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ÁNGELA GURRÍA  y la poesía visual
 













Para Ángela Gurría esculpir significa ejercer su libertad a plenitud y un “artista”, en  
su opinión, es aquel ser libre que trabaja absolutamente ligado a la poesía y en el  
caso de un verdadero escultor, una pieza siempre resultará con esa línea finísima  
que remite al momento poético.

¿Cuál es la relación de la poesía con tu escultura?

La poesía ha estado en mi vida siempre, y  mi casa era una inmensa biblioteca donde  
crecí rodeada de libros. Mi padre era romancero y le gustaba leernos en voz alta a los  
poetas mexicanos. Desde la entonación que daba a su voz, yo podía reconocer los  
versos de Díaz Mirón, Amado Nervo o Gutiérrez Nájera. Este ambiente me llevó a  
estudiar letras españolas y aprender cuando la poesía es realmente poesía sin  
importar los temas.  Lo que más me impacta de ella son las imágenes, por eso la  
primera obra gráfica que realicé en serigrafía es un homenaje a mi concepto de  
“poeta” y la llamé  La mesa del poeta:  una mesa, y sobre ella un libro, una copa de  
vino y un pequeño cuadro de una mujer desnuda.  Sin embargo, en la escultura  
entran otros conceptos distintos, aunque similares a la poesía.  Esculpir es dar forma  
con las manos, así frente a una piedra sé que puedo lograr con ella y trato de  
lastimarla lo menos posible, respetando sus dimensiones y extrayendo de ella eso  
misterioso que después convierto en obra. Así, muda y sin palabras, transmito mi  
poesía a propósito de las formas.

¿Quiénes son tus poetas más amados?

Entre los grandes, Rubén Bonifaz Nuño, poeta íntimo, doloroso y cruel consigo mismo,  
que escribe textos perfectos e imágenes limpias que vislumbran en muchos de sus  
versos una relación profunda con lo femenino.  Sabines me encanta, porque entra de  
manera directa y humana a tu corazón.  A Octavio Paz lo consideraba un magnífico  
ensayista, hasta que comencé a leer su poesía que me sorprendió rotundamente.   
Admiro a José Emilio Pacheco, y de manera especial a Ramón López Velarde, pues  
cada vez que releo sus poemas, se abren ante mí nuevas puertas que me llevan a  
recorrer caminos distintos.  En sus palabras siempre se asoma el misterio, el secreto,  
y eso me atrae muchísimo.¿En cuál de los materiales que esculpes encuentras más  
la presencia de la poesía?Siempre he considerado que existe una diferencia en lo que  
es diseño y lo que es la escultura, es decir, ese producto que estamos acostumbrados  
a ver y tocar.  Tocar, mirar y poner en marcha todos los sentidos nos lleva a la  
sensualidad, y esta sensualidad sin duda a la poesía.  Por ello pienso que una de las  
piedras que más se antoja tocar es el mármol y cuando es pulido es irresistible pues  
ante él todos los sentidos del cuerpo necesitan recrearse y así le damos gusto a las  
manos, a los ojos y de ahí a toda nuestra sensibilidad.  La escultura, diría yo, es tanto  
para videntes como invidentes porque sale de las manos y es para las manos.  Esos  
museos donde no te permiten tocar las esculturas que exponen me angustian porque  
¿quién resiste la tentación de la caricia? Cuando se trata del hierro, es distinto. Yo lo  
he trabajado en grandes proporciones y alturas considerables, y es difícil que invite a  
ser tocado.  El mismo caso es el del cristal o la obsidiana que muchas veces resulta  
agresivo porque te puedes cortar . Por ello, cuando experimento una situación  
angustiosa suelo defenderme y es entonces cuando me expreso a través del hierro o  
del cristal. En estos momentos la poesía, habita los sentimientos que vivo.

¿Cómo definirías a la poesía contenida en tus esculturas?Emoción, vivencia y  
expresión van de la mano.  Nadie que sea conciente puede ignorar el problema que  
actualmente vive Chiapas.  Esos hechos, me afectan, hechos que en sí mismos aunque  
dolorosos, son poesía.  De ellos surge en mí una reacción que no resisto y los tomo  
como algo mío y por eso en los últimos tiempos esculpo el tema de la muerte, mis  
Tzompantlis, esa muerte que siempre acecha, mármoles que toman formas de  
jaguares y perros y esta patria nuestra que nos obliga a dirigir la mirada hacia las  
etnias que protestan, y su necesidad de que los demás escuchemos.  Por eso surge el  
poeta-líder que es Marcos, un producto nacional, un ser idealista y utópico por  
excelencia quien, sin embargo, utiliza todos los medios modernos de comunicación a  
su alcance arriesgándolo todo para salvar algo. Los artistas no podemos estar ajenos a  
estos hechos, y nuestro trabajo debe colaborar de alguna forma a esta protesta.

Yo siempre he pensado que la poesía es el arte mayor del ser humano, de su vida y  
del conjunto social al que pertenece, y si alguien me preguntara:  ¿qué harías tú con el  
gobierno de tu país?, yo lo formaría con un poeta en cada secretaría de estado, poetas  
con esa chispa y esa visión del mundo de la que sólo son capaces ellos.  Porque los  
poetas poseen el misterio de las palabras que siempre serán recordadas.


                                                                                       Entrevista de Andrea Montiel
                                                                           para el Periódico de Poesía, UNAM,
                                                                                            Nueva época 15 otoño 1996
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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