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ABEL EISENBERG:
para quien la música es la escalera que más cerca le conduce a Dios

Para mucha gente reconocer su verdadera vocación es muy difícil. Para Abel Eisenberg nunca lo fue. Desde siempre, desde que era niño, se reconoció como músico. Esto no fue casual, sino que hubo un sinnúmero de causas debidas al ambiente que respiraba en su hogar: la música constantemente presente a través de su padre, quien durante varios años fue jazan de una pequeña sinagoga que se improvisaba en una amplia casa particular para festejar las festividades de Rosh Hashana, Yom Kipur y cantar la famosa oración del Kol Nidrei.

   Abel nos cuenta que en uno de esos días en los que se escuchaba en su casa la ópera Tosca, se sintió profundamente impresionado por la voz de Caruso, que estaba siendo reproducida por medio de uno de esos bellos y antiquísimos gramófonos. En aquella ocasión, interpretaba de manera esplendida el aria “E lucevan l'estelle" del Mario Cavaradossi.  Durante su infancia, muchas experiencias como estas se fueron sumando orillándolo a cantar, (lo cual hacía muy bien a pesar de su corta edad, según él mismo dice) y más que nada llegar a ser violinista. Como podemos ver, con el paso del tiempo, lo logró.

     Y no solo logró ser ejecutante de este difícil instrumento, sino que obtuvo varios títulos como músico de carrera en el piano, en la viola, la dirección de orquesta, la composición y la pedagogía. Cinco títulos profesionales adornan su largo currículo de estudios y preparación musical, y 30 años de docencia en el Conservatorio Nacional de Música, institución en la cual obtuvo la mayoría de sus conocimientos.

     A la escasa edad de 8 años y a pesar de las negativas de su padre quien se resistía a que su hijo fuera músico, empezó a estudiar el violín bajo la tutela del Maestro Oseguera, después con el maestro Luis Guzmán, hasta que al fin a los 12 ingresa, a instancias de estos profesores, al Conservatorio. Aquí recuerda con gran aprecio a su maestro de piano Luis Saloma y al maestro Francisco Agea, con quienes terminó su carrera de pianista. Recuerda también al Sr. Tello, quien fuera su maestro de composición, y nada menos que a Silvestre Revueltas, el gran músico mexicano con el que compartió múltiples experiencias y a quien admira de manera rotunda. Fue Silvestre Revueltas el primero en guiarlo en el campo de la dirección de orquesta, y no tardó mucho en aprovechar sus enseñanzas, ya que a sus 18 adolescentes años, el propio Revueltas lo impulsó para presentarse como director al frente de una orquesta.

     En relación con la viola, la "mezzosoprano de los instrumentos de cuerda", Abel nos cuenta una anécdota muy simpática.  Un día estando en el Conservatorio, llegó a sus manos una convocatoria para aquellos ejecutantes de violín los cuales tendrían que presentarse a concurso para obtener una plaza dentro de la Sinfónica Nacional.  Abel se presentó y ganó.  El maestro Carlos Chávez, que en aquella época estaba al frente de la orquesta, habló con Abel y le dijo que lo que se requería no eran violinistas sino violistas. Abel le discutió que la convocatoria había sido para ejecutantes de violín, Chávez le contrargumentó que violas, en fin, Abel aun con todo su enojo de por medio después de esta confusión, consiguió una viola, la observó, la practicó intensamente durante una semana y decidió volverse a presentar a concurso para obtener la plaza ofrecida en la orquesta.  De nuevo ganó el concurso y así se integró como un miembro más a la Orquesta Sinfónica Nacional. Ante esto, con el acostumbrado buen humor que lo caracteriza, Abel comenta: "fue así gracias a Chávez, como me convertí además de violinista en violador profesional titulado".

      Como violista (y violador como él dice), fundó el Cuarteto de México, colaborando en varios conciertos con el mundialmente conocido "Cuarteto Lener".  Otra de las experiencias dignas de mención fue que en el año de 1944 tuvo la oportunidad, por su talento y conocimientos, de sustituir a Leopold Stokowski en la dirección de un concierto en el Palacio de las Bellas Artes en México.  Esto le sirvió como puente, y fue contratado para dirigir en ese mismo año el ballet ruso y varios conciertos más con la Filarmónica de México.

      La labor musical de Abel Eisenberg no solo se circunscribe a nuestro país, sino que durante varios años fue invitado por la Filarmónica de La Habana para ocupar la plaza de la primera viola, además dirigir y ser incluso subdirector de esta orquesta. Dio conciertos con el eminente pianista de muchos conocido: Arthur Rubinstein, y fue dirigido por Erich Kleiber.  Se le contrató también para realizar la reorganización de la Orquesta Sinfónica Nacional de Santo Domingo y fue su director titular durante cinco años, fundando además el coro universitario e impartiendo la cátedra de apreciación musical en la universidad de este país.

      Abel ha sido incansable, actuó para la televisión mexicana, allá cuando televisa era todavía "Televicentro" más o menos por el año de 1958 y obtuvo el premio "Teponaxtli"por su programa musical que ahí se transmitía. En ese mismo año fue nombrado director titular de la Orquesta de la Ópera de Bellas Artes de la Ciudad de México. Después fue director titular de la Orquesta Sinfónica de Guadalajara y del Conservatorio de Música de la universidad de esta bella ciudad tapatía.  En enero de 1961 dirigió en Israel, dando a conocer música mexicana a través de la Orquesta de la Radio del Estado "Kol Israel". Viajó a Francia, fue titular de la Orquesta Sinfónica de Petróleos Mexicanos y de la Camerata de Pemex.  Entre los reconocimientos con los que ha sido distinguido en México están: el Premio de la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música y la "Lira de oro", homenaje del Sindicato Único de Trabajadores de la Música del D.F.

      Abel Eisenberg no se contenta con ser músico, también le hace un poco al escritor y cuenta con tres libros publicados: “El diario íntimo de un músico"; "Entre músicos te veas" y "Entre violas y violines".  En estos textos, Abel vierte gran número de experiencias y pasajes de su vida, así como sus apreciaciones acerca de lo que para él es el arte supremo: la música, "esa escalera que más cerca le conduce a Dios", y nos dice orgulloso de lo que ha logrado y vivido: “tengo 73 años y gracias a la música me siento de 37".

      Además del sentido del humor muy pero muy especial, Abel posee un corazón lleno de inquietudes que hoy en día necesita satisfacer, lo cual no duda y está en camino de hacerlo. Ahora que obtuvo su jubilación y cuenta con más tiempo que antes, (ya que antes ese tiempo lo dedicaba con ahínco a la enseñanza), se está acercando de nuevo a la composición y ha regresado a la dirección de orquesta.  Nada menos el 17 de enero, en la sala de conciertos Netzahualcóyotl del conjunto universitario cultural de la UNAM, se llevó a cabo un homenaje-concierto conmemorativo a su maestro Silvestre Revueltas, concierto dirigido por el propio Abel y durante el cual presento dos obras suyas: "Elegía a Silvestre Revueltas, introducción al Dibuk", la cual tenía compuesta desde el año 1917 y concluyó en 1990 precisamente para esta ocasión, obra con temas religiosos hasídicos, y sus "Dos bocetos de música íntima" también escrita hace varios años (1937) y concluida para este concierto.

      Abel Eisenberg ha revivido como músico y espera demostrarlo a su público.  Entre sus planes futuros está formar la Camerata de la  Casa de Cultura de Torreón, para lo cual ha sido invitado por el Instituto de Bellas Artes del estado y proseguir componiendo, ya que la composición musical va a ser parte de su vida "hasta que Dios me dé el último aliento". Entre las últimas palabras que nos dirigió en esta entrevista, estuvo un carioso saludo y felicitaciones para la revista Foro, Jacobo Contente y sus colaboradores ya que considera que esta es una de las revistas más bellas que circulan actualmente, y no solo eso, tambien con la mayor calidad en información y contenidos.  Gracias a Abel por sus palabras y el mejor de los éxitos en sus planes futuros.



                                                                                                Texto de Andrea Montiel
                                                                                                                         publicado en
                                                               Revista Foro de la vida judía en el mundo
                                                                                                                  1990-1991 VOL 2
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
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