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ALEX SLUCKI:   Rumbo de espejos

Siempre quise tener hermanos y aunque no los tuve de sangre por algún accidente de la historia, los tengo por voluntad, y generalmente son aquellos seres que conmigo se atreven a compartir ruidos iguales. Este es el caso de mi hermano pequeño, de edad mas no de estatura humana, Alex Slucki.

     Hace ya casi una década que entre ruidos poéticos, narraciones y sentencias comenzó nuestra hermandad.  Alex, desde entonces, ya era un buscador de estrellas un "Star Reacher", como tituló su primer libro en el que confesaba sus miedos a muchas cosas, incluso a sí mismo; deseaba un mundo mejor que fuera habitado sin mentiras; ante si ubicaba puertas para encontrar caminos, y se preguntaba, siempre se preguntaba los por qué de muchas cosas.

     Hoy a la distancia de diez años, Alex ha puesto su segundo libro "Rumbo de Espejos" en mis manos y después de haberlo leído con los ojos y con el corazón al mismo tiempo, sobre todo me sorprende una cosa: Cómo es posible que en la vida se vivan tantas muertes y después renacimientos desde tan temprana edad. Alex, con sus versos, así lo refleja en las dos partes que conforman este libro, en los dos espejos de su mismo rostro pero de realidades distintas.

     Mirarse en un espejo por largo tiempo no es fácil, uno termina por cerrar los ojos o huir de la propia imagen reflejada, seguramente muchos de nosotros lo hemos experimentado, y como dice el poeta argentino Jorge Luis Borges en algunos de los versos de su poema titulado precisamente "Los Espejos"
:

Yo que sentí el horror de los espejos
No sólo ante el cristal impenetrable
Donde acaba y empieza inhabitable
un imposible espacio de reflejos

Espejos de metal, enmascarado
Espejo de caoba que en la bruma
De su rojo crepúsculo disfuma
Ese rostro que mira y es mirado

Dios ha creado las noches que se arman
De sueños y las formas del espejo
Para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman. 

     Así Alex Slucki se para frente a su primer espejo, le sonríe y conversa y siente el reproche en su reflejo. Siente que la realidad es la realidad de los otros, aquellos que viven afuera de él y nos dice:

Mi presencia
tiene olor a fantasía
mis intentos de vivir son mal invento…
…y me duele la existencia
tantas tardes
que he dejado de contarlas…

     Y "La realidad es otra", afirma acudiendo de nuevo a las puertas, a eso que simboliza el lugar de paso entre dos estados, entre dos mundos, entre la luz y las tinieblas, y ayudado por las palabras a las que califica de "moscas tristes" que zumban y revolotean a su alrededor, desquicia la hoja en blanco y repite sus
preguntas de siempre: ¿Cómo consagrarse a la ternura?, ¿Cómo entregarse y ser sombra de otra sombra?, ¿Cómo ser en la ceguera de su cuerpo? 

     Para Alex, "La poesía es piel reseca de tristeza", y la compara con una telaraña que me hace pensar en una urdimbre maravillosa de círculos concéntricos, en esa trama que encierra la emanación de todo lo que se es, pues de ella todo sale y a ella
todo se reintegra. Asi en su recorrido de palabras por el Primer Espejo, Alex ara la tierra exhausta, soporta que los insectos-poema lo devoren hasta renacer de nuevo y quiere, "A pesar de todo", ser, ir desnudo y errante hacia el rescate de lo mejor de su memoria.

     En el segundo, El Nuevo Espejo, su rostro se transforma y los poemas resuenan de manera distinta. Otro ánimo vive en esta segunda parte del libro. Surge el amor en su afán de inocencia y virginidad como lo manifiestan los versos del siguiente poema realmente logrado:

Temprano amor
de niño
en vientre
de carbón
olor a mina
a fresca tierra milenaria
nadie lo toque
nadie pula su inocencia.

Quiero un amor
que sepa a sal de cueva intacta.

     Y es el amor de hermano el que aparece también acompañado de un dolor intrínseco que pide el rescate de la pureza entorpecida y el perdón de las histerias; aparece la aurora y con ella la locura gozosa de un despertar a la luz reencontrada, a eso llamado esperanza y que Alex confunde con el agua y el viento y así nos
dice:

… busco mi propia transparencia,
en un perpetuo ambular
entre paisajes
como el agua
como el viento
deseo ser presagio
de una verdad cristalizada…

     Y al fin confiesa su pasión que vive encerrada en una cueva, en la tiniebla, invernando, deseando salir y a gritos expresarse, y se despide de sí mismo, de aquel primer espejo limitante, de la tierra engañosa, y con voces alternadas se habla, se dice adiós y se advierte: habrás de cosechar/nuevas estrellas …

     Es de "Barro", su último poema de este libro, de la materia primordial y fecunda de donde el hombre fue sacado según la tradición bíblica, mezcla de tierra y agua, barro que une lo receptivo con el principio del cambio y la transformación.

     Mi hermano Alex es el mismo pero distinto de aquel niño que conocí hace tiempo, mi hermano es un poeta con el que comparto gozosamente esta complicidad de la palabra que hoy nos brinda en su bello libro "Rumbo de Espejos".

                                                                                                                     Andrea Montiel

                                                                                        (Palabras en la presentación del libro
                                                                                                                            marzo 4, 1994)

Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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