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                                               AARÓN CRUZ:     Interiores

 











Lo que está muy dentro en las habitaciones que no tienen vista a la calle, pero que tal  
vez quienes las ocupan de ella provienen, lo que sólo se siente en la conciencia, en lo  
más profundo de uno mismo, en los interiores de nuestro ser, es lo que vive y toma  
vida en la pintura de Aarón Cruz.

     En sus cuadros aparecen figuras intentando el diálogo a través del encuentro, pero  
en realidad lo que proyectan es el desencuentro. Figuras a manera de imágenes  
surgidas del pensamiento que están dentro del lienzo y al mismo tiempo fuera de él.  
Cuerpos de mujeres desnudas acompañadas de hombres perfectamente trajeados, en  
el interior de un espacio íntimo, de una alcoba donde se sueña, se espera, se despide a  
alguien, o se está a punto de llevar a cabo el amor. Espacios a puertas y ventanas  
cerradas, adentro de los que confluyen mobiliarios y objetos cotidianos, lo conocido y  
lo desconocido, la abundancia y la necesidad, la luz y la oscuridad, la compañía y las  
eternas soledades.
     En toda la obra de Aarón Cruz está presente la monocromía y la especial presencia  
de los grises, de ese color de la ceniza, de la niebla y la melancolía, el gris del disimulo  
y del aburrimiento. Y es con estos grises que logra la ambientación de esa porción de  
ciudad que en cada uno de sus cuadros habita, de esos personajes citadinos,  
asfálticos, desposeídos y víctimas del sufrimiento que toman presencia en sus óleos,  
acuarelas, dibujos y grabados.   Pero el color se trasforma y fluctúa entre naranjas y  
azules, verdes y amarillos grises y rojos, las tendencias cálidas y el polo de lo frío.
     Los interiores de Aarón Cruz revelan la identificación del hombre con una materia  
perecedera, una necesidad de asimilación del ser a su imagen, por ello la presencia de  
maniquíes, de vestuarios colgando de ganchos pero vacíos de cuerpos que los animen,  
o de cuerpos y disfraces flotando en el espacio como si estuvieran siendo arrojados  
hacia algún sitio incierto. También está la negación a ver caminos, el ocultamiento del  
rostro, o la necesidad de protección del mundo externo.
     Así, el apoyo a quien tiene dificultad para recorrer esos caminos, la ayuda para  
avanzar a pesar del tullimiento, la guía para aquellos con paso vacilante, son otros de  
los elementos en los que insiste y de ahí la presencia de muletas, zancos y escalinatas,  
todos símbolos de voluntad y de esperanza. Y entre todos estos elementos: las cajas,  
las que encierran y separan del mundo lo que es precioso, frágil o temible, cajas que  
al mismo tiempo protegen y ahogan, a fin de cuentas el encierro y el miedo a estar  
afuera de uno mismo.

En toda su trayectoria los interiores de Aarón Cruz revelan una especie de  
identificación del hombre con una materia perecedera, una necesidad de asimilación  
del ser a su imagen, por ello la presencia de maniquíes, de vestuarios colgando de  
ganchos pero vacíos de cuerpos que los animen, o de cuerpos y disfraces flotando en  
el espacio como si estuvieran siendo arrojados hacia algún sitio incierto.  También  
está la negación a ver caminos, el ocultamiento del rostro, o la necesidad de  
protección del mundo externo.
 
Para Aarón Cruz ha escrito Luis Cepeda diciendo: “Hospedado en una atmosfera ante  
el tiempo sin tiempo, está el hombre, todo el trajín en su mente.  Con precisa  
imprecisión, los objetos cotidianos gobiernan su pensamiento. Fanáticos de humildad,  
parecen repudiar su condición de prolongaciones humanas. Desde sus brillos gélidos y  
sus dóciles opacidades edifican una rebelión pasiva, de secuencias turbadoras, con esa  
estética fuera de concierto con que los objetos manifiestan su descontento. Acaso el  
hombre tampoco este conforme..."
 


De esta forma, el apoyo a quien tiene dificultad para recorrer caminos, la ayuda para  
avanzar a pesar del tullimiento, la guía para aquellos con paso vacilante, son otros de  
los elementos en los que insiste y de ahí la presencia de muletas, zancos y escalinatas,  
todos símbolos de voluntad y de esperanza.  Y entre todos estos elementos: las cajas,  
cajas que encierran y separan del mundo lo que es precioso, frágil o temible, cajas  
que al mismo tiempo protegen y ahogan, a fin de cuentas el encierro y el miedo a  
estará fuera de uno mismo.
 













Aarón Cruz capta todo en su esencia, en la parte que implica siempre la interioridad,  
por ello su mundo plástico es ese mundo de objetos, atmósferas e imágenes, así como  
de esos espacios que por momentos todos habitamos en nuestra soledad y sin que  
nadie nos mire, sino solo esos objetos que nos rodean y acompañan.   Sus espacios  
también se encuentran plagados de recuerdos, sueños, voces internas y gritos  
contenidos. 
 
    Para Aarón Cruz es adentro, en los interiores, en donde están las respuestas, y en  
el ojo de la conciencia por el cual podemos llegar a darnos cuenta de esto que se vive  
y que es la vida, es una especie de circo, el lugar destinado para llevar a cabo el  
espectáculo del mundo.
                                                                                                                   Andrea Montiel

                                                                                                           Texto para su exposición  
                                                                                                     de pintura, dibujo y grabado  
                                                                                                      Galería Metropolitana 1989
                                                                                                        y el programa de Televisa:  
                                                                                           Serie: Creadores de la Forma 1990
Andrea Montiel Rimoch
Andrea Montiel Rimoch
Taller Tinta Libre
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