una gran cantidad de personajes que  fungen como  
protagonistas y ejercen sobre nosotros un hechizo especial.
 
     En el primer cuadro, allá sobre la Plazuela Guardiola, en la calle de Madero, tapada casi  
totalmente por el anexo del Banco de México, alcanzamos a ver la bien conocida "Casa de los  
Azulejos", actualmente ocupada por la cadena de Restaurantes Sanborns.
 
     La historia de este singular sitio se remonta al sigloXVI, tiempo en que era llamado "El Palacio  
Azul" y del cual se dudaba respecto al origen de sus azulejos del exterior. Se afirmaba que habían  
sido hechos en China y también existía la posibilidad de que fueran fabricados en Puebla en una  
alfarería de talavera de frailes dominicos en el año de 1653. De uno u otro sitio, esta casa con  
todo y azulejos encierra varias leyendas inverosímiles:
 
     Se cuenta que en el callejón que separa al edificio del anexo del banco llamado la Calle de  
Condesa, según el letrero que ahí podemos leer, permanecieron durante tres días con sus noches,  
dos nobles de gran alcurnia, solo por no quedar como
de un menor linaje uno frente al otro. Un día, durante la época de la colonia, estos dos nobles  
entraron en el callejón en sentido opuesto.  En la mitad del camino, ambos carruajes se  
detuvieron ya que no había suficiente espacio para que pasaran ambos. La solución era que  
alguno de ellos retrocediera para dejar paso al otro.  Si uno era duque y el otro archiduque, uno  
amigo del virrey y el otro más aun, ninguno se sentía con la obligación de ceder el paso al otro.  
Pasó un día y una noche llena de órdenes que se daban mutuamente: -¡retroceded!- y  todo  
seguía igual, ambos permanecieron inmóviles pasados tres días.  Fue entonces cuando la noticia  
llegó a oídos del virrey, quien se presentó en el sitio y en un abrir y cerrar de ojos ordenó a  
ambos nobles echarse para atrás de tal forma que ninguno quedara
como superior.  (Como podemos ver en aquel entonces si conocían la democracia, entre iguales,  
por supuesto).
 
     Las leyendas de la Casa de los Azulejos también son de amores y venganzas.  Cuentan que  
cuando todavía la habitaban la estirpe de los condes del Valle de Orizaba hacia 1828,  
precisamente el día 4 del mes de diciembre de ese año, se armó un motín de la Acordada, lo cual  
provoco en la ciudad un verdadero caos. Esta situación fue aprovechada por el oficial Manuel  
Palacios, quien penetró a la casa, y mientras el ex conde Don Diego Suárez de Peredo descendía  
las escalinatas para cerciorarse de que las puertas estaban bien cerradas, lo apuñaló a sangre fría  
hasta quitarle la vida. Cuando se esclareció el asesinato, se supo que las razones del sangriento  
hecho se debían a que el conde muerto se oponía a las relaciones que pretendía establecer el  
joven oficial Manuel Palacios con una bella joven de la noble familia.  Pero aquí no termina el  
drama.  El amor de estos jóvenes también fue fatal, ya que a los pocos días el oficial en cuestión  
fue condenado a muerte y ejecutado precisamente en la Plazuela Guardiola.
 
     Desde siempre la Casa de los Azulejos cambió de dueños, muchas familias de alcurnia la  
ocuparon, incluso el Jockey Club de México ocupó ese bello sitio por 12 años ya casi para finalizar  
el siglo XIX.  Fue precisamente en 1903 que se inauguró en ella la primera fuente de sodas de  
México y también una farmacia.  Es desde ese tiempo que la cadena Sanborns posee la casa.  En  
ella aun se conservan las paredes
de piedra y barandales de bronce originales, las puertas de madera tallada, los pisos alfombrados  
que ocultan la madera de que estuvieron hechos y si la visitamos, a pesar de las alfombras,  
sentiremos aun los rechinidos provocados por las pisadas.  Además, en el patio central, subiendo  
al descanso encontramos una obra del muralista mexicano José Clemente Orozco, llamada:  
"Omniciencia", la cual fue mandada a pintar por Francisco Sergio Iturbe, uno de los tantos  
dueños del Palacio Azul aun en pie a pesar del transcurrir de no pocos años.




                                      Paseando por las calles de nuestra ciudad de México

                                                                ANDREA MONTIEL

Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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